Columna | La desidia del diputado Ossandón: Entre la seguridad y el populismo

La competencia está desatada en los parlamentarios de la región de Antofagasta: ¿Quién liderará las menciones en el ámbito de seguridad en los medios de comunicación y las redes en internet? Sebastián Videla inició su performance con su propia zanja al término de la administración pasada, lo que dio comienzo a la batalla por darle rostro a la lucha contra la inseguridad y a la migración irregular.

No quedándose atrás, el diputado Fabián Osssandón, recientemente asumido en funciones, propuso junto a otros parlamentarios de su partido “evaluar” la instalación en la frontera de minas “antitanques”, con el objetivo de poner freno al paso de extranjeros por pasos no habilitados. Lo interesante de la propuesta, plenamente acorde a los tiempos actuales, es el por qué se habla de minas antitanques como medio disuasorio del paso de personas, y no de minas antipersonales.

Precisamente el Estado de Chile, en la administración del ex Presidente Sebastián Piñera, culminó las labores de desminado humanitario destruyendo más de 150.000 minas, liberando más de 27 millones de metros cuadrados. Ese hito ocurrido en el año 2020, dio cumplimiento a las disposiciones de la Convención de Ottawa, compromiso suscrito en el año 1997.

En su momento el ex Canciller Teodoro Ribera declaró: “Chile es un país con vocación de paz y es en ese contexto que hace más de 20 años asumimos el compromiso de desminar nuestro territorio. Hoy debemos sentirnos orgullosos, ya que Chile cumple con lo que acuerda y hoy nuestro país es más seguro”. (https://www.minrel.gob.cl/minrel/sala-de-prensa/chile-concluye-exitosamente-labores-de-desminado-humanitario ).

El propio Senado en proyecto de acuerdo de 02-08-2011 había solicitado al Presidente Piñera en su primera administración que se considerara en la ley de presupuesto los recursos necesarios para cumplir el compromiso internacional y el envío de un proyecto de ley para apoyar y asistir a las víctimas de minas antipersonales por parte del Estado. Dicho acuerdo fue apoyado transversalmente por senadores de la mayoría de los partidos políticos que integraban la cámara alta. La instalación de dichas minas inició en el año 1978, en un contexto de tensiones y posibilidad de guerra con Argentina y otros países fronterizos, donde además se perseguía a compatriotas en el marco de la doctrina de seguridad nacional y el terrorismo de Estado.

Con todo el panorama convulso que se está dando en el mundo, producto de las guerras y escaramuzas desatadas en varias partes del globo, cabe preguntarse si el diputado Ossandón tiene noción de las implicancias de retroceder en un logro civilizatorio de nuestro país tan importante, no solamente para Chile, sino para la estabilidad y la paz regional en América Latina, una de las pocas zonas no involucradas en conflictos (al menos entre Estados).

Se entiende el carácter novel del parlamentario, no obstante, como diputado tiene el deber de estar informado al momento de legislar y de proponer iniciativas, para lo cual el Estado le proporciona el estipendio y los gastos por asesorías necesarios para desarrollar su labor. De hecho, la ley 21.021 de 2017 establece reparación y asistencia en rehabilitación a las víctimas de explosión de minas u otros artefactos explosivos. Si uno revisa la normativa, no establece que aquel beneficio sea exclusivo para connacionales, y el monto máximo de reparación asciende a 900 unidades de fomento.

Siendo el diputado Ossandón de formación inicial ingeniero civil, llama la atención que proponga soluciones simples a situaciones complejas, teniendo en cuenta que en su área académica se trabaja para dar solución a problemas difíciles, integrando la seguridad, la funcionalidad y la sostenibilidad. En su desempeño privado y como ex Consejero Regional, más allá de las posiciones ideológicas, demostró un trabajo técnico y responsable, por lo que existe la sana expectativa de que pueda aportar a darle un aire renovado a un parlamento tan desprestigiado como el nuestro, sin dejarse llevar por la deriva performática y vacía de contenido de muchos representantes elegidos y designados.

El proponer iniciativas inviables y que deriven en el daño y la muerte de personas no solamente de por si es carente de humanismo universal, sino que también nos retrotrae a contextos oscuros, y baja el nivel del debate público respecto a soluciones a los problemas que nos aquejan como sociedad. Al generar expectativas, las personas esperan con optimismo cambios, pero luego se decepcionan cuando no es posible llevarlos a cabo, y con ello llega la apatía y el malestar social. Los representantes de la ciudadanía deben liderar de manera ejemplar, no ser voceros de los comentarios en redes ni corromperse por el ego y la figuración, sólo de aquella forma pueden servirnos y no servirse de su cargo.

Por Gabriel Foppiano Lozano

Gabriel Foppiano Lozano es profesor de Historia y Geografía.