Trabajar no alcanza: La otra cara del Día del Trabajador en Antofagasta

Hay una idea que se repite cada primero de mayo. Que el trabajo dignifica, que el esfuerzo tiene recompensas. Que levantarse temprano, cumplir horarios y sostener una rutina es, de alguna forma, garantía de estabilidad. Pero en Antofagasta -una de las regiones que más riqueza genera en el país- esa promesa hace rato dejó de cumplirse para muchos.

Hay familias en las cuales se trabaja todos los días, no faltan ingresos, pero sí certezas. Donde el sueldo alcanza para sobrevivir, pero no para proyectarse. Y ahí es donde la promesa del trabajo empieza a desdibujarse.

Altas cifras de ocupación, pero con brechas persistentes

Según el Boletín de Empleo Regional del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) (2024), la tasa de ocupación en la región de Antofagasta bordea el 60%, posicionándose entre las más altas a nivel nacional. A simple vista, podría leerse como una señal positiva, sin embargo, esa cifra convive con otra realidad menos visible.

De acuerdo con el Boletín Regional: Personas con Discapacidad y Mercado Laboral en Antofagasta, iniciativa impulsada por el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE, 2023), cerca de un 20% de las personas ocupadas en la localidad se encuentra en condiciones de informalidad. Es decir, miles de trabajadores sin contrato, sin seguridad social y sin una red mínima de protección.

El alto costo de vivir en la región

A esto se suma una tensión cotidiana. Según la encuesta suplementaria de ingresos del INE (2023), los ingresos laborales promedio en la región se ubican entre los más altos del país. Aún así, informes sobre acceso a la vivienda y costo de vida elaborados por la Cámara Chilena de la Construcción (2023-2024) advierten que ciudades como Antofagasta presentan uno de los mercados más caros en arriendos y servicios básicos. El resultado es evidente: ganar más no necesariamente significa vivir mejor.

En este contexto, el Día del Trabajador deja de ser solo una conmemoración. Se transforma en una pregunta incómoda: ¿Qué significa realmente trabajar en Chile hoy? ¿Y para quién está funcionando ese modelo?

Parte de la respuesta se centra en las decisiones económicas recientes. Durante las últimas semanas, el gobierno actual ha impulsado una agenda que combina rebajas tributarias con un ajuste del gasto público. Según el reportaje “Kast busca contener el gasto público…” publicado por “El País” (2026), el ajuste proyectado alcanzaría los 6 mil millones de dólares e impactaría a más de 200 programas públicos, incluyendo áreas sensibles para la población.

El debate no es menor, porque mientras se proyecta dinamizar la economía, también se tensiona la capacidad del Estado para sostener apoyos sociales en un contexto donde el trabajo ya no garantiza estabilidad.

En regiones como Antofagasta, esa contradicción se vuelve aún más evidente. Se produce riqueza a gran escala, pero sus efectos no siempre se traducen en bienestar para quienes la generan.

Por eso, este 1 de mayo no es solo una fecha simbólica, es un recordatorio de que el empleo, por sí solo, no basta. De que las cifras pueden mostrar crecimiento mientras la calidad de vida se estanca y de que detrás de cada indicador hay personas que sostienen el sistema, muchas veces sin garantías.

Por Matias Recabarren

Periodista, Lic. en Ciencias de la Comunicación, UCN.