Cada 26 de abril se conmemora el Día Internacional de la Visibilidad Lésbica, una instancia en la que distintas voces destacan la importancia de visibilizar experiencias diversas en un contexto donde, pese a avances en el reconocimiento, aún persisten desafíos en materia de respeto e inclusión.
La fecha fue instaurada en 2008 por activistas españoles de la FELGTB (Federación LGBTI+), con el objetivo de visibilizar identidades históricamente excluidas y cuestionar la discriminación. En Chile, esta conmemoración convive con el 9 de julio, día que recuerda a Mónica Briones, asesinada en 1984 durante la dictadura, en el primer caso de lesbicidio documentado en el país, lo que configura un enfoque que combina visibilización global y memoria local.
Discriminación en la vida cotidiana
Actualmente, la conmemoración adquiere relevancia en un escenario donde la discriminación hacia personas de la diversidad sexual continúa presente. De acuerdo con la Encuesta Web Diversidades del INE (2026), un 85,4% de las personas participantes declaró haber sido discriminadas y un 74,2% sufrió violencia psicológica o verbal, lo que evidencia brechas persistentes en la vida cotidiana.
Estas dinámicas no solo se expresan en espacios públicos, sino también en entornos cotidianos. Una estudiante de Educación en Antofagasta relató que, por experiencias previas, ha optado por ocultar su orientación sexual y su pareja en espacios formativos por temor a prejuicios y estigmatización, una decisión que, según explicó, responde al impacto de estos contextos en su vida diaria.
“Me da terror que piensen que por ser lesbiana soy una enferma o que puedo hacerle algo a un niño. Por eso prefiero no decirlo”, comentó en conversación con Diario Regionalista, agregando que estas reacciones reflejan aprendizajes sociales presentes desde edades tempranas.
El valor de la visibilidad
A partir de estos testimonios, distintas voces coinciden en que la visibilidad cumple un rol clave en los procesos de aceptación y en la construcción de entornos más seguros. Señalan que el acceso a referentes, la presencia en distintos espacios y la posibilidad de reconocerse en otras experiencias contribuyen a disminuir la sensación de aislamiento.
Asimismo, advierten que aún existen prejuicios y desinformación arraigados, incluyendo la hipersexualización de las mujeres lesbianas, lo que refuerza estereotipos, dificultando su reconocimiento en espacios cotidianos. En este sentido, plantean la necesidad de avanzar en mayor educación, además de la normalización de la diversidad para favorecer el respeto y la comprensión social.
Desde una perspectiva más amplia, la psicóloga, educadora y artista menstrual Gabriela plantea que estas experiencias responden también a una dimensión estructural. “Esta visibilidad constituye un ejercicio del derecho a aparecer y una demanda por una vida que rompa con la biopolítica de la norma. Existe una violencia estructural que opera de manera diferencial sobre quienes habitamos una cuerpa disidente”, afirmó.
En ese sentido, las voces consultadas coinciden en que no se limita a una fecha conmemorativa, sino que se configura como una necesidad permanente de reconocimiento, respeto y condiciones de vida libres de discriminación.

