Por Débora Fernández Cárcamo

Cada septiembre, Chile se mira al espejo de su historia. Primero viene el duelo por el golpe cívico-militar y la fractura de la democracia. Enseguida, las fiestas patrias que con su alegría evocan la independencia de la Colonia española. Pero el relato nacional vuelve, una y otra vez, sobre las voces ya reconocidas y las heridas ya legitimadas. La memoria, sin embargo, se resiste a esa clausura. No es un archivo inmóvil ni una ceremonia ritual que se repite de manera idéntica, es un territorio vivo donde se juega el sentido de lo que nos constituye como país. Pensarla significa preguntarnos qué vidas merecen ser lloradas, qué violencias se vuelven visibles y cuáles continúan fuera del campo de lo decible.

La investigación que hemos llevado a cabo en los últimos meses desde CERES surge de una voluntad de reconocimiento, de nombrar y dignificar vidas que durante décadas fueron relegadas al silencio. Bajo la dictadura, las mujeres trans vivieron una doble persecución: la violencia cotidiana de un país que criminalizaba su identidad y una represión política-sexual metódica, omitida incluso por las memorias más reconocidas de la defensa de los derechos humanos. Detenciones arbitrarias, prácticas “correctivas”, hostigamiento policial y estigmatización pública formaron parte de un entramado de control que buscaba disciplinar los cuerpos e identidades disidentes. Las mujeres trans, muchas de ellas racializadas y provenientes de territorios periféricos, padecieron el oprobio de un ensañamiento particular que unía discriminación de género, de clase y de origen social. No se trató de episodios aislados, sino de una política implícita de exclusión.

Este estudio, realizado en conjunto con comunidades y sobrevivientes, demuestra que la violencia político-sexual contra las personas trans* fue parte constitutiva del proyecto autoritario. No hablamos solo de agresiones físicas: se intentó borrar sus memorias, impedir la transmisión de su historia, negar su lugar en la verdad oficial. Esa exclusión persiste cuando los nombres de las víctimas trans* no aparecen en los listados de detenidas y detenidos desaparecidos, cuando sus relatos se quedan en la intimidad de las comunidades y no en los archivos del Estado.

Frente a ese borramiento, las propias comunidades han tejido su memoria. Las sobrevivientes de la Agrupación Trans Liberación Arcoíris de Antofagasta, protagonistas de este proyecto, han resguardado fotografías, cartas, recortes de prensa y relatos orales que amplían el horizonte de la historia. Son archivos que no caben en las lógicas de un Estado que durante décadas las ignoró, pero que hoy resultan esenciales para una comprensión completa de la violencia dictatorial.

A esa trama se suma el diálogo con investigadoras que, desde hace años, han documentado historias orales y archivos de otras colectivas, fundaciones y sindicatos en distintas regiones del país. Sus trabajos, pacientes y persistentes, conforman un encadenamiento de investigaciones que se retroalimentan, abriendo un horizonte de justicia social más amplio. Reconocer estos archivos comunitarios y académicos significa aceptar que la verdad no es propiedad de las instituciones, que la justicia, para ser tal, debe escuchar las memorias que nacen desde los márgenes y que se entrelazan entre generaciones.

Chile se encuentra actualmente en un momento clave. El Plan Nacional de Búsqueda de Verdad y Justicia, impulsado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, busca esclarecer el destino de las personas detenidas desaparecidas. Nuestro trabajo dialoga de manera directa con ese esfuerzo. Si la búsqueda nacional quiere ser verdaderamente inclusiva, debe considerar también las violencias sufridas por las disidencias sexo-genéricas. Las evidencias que hemos reunido pueden aportar a ese proceso. No se trata de ampliar el listado de víctimas por una cuestión meramente simbólica, sino de comprender que la dictadura operó sobre múltiples dimensiones de la vida social, y que la justicia solo puede alcanzarse si se reconocen todas esas capas. El país no puede construir una verdad parcial sin volver a repetir el gesto de exclusión que la dictadura impuso.

Una invitación a la memoria activa

Desde esta convicción extendemos una invitación a toda la comunidad de Antofagasta. El jueves 25 de septiembre, a las 15:00 horas, en la Biblioteca Regional de Antofagasta, presentaremos los resultados de esta investigación en un encuentro abierto a autoridades, organizaciones sociales, académicas y ciudadanía. Nos acompañarán las históricas integrantes de la Agrupación Trans Liberación Arcoíris, quienes han compartido con valentía sus experiencias como sobrevivientes del régimen autoritario y han sido parte fundamental de la organización de esta actividad.

Participar de esta cita no es solo presenciar la entrega de un informe: es sumarse a un proceso de memoria viva que busca transformar la manera en que entendemos la justicia y la reparación. La memoria, cuando se vuelve colectiva, nos obliga a repensar el presente y a imaginar un futuro en el que la diversidad no sea un motivo de persecución, sino de reconocimiento. Porque reconocer, escuchar y situar estas memorias en el relato nacional es un requisito para que Chile avance en verdad, justicia y reparación. Con ese espíritu, este proyecto no pretende cerrar un capítulo, sino abrir un horizonte.

Proyecto financiado por la Subsecretaría de Derechos Humanos: “Violencia político sexual contra personas trans durante la Dictadura Cívico-Militar: Investigación”, Fondo de Cultura y Sitios de Memoria – Convocatoria 2025.*

Débora Fernández Cárcamo es Supervisora General del proyecto / Directora de ONG CERES

Puedes conocer más del Centro de Estudios de la Realidad Social aquí: https://ongceres.cl/ 

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