Cuatro bajas en Antofagasta y la silla giratoria de seremis que derrumba el relato de emergencia del gobierno

Por años, la derecha y, con mayor énfasis, la ultraderecha en sus sectores más duros prometieron administrar el Estado con “eficiencia”, “orden” y “seriedad”. Sin embargo, durante los primeros meses del gobierno de José Antonio Kast, la realidad comienza a tensionar ese relato con una velocidad preocupante.

A nivel nacional, ya se contabiliza una veintena de bajas o nombramientos fallidos en secretarías regionales ministeriales durante el inicio de la administración. El dato que golpea con especial fuerza es que cuatro de esos casos corresponden a la Región de Antofagasta. Es decir, una de cada cinco salidas registradas a nivel país se concentra en una de las regiones más estratégicas para Chile. No es una cifra menor ni un episodio que pueda tratarse simplemente como una suma de hechos aislados.

Antofagasta no es cualquier región. Desde aquí se sostiene una parte decisiva de la economía nacional. Según información del Gobierno Regional, la minería representa más del 57% de la actividad económica regional, más del 45% del PIB minero del país se genera en este territorio y la región aporta entre el 25% y 30% de las exportaciones nacionales. A eso se suma su rol en cobre, litio, puertos, energía y desarrollo logístico. Precisamente por esa relevancia, la inestabilidad política y administrativa del gobierno central en la zona resulta aún más grave.

Cada salida de una autoridad regional implica retrasos, pérdida de continuidad, debilitamiento institucional y paralización de agendas prioritarias. También significa recomenzar coordinaciones, redefinir equipos y afectar la capacidad del Estado para responder a las necesidades de la ciudadanía. En términos concretos, eso puede traducirse en proyectos que se atrasan, compromisos que se diluyen y territorios que quedan en incertidumbre.

Lo más llamativo es la contradicción. Este gobierno llegó al poder afirmando que venía a administrar el país “como corresponde”. Que ellos sí tenían capacidad técnica. Que el resto era improvisación. Pero los hechos muestran una imagen distinta: fragilidad política, errores de instalación y una preocupante dificultad para sostener equipos en regiones complejas y estratégicas como Antofagasta.

Nuestra región enfrenta desafíos enormes: crisis hídrica, déficit habitacional, seguridad, fortalecimiento de la educación pública, transición energética y desarrollo del litio con justicia territorial. Ninguno de estos temas puede abordarse seriamente con autoridades transitorias o con un gobierno que parece más preocupado de sostener su relato ideológico que de garantizar estabilidad institucional.

Cuando en los primeros meses de una administración ya se acumula una veintena de bajas o nombramientos fallidos en secretarías regionales ministeriales, lo que existe no es seriedad. Existe desorden. Existe fragilidad política. Existe incapacidad para sostener equipos y gobernar territorios complejos.

Y Antofagasta está pagando el costo de eso.

La “seriedad” y la “urgencia” que prometía la derecha terminaron siendo, una vez más, consignas de campaña enfrentadas a la realidad del poder.