Sobregiro ecológico de Chile abre alerta por presión ambiental en salares del norte

El 7 de mayo de 2026, Chile alcanzó su sobregiro ecológico, fecha que marca el momento en que se agotaría el presupuesto anual de recursos naturales del planeta si toda la humanidad consumiera al ritmo del país. Según Global Footprint Network, el indicador ubica a Chile con un consumo equivalente a 2,9 planetas Tierra.

En regiones extractivas como Antofagasta y Atacama, el debate adquiere una dimensión territorial por la presión sobre recursos hídricos escasos, salares, humedales altoandinos y ecosistemas frágiles asociados a la actividad minera y a la expansión de proyectos vinculados al litio.

En conversación con Diario Regionalista, la ambientalista Ada Calderón afirmó que el retiro y modificación de decretos ambientales por parte del gobierno de José Antonio Kast “representa una señal política muy clara: profundizar la desregulación para facilitar la expansión extractiva en territorios estratégicos”.

Calderón explicó que el debilitamiento de normas ambientales puede acelerar procesos de desertificación y pérdida de biodiversidad en ecosistemas que tardaron miles de años en formarse. “El sobregiro ecológico tiene rostro territorial”, sostuvo, al señalar que en Antofagasta esta presión se expresa en la crisis hídrica, la contaminación y la alteración de salares y humedales.

Uno de los antecedentes más relevantes es el salar de Punta Negra. Según antecedentes judiciales, el Consejo de Defensa del Estado atribuyó a la extracción de aguas subterráneas un daño ambiental “continuo, acumulativo, permanente e irreparable”, con efectos sobre vegas, humedales, biodiversidad y hábitats de fauna altoandina. El caso derivó posteriormente en un acuerdo de gestión, compensación y reparación.

El salar de Maricunga también genera preocupación. En la zona existen iniciativas vinculadas a la exploración de litio y pruebas de reinyección de salmuera, en un ecosistema marcado por fragilidad hídrica e incertidumbre científica respecto de los efectos de largo plazo de este tipo de intervenciones.

Calderón advirtió que especies emblemáticas como flamencos andinos, vicuñas, vizcachas, zorros culpeo y diversos anfibios altoandinos enfrentan amenazas crecientes por la fragmentación de hábitats y la contaminación derivada de faenas mineras.

Por otra parte, cuestionó la efectividad del actual Sistema de Evaluación Ambiental. “Administra impactos para hacer viables los proyectos, en vez de prevenir daños ecológicos de largo plazo”, sostuvo.

De acuerdo con Global Footprint Network, si toda la humanidad consumiera como Chile, se requerirían casi tres planetas Tierra para sostener ese nivel de demanda. En el norte del país, el debate sobre la explotación de litio y otros minerales estratégicos sigue abierto, especialmente por la necesidad de compatibilizar desarrollo productivo, protección hídrica y resguardo de salares y humedales altoandinos.