Las sequías prolongadas y precipitaciones extremas asociadas al cambio climático podrían interrumpir hasta un 10% de la producción nacional de cobre hacia el año 2030. Esta es la conclusión de un estudio pionero desarrollado por la Universidad de Chile que advierte que las pérdidas económicas anuales podrían superar los 9.700 millones de dólares.
Impulsada por el Departamento de Ingeniería de Minas de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la casa de estudios, la investigación cuantifica por primera vez el impacto directo que los eventos climáticos extremos tendrían sobre la producción de cobre en Chile.
El estudio, iniciado en 2021, construyó una base de datos inédita con 53 eventos climáticos extremos registrados entre 2001 y 2022, incluidos aluviones, inundaciones de infraestructura, cortes de caminos críticos y reducciones de producción asociadas a la escasez hídrica.
“No existía información sistematizada. La primera parte del trabajo fue recolectar todos los eventos climáticos que habían afectado minas en el pasado”, explicó la geóloga Paulina Fernández, autora principal del estudio.
La investigación fue publicada en la revista científica International Journal of Mining, Reclamation and Environment, bajo el título Resource and climate paradox quantifying the impact of climate change in the copper supply chain, y fue liderada por Fernández junto a los académicos Luis Felipe Orellana y Emilio Castillo, con participación del Advanced Mining Technology Center y el Solar Energy Research Center, en el marco del proyecto FONDEF 20I10147.
Ante escenarios de precipitaciones extremas, las pérdidas proyectadas alcanzan entre 1,39% y 5,08% de la producción nacional, equivalentes a 91.000 a 334.000 toneladas de cobre por año.
En tanto, en escenarios de sequía, las pérdidas estimadas aumentan a entre 2,62% y 10,72%, es decir, 172.000 a 705.000 toneladas anuales.
“Perder esa producción por una reducción de los días efectivos de operación implica menos cobre disponible en el mercado y un impacto directo en los ingresos del país por menores tributos”, advierte Luis Felipe Orellana.
El estudio concluye que las mineras deben avanzar desde estrategias reactivas hacia modelos anticipatorios que integren información climática en su planificación.
Entre las medidas más relevantes para disminuir el riesgo destacan:
- Eficiencia y recirculación del agua, especialmente en zonas con estrés hídrico.
- Gobernanza hídrica territorial, para gestionar la competencia por el recurso.
- Refuerzo de infraestructura crítica, como caminos de acceso, sistemas de drenaje y protección de instalaciones.

