Este último tiempo hemos visto una regresión en el empoderamiento femenino debido a un fenómeno que se presenta en la actualidad, sobre todo entre los sectores más jóvenes. Este movimiento es conocido como las Tradwife (esposa tradicional). El término proviene de “trad”, tradicional, y “wife”, “esposa”, y describe a mujeres dueñas de casa que cumplen labores domésticas, reflejando roles estereotípicos de los años 50, dando paso a que los hombres ejerzan un rol de proveedor.
Estos casos se han vuelto mucho más visibles desde la vuelta de Donald Trump al poder, debido al liderazgo de la ultraderecha y el discurso de retomar los “valores tradicionales”. A través de esto nacen partidos como Núcleo Nacional, liderado por Iván Rico, quien encabeza este partido de extrema derecha y tendencia neonazi. Otro ejemplo de esto sería Erika Kirk, quien asumió el liderazgo de la organización Turning Point USA tras la muerte de su marido, Charlie Kirk. En la actualidad, es una de las voces más influyentes dentro de este movimiento.
A esto se suma un dato inquietante: quienes consumen este contenido suelen terminar expuestos a un algoritmo de discursos más amplios de la extrema derecha, que cuestionan abiertamente el acceso de las mujeres al trabajo, educación y participación política. Si bien no solo se extrapola a la política, también se puede observar en redes sociales, como la influencer Savanna Faith Stone, quien se declara abiertamente una Tradwife con más de 500 mil seguidores en Instagram.
El fenómeno también alcanza a las audiencias hispanohablantes
Pero esto no queda lejos de la comunidad de habla hispana. Un caso bastante mediático a través de la plataforma de TikTok es el de la influencer Rocío López Bueno, más conocida como “Roro”, que cuenta con más de 9,8 seguidores. Si bien nunca afirmó que pertenecía a este fenómeno, su contenido se basa en realizar preparaciones de platillos para su novio, “Pablo”. Debido a esto, se han generado diversas críticas en redes sociales sobre el rol de la mujer y cómo este tipo de contenido afecta a las audiencias más jóvenes.
Lo llamativo no es que existan mujeres que presentan una preferencia por realizar labores domésticas; eso es algo que ha sucedido siempre y es una opción legítima, sino más bien una forma de sacar partido a una ideología que acompaña el fenómeno o una forma de lucrar con el contenido creado a través de diversas plataformas y la normalización de esta. Porque, si lo vemos desde el hecho de que las mujeres no deben trabajar, ¿por qué monetizamos este tipo de contenido?
El ejemplo más claro es Esteec Williams (@esteecwilliams), quien actualmente cuenta con más de 106 mil seguidores en la plataforma de Instagram y 196 mil en TikTok. Hasta el año 2025 se declaraba activamente una chica tradwife; al día de hoy dejó de apoyar este movimiento tras una crisis familiar, visibilizando que el empoderamiento femenino no es simplemente una moda ni un estilo de vida, sino más bien una necesidad femenina de poder surgir como mujer.
La estética doméstica como discurso político
Es por esto que la estética doméstica funciona como un medio para los proyectos políticos, como una forma de propaganda suave, mucho más fácil de viralizar que un discurso político a favor del aborto o de promulgar leyes que favorezcan a la mujer. Por estas razones, es importante darle mayor visibilidad a las grandes figuras femeninas que tienen la capacidad de representarnos en puestos de liderazgo, figuras claves como María Curie, Malala Yousafzai, Margaret Thatcher, también conocida como “La Dama de Hierro”, Michelle Bachelet, entre otras.
El desafío para el feminismo contemporáneo no es condenar el fenómeno, sino más bien preguntarse por qué, después de décadas de avance, una parte importante de mujeres, preferentemente jóvenes, encuentra más atractivo este tipo de comportamientos y por qué seguimos normalizando movimientos que minimizan y vetan a las mujeres de roles que pueden ejercer, para buscar complacer a los hombres.
Por eso preocupa que el movimiento nazca justo cuando más se necesitan los liderazgos femeninos, cuando se debería empujar a la mujer a tomar ese rol de empoderamiento y no en el sentido contrario, como los medios digitales nos impulsan a realizar: una generación entera viendo cómo se promueve la renuncia a la vida pública, y no la conquista de esos espacios de poder que deberían ser el modelo a seguir para todas las futuras generaciones.

