Granja educativa de Antofagasta transforma contacto con animales en herramienta de inclusión

La iniciativa desarrolla actividades con estudiantes, personas mayores y organizaciones de Antofagasta, incorporando además a personas con discapacidad, neurodivergencia y necesidades educativas especiales mediante experiencias prácticas con animales, compostaje y educación ambiental.

Una experiencia iniciada durante la pandemia por estudiantes del Liceo Domingo Herrera Rivera (B-13) dio origen a una granja educativa que hoy combina educación ambiental, reutilización de residuos e inclusión para distintos grupos de la comunidad de Antofagasta.

El proyecto comenzó cuando alumnos del establecimiento recuperaban áreas verdes junto a su profesor de ciencias y recibieron cuatro gallinas que una persona ya no podía mantener. Para albergarlas habilitaron un espacio que antes funcionaba como bodega al aire libre y construyeron la primera jaula reutilizando mallas de ventanas en desuso.

Con el tiempo, la experiencia continuó a través de la Fundación Ecológica y Medio Ambiental Catalina Aguad e incorporó conejos, loritos y catitas. Actualmente, el recinto mantiene cerca de 18 conejos y recibe a establecimientos educacionales, organizaciones comunitarias y usuarios de servicios de salud.

Educación ambiental desde la experiencia

Una de las visitas más numerosas correspondió al Liceo Andrés Sabella, que llegó con cerca de 150 estudiantes, según relató Catalina Aguad en el programa Nortinas de Diario Regionalista. A ello se suman actividades con vecinos, principalmente personas mayores, y usuarios del CESFAM Corvallis.

Los talleres incluyen manejo de residuos orgánicos y compostaje. Restos de frutas y verduras pueden ser destinados a la alimentación de los animales, mientras parte de sus desechos se reutiliza posteriormente como abono.

“En cada visita al taller tenemos los materiales y les decimos a los chicos que toquen y mezclen. Así aprenden no solamente mirando una pantalla o una pizarra, sino que lo viven directamente”, explicó Aguad en Nortinas de Diario Regionalista.

Un espacio para personas neurodivergentes y con discapacidad

El desarrollo de la granja también abrió un espacio de participación para personas que requieren distintos apoyos. Según Aguad, el contacto con los animales y las actividades al aire libre facilitaron la incorporación de estudiantes con discapacidad, neurodivergencia y necesidades educativas especiales.

“Nos dimos cuenta de que era un espacio que servía no solo para estudiantes con discapacidad física como yo, sino también para estudiantes con neurodivergencia o necesidades educativas especiales. Era un espacio donde ellos podían estar al aire libre y compartir”, sostuvo.

La experiencia se inserta en un escenario de crecimiento de las necesidades de apoyo dentro del sistema educacional. De acuerdo con cifras del Ministerio de Educación, en 2025 había 473.834 estudiantes con necesidades educativas especiales (NEE) incorporados al Programa de Integración Escolar, de los cuales 132.884 presentaban necesidades educativas especiales permanentes (NEEP).

En enseñanza media, ese mismo año se contabilizaron 113.494 estudiantes con NEE, considerando tanto necesidades permanentes como transitorias. De ellos, 71.220 cursaban enseñanza media humanístico-científica y 33.663 enseñanza media técnico-profesional o artística.

El desafío continúa después de la etapa escolar. Según datos del Servicio de Información de Educación Superior (SIES), las matrículas de personas con discapacidad aumentaron desde 16.929 en 2025 a 22.095 en 2026, aunque todavía representan solo el 1,48% de la matrícula total de educación superior.

Continuidad del proyecto

La iniciativa recibió recursos del Fondo de Protección Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente, que permitieron desarrollar parte de sus talleres y mantener el funcionamiento del recinto.

Aunque esa etapa de financiamiento llegó a su cierre, la fundación busca mantener la granja disponible para nuevas visitas y actividades.

“Recibimos también visitas de toda la ciudadanía. Tenemos nuestros espacios adecuados, no solamente a personas con discapacidad, adultos mayores, niños”, afirmó Aguad.

Lo que comenzó durante la pandemia con la recuperación de áreas verdes y cuatro gallinas terminó consolidándose como un espacio comunitario donde educación ambiental e inclusión conviven a través de experiencias prácticas con animales y el entorno.

Por Matias Recabarren

Periodista, Lic. en Ciencias de la Comunicación, UCN.