La sobrecarga de cuidados sigue impactando principalmente a las mujeres en Chile, provocando altos niveles de ansiedad, estrés y agotamiento emocional. Especialistas advierten que la falta de redes de apoyo y la distribución desigual de estas tareas continúan afectando gravemente su salud mental y calidad de vida.
Ansiedad, depresión, agotamiento emocional y aislamiento social son algunas de las consecuencias que enfrentan miles de mujeres cuidadoras en Chile. A pesar de que su labor resulta fundamental para el bienestar de personas dependientes, especialistas advierten que la sobrecarga física y psicológica continúa siendo una problemática poco visibilizada.
En conversación con Diario Regionalista, la psicóloga Jennifer Smith explicó que ejercer el rol de cuidadora de manera permanente sin los apoyos adecuados genera un impacto profundo en la salud mental.
“La consecuencia más inmediata es la postergación crónica de la propia individualidad. La mujer cuidadora muchas veces deja de percibirse a sí misma más allá de su función de proveedora de cuidados”.
La especialista agregó que es frecuente observar cuadros de ansiedad generalizada, trastornos adaptativos, estrés crónico, problemas de sueño y síntomas depresivos. Indicó además que muchas mujeres desarrollan sentimientos de culpa por experimentar cansancio o frustración frente a una responsabilidad que suele extenderse durante años.
La realidad también queda reflejada en las cifras. Según datos del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados Chile Cuida, más de 240 mil personas cuidadoras se encuentran inscritas en el registro nacional y cerca del 86% corresponde a mujeres, lo que evidencia que las tareas de cuidado continúan recayendo mayoritariamente sobre ellas.
Respecto a las señales de alerta, Smith explicó que el síndrome de sobrecarga del cuidador puede manifestarse a través de irritabilidad persistente, cambios bruscos de ánimo, agotamiento que no mejora con el descanso, dolores musculares frecuentes y dificultades para concentrarse. Además, comentó que muchas cuidadoras desarrollan una alta sensibilidad frente a estímulos cotidianos debido a la saturación constante del sistema nervioso.
A ello se suma una realidad estructural. La Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia estima que en Chile existen más de 900 mil personas que requieren apoyo para realizar actividades de la vida diaria, una labor que en gran medida es asumida por familiares, principalmente mujeres.
La psicóloga sostuvo que esta situación responde a una construcción social histórica que ha asignado a las mujeres el rol principal en las tareas de cuidado. Esto provoca una doble o triple carga, ya que muchas deben compatibilizar estas responsabilidades con el trabajo remunerado y la administración del hogar. En los casos más complejos, incluso se ven obligadas a abandonar sus empleos para dedicarse por completo al cuidado de un familiar.
“Hay días en que termino tan cansada que siento que no existo como persona. Una ama a la persona que cuida, pero también necesita descansar, conversar con otros o simplemente tener un momento para sí misma sin sentir culpa”.
Así lo señaló María Fernanda Rojas, cuidadora de un familiar con dependencia permanente, quien refleja la realidad que viven miles de mujeres en el país.
Aunque en los últimos años se han impulsado iniciativas como el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, el desafío sigue siendo visibilizar el trabajo de las cuidadoras y fortalecer las redes de apoyo. Detrás de cada persona dependiente existe una mujer que sostiene gran parte de esa responsabilidad y cuyo bienestar continúa siendo una deuda pendiente para la sociedad.

