La posibilidad de un fenómeno climático extremo, denominado mediáticamente como “Niño Godzilla”, mantiene atentos a distintos centros climáticos internacionales debido a la probabilidad de que se desarrolle este año y pueda intensificarse hacia fines de 2026.
En conversación con Diario Regionalista, Pamela Henríquez, meteoróloga y coordinadora jefe de Meteored Chile, explicó que “organismos como NOAA e IRI monitorean señales que apuntan a una posible transición hacia condiciones asociadas al fenómeno de El Niño durante este año”.
La especialista aclaró que “Niño Godzilla” no corresponde a una categoría científica oficial, sino a una forma comunicacional de referirse a eventos de El Niño de gran magnitud. Además, sostuvo que, aunque históricamente el fenómeno impacta principalmente a la zona centro y sur del país, el norte también ha registrado episodios extremos asociados a precipitaciones intensas.
Según detalló Henríquez, “algunos modelos climáticos proyectan temperaturas más cálidas de lo habitual y posibles lluvias sobre lo normal en sectores cordilleranos del norte”. Asimismo, explicó que los mapas meteorológicos muestran precipitaciones sobre lo habitual cuando aparecen tonos verdes, mientras que los colores amarillos y naranjos representan temperaturas más cálidas de lo normal.
Desde una mirada geológica y territorial, la Dra. Francisca Roldán, geóloga de la Universidad Católica del Norte, advirtió que uno de los principales riesgos para ciudades como Antofagasta, Iquique y Arica es la posibilidad de precipitaciones intensas en periodos cortos de tiempo sobre cuencas y quebradas activas.
“En ciudades áridas como Antofagasta, Iquique o Arica, el problema aparece cuando se generan lluvias intensas en poco tiempo o precipitaciones de mayor duración sobre cuencas que no están preparadas para recibir grandes volúmenes de agua”, explicó la especialista.
Roldán agregó que este tipo de eventos podría generar aluviones, anegamientos e inundaciones repentinas, especialmente en sectores cercanos a quebradas, piedemontes y zonas con drenaje insuficiente.
Finalmente, la geóloga enfatizó que un evento intenso no implica automáticamente un desastre, aunque sí aumenta la necesidad de reforzar medidas preventivas, educación comunitaria y sistemas de alerta temprana.

