Investigaciones científicas publicadas desde 2021 advirtieron que la pérdida de biodiversidad microbiana en salares altoandinos podría eliminar una fuente clave para enfrentar la crisis global de resistencia a los antibióticos. El fenómeno de los “micro-desastres” asociados a la intervención extractiva fue desarrollado teóricamente en investigaciones científicas y posteriormente visibilizado en el documental Life Invisible, así como profundizado en entrevistas realizadas por Diario Regionalista a la microbióloga Cristina Dorador y a la directora del filme, Bettina Perut.
Desde mediados de la década de 2010, la resistencia a los antibióticos comenzó a ser reconocida como una amenaza sanitaria prioritaria a nivel global y también en Chile, tras las alertas de la Organización Mundial de la Salud y su incorporación progresiva en los sistemas de vigilancia epidemiológica. En ese contexto, la resistencia a los antibióticos se consolidó como una de las principales amenazas sanitarias del siglo XXI. Investigadores de distintas disciplinas coincidieron en que el uso intensivo y prolongado de estos fármacos aceleró la adaptación de bacterias patógenas, reduciendo la eficacia de tratamientos que durante décadas resultaron efectivos. Frente a este escenario, la búsqueda de nuevos compuestos antibióticos se transformó en una prioridad científica.
Parte de esa búsqueda se desarrolló en los salares altoandinos del norte de Chile, particularmente en el desierto de Atacama, donde existen comunidades microbianas capaces de sobrevivir en condiciones extremas de salinidad, radiación y baja disponibilidad de oxígeno. Estos ecosistemas, aún poco explorados por la ciencia, concentran una biodiversidad microbiana estratégica para la investigación biomédica.
Desde 2021, la microbióloga Cristina Dorador, académica de la Universidad de Antofagasta, lideró investigaciones orientadas a identificar nuevos compuestos antibióticos en estos territorios. En el documental Life Invisible (2025), Dorador advirtió que “el planeta vivía una crisis global de resistencia a los antibióticos”, fenómeno que —según señaló— “contribuía a la muerte de cerca de cinco millones de personas cada año” a nivel mundial.
El trabajo científico se desarrolló en distintos ecosistemas altoandinos ubicados entre los 4.000 y 4.300 metros sobre el nivel del mar, como Laguna Jonas, Laguna El Hava y Laguna Legía, donde se realizaron muestreos microbiológicos y mediciones ambientales básicas —como pH y oxígeno disuelto— con el objetivo de evaluar la habitabilidad de sistemas sometidos a condiciones extremas. En paralelo, el Salar de Huasco ha sido abordado como caso de análisis en investigaciones teóricas.
Esta línea de investigación fue desarrollada desde una perspectiva conceptual en el artículo “Salares en peligro de extinción: Micro-desastres en el Norte de Chile”, publicado en 2021 por Cristóbal Bonelli y Cristina Dorador. En ese trabajo, los autores introdujeron el concepto de “micro-desastres” para describir daños ecológicos de pequeña escala, pero de alto impacto acumulativo, que afectan procesos biológicos invisibles y de largo plazo.
Según plantearon los autores, la intervención extractiva no solo generó transformaciones visibles en el paisaje, sino que también alteró dinámicas microbianas profundas, cuya pérdida podría resultar irreversible. Este tipo de daño se expresó como una erosión silenciosa del conocimiento científico, al afectar organismos que nunca alcanzaron a ser estudiados.
En Life Invisible, Dorador ejemplificó estos impactos al describir salares ya intervenidos: “Estas eran aguas cristalinas, transparentes, incluso turquesa. Ahora se veían grises, lo que significaba que en el fondo ya no había oxígeno”. La ausencia de oxígeno, explicó, impedía la supervivencia de comunidades microbianas esenciales para estos ecosistemas.
En entrevista con Diario Regionalista, Dorador profundizó en las consecuencias de esa pérdida: “Probablemente había ocurrido una gran extinción de especies microbianas que nunca pudimos estudiar”, señaló, agregando que algunos de esos organismos podrían haber contenido “un antibiótico clave para la mantención de la vida humana”.
La científica también advirtió que la presión sobre los salares no afectaba únicamente a microorganismos. También mencionó el riesgo que enfrentaban especies endémicas de mayor tamaño, como el pez Orestias ascotanensis, presente en el salar de Ascotán, cuya supervivencia dependía de condiciones hidrológicas extremadamente frágiles y sensibles a cualquier alteración.
El avance de la minería del litio en el norte de Chile se desarrolló en paralelo a estas advertencias científicas. Considerado estratégico para la transición energética global, el litio intensificó la presión sobre los salares, generando tensiones entre investigación científica, comunidades locales y actividad productiva. Para Bonelli y Dorador (2021), esta dinámica priorizó beneficios de corto plazo por sobre la protección de ecosistemas complejos y de alto valor científico.
En Chile, la resistencia a los antibióticos fue reconocida como una amenaza de salud pública por el Ministerio de Salud, a través de los sistemas de vigilancia del Instituto de Salud Pública (ISP) y de la política de venta de antibióticos solo con receta médica retenida, vigente desde 1999. No obstante, desde la investigación científica se ha insistido en que la respuesta sanitaria futura no depende únicamente del control del consumo, sino también de preservar ecosistemas naturales capaces de aportar soluciones terapéuticas aún desconocidas.
Dorador explicó que Life Invisible fue seleccionado en una iniciativa internacional de divulgación científica vinculada a la Fundación Nobel. “Existía un compromiso por visibilizar problemáticas complejas que estaban ocurriendo en distintas partes del mundo, y esta historia fue una de las elegidas”, indicó.
Por su parte, la directora del documental, Bettina Perut, abordó las tensiones territoriales observadas durante el rodaje. En entrevista con Diario Regionalista, señaló que “había comunidades confundidas, no solo por la presencia de las mineras, sino también por el ingreso constante de personas a sus territorios, lo que generaba desconfianza incluso hacia trabajos científicos que buscaban proteger los ecosistemas”.
La advertencia que emerge desde la ciencia es clara: la pérdida de biodiversidad microbiana en los salares no solo implica un daño ambiental, sino también la eliminación de una posible vía científica para enfrentar una de las crisis sanitarias más graves del siglo XXI.

