Cuidadoras enfrentan crisis de sobrecarga e invisibilización en Antofagasta

La labor de cuidado, ejercida mayoritariamente por mujeres, continúa marcada por sobrecarga física y emocional, brechas territoriales y escaso acceso a redes de apoyo, evidenciando una deuda estructural en la región.

En la región de Antofagasta, las personas cuidadoras —en su mayoría mujeres— enfrentan una realidad marcada por la sobrecarga, la invisibilización y la falta de apoyo institucional.

En conversación con Diario Regionalista, Anna Rementeria, presidenta y fundadora de la Agrupación Hadas Cuidadoras de Antofagasta, explicó que existen diferencias territoriales importantes. “En la capital hay más acceso a salud y transporte, pero en comunas como Mejillones y Taltal las condiciones son mucho más limitadas”, afirmó.

Sobre este punto, la dirigente recalcó que el cuidado sigue siendo invisibilizado. “Es un trabajo que se hace entre cuatro paredes, donde muchas veces no se sabe lo que ocurre dentro de los hogares”, sostuvo.

Impacto físico y emocional

Asimismo, advirtió que las cuidadoras enfrentan una alta sobrecarga física y emocional. “No duermen bien, no se alimentan adecuadamente y no tienen espacios de descanso”, manifestó.

A esto se suma que muchas postergan su propio cuidado. “Dejan de hacerse exámenes o controles médicos, lo que puede agravar problemas de salud”, agregó.

En tanto, Rementeria enfatizó que esta realidad está marcada por la desigualdad de género. “Muchas mujeres deben dejar de trabajar o postergar sus proyectos personales para cuidar, lo que las lleva a una situación de precarización”, explicó.

De acuerdo con datos del Ministerio de Desarrollo Social y Familia (2024), se estima que en Chile más de 1,1 millones de personas realizan labores de cuidado, muchas de ellas sin registro oficial. Además, diversas estimaciones indican que las mujeres dedican 41 horas semanales a este tipo de trabajo y los hombres 19,9 horas semanales.

Avances y desafíos pendientes

Al respecto, la representante valoró avances como el sistema Chile Cuida (2026), que busca apoyar a las personas cuidadoras mediante beneficios, redes de apoyo y coordinación entre servicios del Estado. Sin embargo, advirtió que persisten brechas en transporte, salud y acceso a servicios.

En ese contexto, destacó el rol de las organizaciones sociales en la visibilización del problema y el acompañamiento a cuidadoras en el territorio, especialmente en comunas con menor acceso a servicios.

“Más que falta de políticas, muchas veces falta fiscalización y que estas se cumplan”.

Finalmente, hizo un llamado a avanzar hacia un cambio estructural: “Chile necesita reconocer el cuidado como un derecho y una responsabilidad colectiva, no como una carga individual invisible”.

Por Matias Recabarren

Periodista, Lic. en Ciencias de la Comunicación, UCN.