Foto: www.serminero.cl

Mientras en la región de Antofagasta aumenta el desempleo y se debate sobre el real aporte en responsabilidad social por parte de las grandes empresas, los accionistas internacionales de Minera Escondida se llevaron al extranjero, sólo el año 2017, un total de 2.600 millones de dólares. Se trata de BHP Billiton, Rio Tinto y el Consorcio japonés Jeco Corp.

Esta abultada cifra contrasta con los planes de recortes de trabajadores y con las quejas permanentes de las grandes empresas privadas sobre la supuesta crisis económica que las habría golpeado en los últimos años.

También contrasta con la realidad ambiental y habitacional de nuestra región, la que enfrenta graves problemas de contaminación derivados de esta misma actividad minera, así como un histórico déficit de viviendas que muestra el triste récord de tener casi 7.000 familias viviendo en campamentos.

A la hora de revisar las cifras de los últimos 10 años, se puede advertir que Minera Escondida se ha llevado al extranjero, mediante los dividendos «repartidos» a sus accionistas internacionales, un total de 19 mil millones de dólares entre 2007 y 2017.

En el mismo periodo, el presupuesto del Fondo Nacional de Desarrollo Regional de nuestra región ha alcanzado menos de 800 mil millones de pesos, lo que ni siquiera representa el 7% de lo que se ha llevado Minera Escondida, sólo en dividendos repartidos a sus accionistas. Esto, sin sumar lo que otras grandes empresas mineras se han llevado fuera de Chile.

Si sólo un pequeño porcentaje de lo que generan las mineras quedara en la región de Antofagasta, se podrían atender las necesidades de salud, seguridad, vivienda, educación, ciencia, entre otros tópicos. Sin embargo, el aporte en impuestos y las donaciones «voluntarias» de muchos de estos grupos, son paupérrimas y no se condicen con las millonarias ganancias que obtienen, para lo cual provocan un impacto negativo al medio ambiente y al tejido social.

Por otro lado, las pequeñas y mediana empresas (Pymes) luchan por sobrevivir a la demora de los pagos de muchas de estas grandes empresas o por parte del estado. O se debaten entre la burocracia y el afixiante cobro de impuestos que en el caso de los pequeños y medianos negocios es implacable.

 

 

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