Hospital Regional de Antofagasta celebra una década de su Unidad de Salud Transgénero

Sin lista de espera y con 650 usuarios, la unidad desarrolla un modelo integral e interdisciplinario que aborda desde terapias de afirmación hormonal y salud sexual hasta acompañamiento psicosocial, familiar y reinserción social o escolar. Además, su equipo ha participado en la elaboración de documentos clínicos del Ministerio de Salud sobre terapias hormonales género-afirmativas y manejo de biopolímeros.

Un hito fundamental en materia de inclusión, derechos humanos y acceso a la salud pública cumple la Unidad de Salud Transgénero del Hospital Regional de Antofagasta (HRA), al conmemorar una década de funcionamiento continuado.

La creación de este espacio representó un giro decisivo para una población que, históricamente, enfrentó barreras estructurales para acceder a la atención médica más básica. En los centros sanitarios tradicionales era frecuente la falta de respeto al nombre social y situaciones de discriminación, lo que derivaba en que los usuarios evitaran consultar de forma preventiva, deteriorando drásticamente su calidad de vida.

El jefe de la unidad, Dr. Antonio Zapata, recuerda la complejidad de esos primeros pasos: “Los inicios fueron bien complejos porque en el hospital y en la salud pública no había ningún centro bien estructurado respecto a la salud de las personas transgénero. Había algunos centros en Valparaíso y Talcahuano enfocados en cirugía, pero no en una atención integral. Nosotros fuimos pioneros a nivel nacional en iniciar una atención multidisciplinaria de estas personas, que habitualmente tienen requerimientos de salud distintos y que solían ser marginadas de los programas habituales”.

El impacto de esta discriminación histórica repercutía directamente en los indicadores vitales: las encuestas indicaban que la expectativa de vida de una persona trans no sobrepasaba los 40 a 50 años, frente a los más de 80 años de la población cisgénero, debido a la violencia sociocultural y al diagnóstico tardío de enfermedades.

Un espacio seguro con cero lista de espera

Para revertir esta brecha, la unidad articuló un modelo de gestión basado en la confianza y la eficiencia. Actualmente, el recinto atiende a cerca de 650 personas: alrededor de 550 adultos en terapias de afirmación hormonal y 100 menores de edad en el Programa de Acompañamiento de Identidad y Género (PAIG).

La matrona coordinadora de la unidad, Cristina Muena Bugueño, destaca que la clave de este éxito radica en la creación de un «espacio seguro», donde el trato humanizado se traduce en una alta adherencia a los controles y en la optimización total de los recursos sanitarios: “Ellos perciben que la consulta es un espacio donde van a ser resueltas sus dudas, donde van a poder ser bien atendidos y donde el buen trato se prioriza. Por eso tienen muy buena adherencia y se pierden muy poquitas horas médicas”.

Asimismo, Muena resalta que la unidad ha logrado erradicar la lista de espera mediante un flujo de trabajo interdisciplinario bien definido: “En la medida que van llegando las solicitudes de interconsulta, se van preparando los pacientes. El modelo de atención que tenemos implementado está orientado a la atención integral y por equipo. Cada uno de los profesionales tiene una función asignada, lo que hace que el trabajo del profesional que continúa sea más fluido y rápido”.

Mucho más que hormonas: Salud sexual, educación y contexto social

Aunque socialmente se asocia la salud trans de forma exclusiva a la hormonación o la cirugía, el equipo interdisciplinario —compuesto por médicos, matronas, psicólogos, trabajadores sociales y TENS— aborda las dimensiones psicológicas, sociales y de salud sexual de forma transversal.

Desde la perspectiva de la matronería, Cristina Muena explica que se orienta en prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS), métodos anticonceptivos y temas emergentes como la preservación de la fertilidad y el deseo de parentalidad. Además, la intervención social busca reparar rezagos históricos: “Las terapias hormonales tienen un impacto a nivel psicológico, social y en la salud sexual. Las personas adultas que no terminaban su educación generalmente era por vulneraciones o episodios de bullying. Lo que han hecho las duplas psicosociales es integrarlos en el ámbito laboral y entregarles herramientas. Tampoco tenemos niños desescolarizados”, detalla la coordinadora.

Acompañamiento a menores y apoyo a las familias

En el caso de adolescentes, la unidad trabaja mediante el programa PAIG, enfocado en el acompañamiento psicosocial, excluyendo intervenciones médicas, detalla el doctor, Antonio Zapata.

Este enfoque busca brindar contención tanto al adolescente como a su entorno más cercano. Según expone el Dr. Zapata, “los papás, cuando se enfrentan a un hijo o una hija que manifiesta una identidad de género distinta a la asignada al nacer, a veces no saben qué hacer ni a dónde recurrir. Acá se ha formado un espacio seguro donde pueden pedir ayuda, consejería y acompañamiento para dar la mejor calidad de vida a sus hijos”.

Liderazgo científico y referente para el MINSAL

A lo largo de esta década, la experiencia del HRA rebasó las fronteras regionales. Además de colaborar activamente con agrupaciones de la sociedad civil como Arcoiris Trans, Fundación Ignacia Fernanda y Fundación Féminas Latinas, el equipo se ha convertido en un órgano consultivo indispensable para la salud pública chilena.

“Somos los profesionales a quienes llaman desde el Ministerio de Salud para crear políticas públicas respecto a esta población. Es un logro muy importante tener estos 10 años de trabajo continuo, porque apoyamos a otros centros del país, educamos a profesionales y generamos políticas públicas”, afirma el Dr. Zapata, citando publicaciones científicas en España, libros de la Universidad Católica y revistas internacionales.

Por su parte, Cristina Muena complementa que el equipo ha aportado directamente en la redacción de normativa sanitaria nacional: “Hemos tenido la oportunidad de colaborar en políticas nacionales y participamos en al menos dos documentos clínicos emitidos por el MINSAL, referidos a terapias hormonales género-afirmativas y al abordaje de complicaciones por uso de biopolímeros (silicona industrial)”.

De cara a los próximos años, los desafíos de la unidad se centran en conseguir más especialistas en endocrinología adulta e infantil y profundizar la formación universitaria en pregrado, garantizando que el modelo desarrollado en Antofagasta continúe replicándose en todo el territorio nacional.