Cyber Day expone impacto del Fast Fashion en el desierto de Atacama

Las compras impulsadas por descuentos reabren la discusión sobre los residuos textiles. En el desierto de Atacama parte del problema se refleja en prendas que quedan fuera del circuito de venta y terminan acumuladas en zonas naturales.

El Cyber Day reúne ofertas de vestuario a través del comercio electrónico. En 2026 se desarrolla entre el 1 y el 3 de junio, con marcas y tiendas agrupadas por la Cámara de Comercio de Santiago. La fecha vuelve a poner atención en el costo ambiental del consumo rápido de ropa.

En conversación con Diario Regionalista, Andrea Lobos, diseñadora de vestuario, cosplayer regional y docente de AIEP, conocida como Nezukandy, planteó que el consumo rápido también se relaciona con redes sociales, tendencias breves y la necesidad de pertenecer. Frente a esa lógica, destacó la importancia de reparar, reutilizar y transformar prendas antes de desecharlas. Comentó que en el cosplay regional es común adaptar ropa, intercambiar trajes o comprar de segunda mano por el alto costo de los materiales y el menor acceso a vestuarios especializados.

Desde su rol docente, agregó que en AIEP trabajan la sustentabilidad mediante el uso de prendas y retazos “a su máxima expresión”. “Para la gente es más fácil que cuando algo se rompe se bota, y a veces no es tan así”, afirmó.

El problema no se limita a la compra. El fast fashion se sostiene en prendas de bajo costo, alta rotación y tendencias cada vez más breves. Esa lógica ha sido cuestionada incluso desde la industria de la moda. Vivienne Westwood, diseñadora británica vinculada a causas ambientales, resumió esa crítica en la frase “compra menos, elige bien y haz que dure”.

En el norte del país el problema tiene un recorrido concreto. Según Fashion Revolution Chile, por el puerto de Iquique ingresan cerca de 59.000 toneladas de ropa usada al año, principalmente desde Estados Unidos y Europa. Esa carga llega a la Zona Franca y los fardos de menor calidad suelen quedar fuera del circuito de venta.

La organización calcula que cerca de 40.000 toneladas terminan en basurales, entre ellos los ubicados en Alto Hospicio, y advierte que su quema libera gases contaminantes que afectan el suelo y la atmósfera.