El visto bueno del proyecto pone fin a una de las pocas canchas de pasto natural del norte del país. Mientras el municipio destaca una mayor capacidad de uso del recinto, concejales, deportistas y figuras del fútbol cuestionan el impacto deportivo, ambiental y patrimonial de la medida.
El Estadio Regional Calvo y Bascuñán está cada vez más cerca de experimentar una de las transformaciones más importantes desde su remodelación para la Copa América 2015. El Concejo Municipal de Antofagasta aprobó el contrato para ejecutar las obras de renovación del recinto, proyecto que contempla la instalación de una cancha de pasto sintético certificada por FIFA y World Rugby, además de una nueva pista atlética con estándares internacionales.
La propuesta recibió el respaldo de siete concejales, mientras que Karina Guzmán y Camilo Kong votaron en contra. Las obras serán ejecutadas por la empresa Sociedad Importadora y Exportadora Sports Tech, con una inversión cercana a los $3.376 millones provenientes de los recursos del litio destinados a infraestructura.
La nueva superficie tendría características similares a la utilizada en el Claro Arena de Universidad Católica y permitirá además la realización de eventos de rugby de nivel internacional. A ello se suma la renovación completa de la pista atlética bajo estándares World Athletics.
Las voces críticas
Sin embargo, la decisión de eliminar el césped natural no estuvo exenta de cuestionamientos.
Uno de los principales detractores fue el concejal Camilo Kong, quien en conversación con Diario Regionalista reafirmó la postura que ya había manifestado durante la discusión inicial del proyecto.
“Mi postura es súper clara y conocida: no estoy de acuerdo con que se cambie el pasto natural existente por pasto sintético. Se pudieron haber explorado otras opciones, como el pasto híbrido, y haber discutido de forma más profunda las reales necesidades del estadio”, señaló.
Kong explicó que respalda la renovación de la pista atlética, pero considera que esta mejora no necesariamente debía ir acompañada del reemplazo del césped natural.
“Según lo que nos informó la propia Federación Atlética de Chile, algunas marcas podrían no ser válidas en determinados contextos vinculados a superficies sintéticas. También existen preocupaciones respecto de eventuales lesiones y, por supuesto, se pierde una superficie natural que aporta desde el punto de vista ambiental”, agregó.
El edil también recordó que diversas figuras del fútbol internacional han cuestionado este tipo de superficies.
“Jugadores como Neymar, Thiago Silva y otros futbolistas de nivel mundial han cuestionado el uso del pasto sintético, más allá de las certificaciones que pueda tener. Entiendo y comparto la preocupación de quienes han expresado su descontento con esta decisión”, afirmó.
La otra cara de la remodelación
Las críticas también encontraron eco en el exdirigente deportivo y expresidente de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls, quien durante una visita a Antofagasta realizada en marzo de este año abordó el tema en conversación con Diario Regionalista.
“Yo creo que el Estadio Calvo y Bascuñán se construyó para el fútbol profesional. Los grandes clubes del mundo, el Real Madrid, el Barcelona, el Bayern Múnich o los equipos ingleses, ninguno juega en cancha de pasto sintético”, comentó.
El comentario de Mayne-Nicholls vuelve a instalar una pregunta que ha hecho eco en la discusión local: ¿vale la pena sacrificar el césped natural del principal estadio de la ciudad a cambio de una mayor capacidad de uso del recinto?
Siete meses de obras
Pese a las críticas, el proyecto ya cuenta con luz verde para su ejecución. Los trabajos tendrán un plazo estimado de siete meses y contemplan la intervención completa de la cancha principal y de la pista atlética.
Desde el municipio sostienen que una de las principales ventajas será la posibilidad de utilizar el recinto con mayor frecuencia para actividades deportivas, recreativas y competitivas durante todo el año.
Con la aprobación del contrato, el histórico césped natural del Calvo y Bascuñán comienza su cuenta regresiva. Lo que para algunos representa una modernización necesaria para ampliar el uso del estadio, para otros significa la pérdida de una superficie emblemática pensada para el fútbol profesional y que durante años formó parte de la identidad deportiva de Antofagasta.

