Especialistas advierten que los sesgos de género, los criterios diagnósticos construidos históricamente a partir de perfiles masculinos y el fenómeno del camuflaje social continúan retrasando la detección del autismo en mujeres, dificultando el acceso oportuno a apoyo profesional y afectando su bienestar emocional.
Muchas mujeres reciben un diagnóstico de autismo recién en la adolescencia o adultez debido a sesgos de género, criterios diagnósticos históricamente construidos a partir de perfiles masculinos y al fenómeno del camuflaje social. Especialistas advierten que esta situación puede retrasar el acceso a apoyo profesional, lo que termina por afectar la salud mental de quienes pasan años sin comprender el origen de sus dificultades.
Durante décadas, la investigación sobre autismo se desarrolló principalmente a partir de estudios realizados en niños hombres. Como consecuencia, muchas características presentes en mujeres quedaron fuera de los perfiles tradicionalmente asociados al espectro autista, dificultando su detección temprana.
Aunque la comprensión sobre el trastorno del espectro autista ha avanzado durante las últimas décadas, la detección en mujeres continúa siendo un desafío. Esta realidad ha sido documentada en distintos estudios. La investigación “Dificultades experimentadas por mujeres adultas en la búsqueda de un diagnóstico de trastorno de espectro autista”, desarrollada en la Universidad de Chile (2025), concluye que el retraso en la detección temprana se debe a las barreras presentes en los sistemas de evaluación.
Sesgos de género en la evaluación clínica
En conversación con Diario Regionalista, la psicóloga Javiera Carrasco explicó que uno de los factores que influye en el diagnóstico tardío son los sesgos presentes tanto en la investigación como en los procesos de evaluación clínica.
“Históricamente el autismo se pensó desde una visión mucho más masculina. Los primeros estudios se realizaron principalmente con niños hombres y muchos de los instrumentos que se utilizan hoy tampoco incorporan un enfoque de género”.
La especialista agregó que muchas mujeres reciben inicialmente diagnósticos de ansiedad, depresión, trastornos alimentarios o déficit de atención antes de que se identifique el autismo.
Asimismo, explicó que el denominado masking o camuflaje social consiste en ocultar ciertas características para adaptarse a las expectativas del entorno y lograr encajar socialmente.
La experiencia de Manola Millaray, psicóloga y mujer autista diagnosticada a los 22 años, refleja parte de esta realidad. Durante años interpretó sus dificultades de adaptación como problemas personales, sin comprender lo que ocurría. En conversación con Diario Regionalista, Millaray relató que el diagnóstico llegó luego de atravesar una compleja experiencia de acoso laboral durante su práctica profesional.
“Yo pensé que no me adaptaba, que era yo quien estaba mal, que no sabía manejarme y que no servía para el mundo laboral. El diagnóstico vino a darme respuestas y nuevas formas de entenderme”.
Respecto a las razones que explican la detección tardía en mujeres, señaló que las expectativas sociales juegan un papel importante.
“A las mujeres se nos exige comportarnos de determinada manera. Mirar a los ojos, sonreír constantemente y adaptarnos al entorno. Muchas veces eso termina ocultando características del autismo y retrasa el diagnóstico”.
Desafíos pendientes para una detección más oportuna
Aunque existe una mayor visibilización del autismo femenino, ambas entrevistadas coinciden en que todavía persisten desafíos relacionados con la formación de profesionales, la detección temprana y la comprensión de cómo se manifiesta el autismo en mujeres.
Avanzar en estos ámbitos, afirman, resulta fundamental para evitar años de incertidumbre y facilitar el acceso oportuno a apoyo especializado y acompañamiento profesional.

