Por Felipe Bolados y Kimberly Ríos

La siguiente columna de opinión fue escrita por estudiantes del 4° medio E del Liceo Domingo Herrera Rivera (B-13) de Antofagasta, como resultado de una secuencia de talleres de memoria y derechos humanos co-diseñados por la Agrupación Providencia y la profesora Patricia Romo. El contexto de los talleres fue la asignatura “Argumentación y participación en democracia” y tuvo como objetivo reflexionar en torno el estudiantado secundario como sujeto político en la resistencia en contra de la dictadura y las luchas en el contexto del neoliberalismo. Para ello, se utilizó el archivo de la Agrupación Providencia cartografíasderesistencia.cl, además de otros materiales, a través de los cuales les estudiantes se aproximaron a la pregunta sobre cómo era la vida en los liceos durante la dictadura cívico militar.

Durante nuestras clases con el profesor Jorge Cifuentes y sus compañeros/as de la Agrupación Providencia, se nos dio a conocer con mayor detalle las vivencias de los estudiantes y educadores durante la dictadura del general Augusto Pinochet.

La agrupación nos llevó a recorrer el sitio de memoria La Providencia y describieron las atrocidades que allí se realizaban mientras nos guiaban por todo el lugar. A la par caminábamos por el segundo piso, recordando una de las descripciones que realizó Fernando A. Torres, ex preso político, detenido en 1975, en su testimonio “Los olores de La Providencia”:

“Bajé las escaleras con el silencio del inspector, casi espeluznante, flotando a mis espaldas”. 

Bajamos estas mismas escaleras recordando los sentimientos de nuestro compañero y sentimos escalofríos por las energías pesadas que se sentían en el lugar.

Gracias a esta experiencia, agradable por conocer con más detalle este lado de la historia, pero escalofriante por este mismo motivo, podemos tener una visión más detallada de lo que era ser estudiante durante esa época y decir con franqueza que fue un horrible momento, lleno de torturas por parte de la agencias policiales, censura por parte de los medios de comunicación y violación de los derechos humanos a manos del Estado.

Las autoridades policiales abusaron de su poder en reiteradas ocasiones y estos actos se pueden demostrar gracias a distintos testimonios por parte de las víctimas que sobrevivieron. Una de estas fue Fernando Torres, que en su relato describió algunas experiencias:

“Dos groseros agentes secretos, que no se identificaron, me esperaban en un salón de clases (…) Me golpearon con sus puños, me patearon un par de veces y me sacaron de la escuela”. 

Este fue uno de los acontecimientos más leves que sucedieron a Fernando.

Por otra parte, los medios de comunicación estaban a la merced de lo que dijeran los encargados de la dictadura, por lo tanto censuraban todo lo que estuviera en contra de esta. Por esta razón se crearon distintas imprentas clandestinas, entre estas se encuentra la primera imprenta del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) después del golpe en Antofagasta, la cual estaba operada por Fernando y su compañero Danilo[1], a través de la cual dejaban claro su pensamiento e ideales contrarios a los que defendía la dictadura.

La creación de esta imprenta fue de la mano con el clima político que se vivía en el Liceo de Hombres en donde estudiaba Fernando, pues los alumnos querían formar parte de las decisiones políticas que en este se tomaran:

“El clima político del liceo se veía marcado por la presencia de diversas organizaciones y partidos que luchaban por legitimarse en el Centro de Alumnos, difundiendo música, proclamas y noticias sobre el acontecer político. Las herramientas de las que disponían eran los diarios murales y una radio escolar interna del liceo. De este modo, las discusiones políticas se instalaban, tanto al interior de las aulas como fuera de ellas, mientras que las lecturas de autores como Marx, Hegel, Lenin o el Che Guevara se hacían habituales.”[2]

No debemos olvidar que durante esta época los derechos humanos se vulneraron de maneras muy atroces. Desde allanamientos con uso excesivo de fuerza hasta las torturas más horribles que nos podemos imaginar, como las que describe Fernando en su relato:

“La más común era la “parrilla” o la barbacoa eléctrica, un somier; una especie de malla de metal para sostener un colchón. Allí fui tendido desnudo y con mis cuatro extremidades amarradas firmemente a cada esquina. Sentí el suave toque de un guante de plástico atando un cable de cobre a mi pene y otro a mi dedo pequeño del pie”. 

En pocas palabras, ser estudiante en esa época fue difícil en todos los sentidos. No se tenía libre albedrío a la hora de hablar y accionar, si llevabas la contraria podías terminar secuestrado y en los peores casos muerto.

Para cerrar nuestra opinión, queremos recordar una frase que dijo el general Augusto Pinochet hacia los jóvenes que suena irónica si consideramos la labor de jóvenes como Fernando durante la dictadura: “Seréis vosotros, jóvenes chilenos, los responsables de dar continuidad a la tarea en que estamos empeñados y los más directos beneficiados con el esfuerzo que en ella ha puesto desde su inicio el país entero”.

[1] Se refiere a Danilo Quezada Capetillo, militante del MIR asesinado por la Policía de Investigaciones en las cercanías de Viña del mar, el 11 de febrero de 1983.

[2] Fragmento de investigación realizada por la Agrupación Providencia, sin publicar.

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