Foto: Archivo http://www.colegiomedico.cl

Tras varios meses de trabajo y una minuciosa revisión por parte de sus pares, científicos de la Universidad de Antofagasta y de otras instituciones, incluyendo el Colegio Médico, publicaron en la revista PeerJ, de carácter internacional, los resultados de una importante investigación sobre el origen del polvo contaminante en la capital regional.

Según informa la web www.comunicacionesua.cl, el principal resultado de este estudio realizado por un equipo de investigación multidisciplinario es que el polvo negro que es visible en calles, casas y edificios del sector central de la ciudad y algunos de los metales que contiene, se originan en el Puerto de Antofagasta, es decir, son producto de la actividad humana.

El equipo fue dirigido por la Doctora en Ciencias, Joseline Tapia, mención en Geología y Académica de la Universidad Austral. También participaron los doctores Cristina Dorador, Jorge Valdés, Rodrigo Orrego y Chris Harrod de la Universidad de Antofagasta, además de los profesionales Aliro Bolados y Andrei Tchernitchin del Colegio Médico.

La investigación tuvo como origen la base geológica de la ciudad y las muestras de polvo negro que fueron analizadas por distintas entidades: Colegio Médico e ISP, además de un ensayo de biodisponibilidad.

«Para interpretar y analizar la variabilidad espacial y las posibles fuentes de contaminación, se estudiaron datos existentes de la geoquímica de rocas del basamento y del suelo de la ciudad, así como también datos de polvo de dominio público. Adicionalmente, se realizó un ensayo de bioaccesibilidad del polvo y se calcularon el consumo diario químico (chemical daily intake) y el índice de peligrosidad (hazard index) en las cercanías del puerto”, señala el estudio respecto a la metodología utilizada, según publica www.comunicacionesua.cl.

La publicación afirma que respecto a la presencia de los elementos en el polvo, tales como bario, cobalto, cromo, manganeso, níquel y vanadio, su origen podría relacionarse a rocas intrusivas, volcánicas, metamórficas, diques o suelos presentes en la ciudad, es decir, su concentración en polvo se puede explicar por la geología de la ciudad de Antofagasta.

Sin embargo, las concentraciones de arsénico, cadmio, cobre, molibdeno, plomo y zinc «no se producen en dichos afloramientos de rocas, por lo tanto, son considerados contaminantes antropogénicos (producto de la actividad humana)».

El estudio arrojó además que las concentraciones de arsénico, cobre y zinc son las más altas registradas hasta el momento en polvo de ciudad en el mundo (239, 10,821, y 11,869 mg∙kg−1, respectivamente). Mientras que al arsénico, plomo y cobre muestran alta bio-disponibilidad.

«Los índices de peligrosidad preliminares muestran que As y Cu contribuyen a un riesgo elevado en niños y adultos expuestos de forma crónica al polvo de Antofagasta, en tanto, Pb se considera peligroso en cualquier concentración», indica el estudio.

Por otra parte, según la misma publicación de la Universidad de Antofagasta, el estudio consideró aspectos geológicos de la ciudad y sus alrededores, para descartar que la presencia de los elementos considerados contaminantes sea de origen natural. Junto a eso, los científicos plantean que debido a las características de los elementos (arsénico, cadmio, cobre, molibdeno, plomo y zinc), estos se relacionan con los minerales que existen tanto en depósitos de tipo pórfido cuprífero chilenos como en los concentrados de plomo de Bolivia.

Se ha destacado que uno de los aportes más significativos del trabajo de los científicos, es que antes de su investigación, sólo había cifras de las mediciones hechas por el Instituto de Salud Pública y el Colegio Médico, sin embargo, ahora existe una contextualización y un índice de riesgo a la salud de las personas.

La publicación en la web de Comunicaciones de la Universidad de Antofagasta concluye con una reflexión:

«Antofagasta es la región minera por excelencia y seguirá siéndolo, es por ello que el llamado de esta publicación es a estar más informados, tener mayor diálogo con las autoridades y enfocarse en buscar las soluciones para este problema. La publicación científica termina con una serie de recomendaciones para que sean tomadas en cuenta por las autoridades correspondientes, quienes a su vez, ya fueron informadas de los resultados de esta importante investigación».

Los científicos señalaron que la investigación no contó con ningún tipo de financiamiento externo a la Universidad de Antofagasta y las otras instituciones participantes.

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