¿A nadie le ocurre que tras leer titulares varios o ver noticias en la televisión piensa que es casi el fin del mundo? ¡AHHHHHH, MORIREMOS TODOS, POBRES Y CESANTES! ¡Y encima por algo que ni siquiera entendemos bien!

En medio de mi angustia, ayer oía a nuestra bien hablada seremi de Salud entregando el informe diario. La “Soa Rossana”, con sus erres y ceaches bien marcadas, me informaba que la trazabilidad de nuestra región nos ponía en un punto complejo de la vigilancia epidemiológica, dado que el porcentaje de positividad, si bien había bajado de un 44 a un 39 por ciento, no aseguraba que los casos sospechosos fueran los mismos que los casos confirmados, manejados por la salud primaria mediante la plataforma EPIVIGILIA.

Y lo dijo sin respirar. Por una fracción de segundos admiré a la “Soa Rossana”. Entonces, el otro lado de mi cerebro despertó de la modorra del encierro y me lanzo un WTF a la cara, como dirían mis hijos preadolescentes.

Si alguien había entendido semejante trabalenguas de conceptos médicos es porque seguro ese alguien es médico o estudió algo relacionado con el tema. Porqué nosotros, los simples mortales que vivimos asustados por este virus, no entendimos absolutamente nada.

Así que me puse a pensar en todas esas personas que no entienden esos conceptos, y en todas esas notas de prensa que lo único que hacen es aumentar más y más esas diferencias. Y recordé a un maestro que alguna vez me dijo que el fin de los medios de comunicación es informar, educar y entretener. Pero si no nos preocupamos de usar un lenguaje que sea entendible para todos, no solo no educamos, de paso desinformamos y al final, nos volvemos aburridos.

Y para homenajear a mi profe, me di a la tarea de traducir algunos conceptos básicos del “modo coronavirus”, desde el docto lenguaje médico a uno más cotidiano.

Partamos con Pandemia. Oímos la palabra unas 50 veces al día. Pues bien, cuando una enfermedad es muy contagiosa y afecta a muchas personas en un lugar como una ciudad o un país, eso es una epidemia. Lo explico porque una pandemia es una epidemia de grandes dimensiones. Tan grande, que pasa de país en país. Algo así como una enfermedad con pasaporte. El Coronavirus es como un microbio de exportación. Si es malo o bueno, si muta y se pone buena o mala persona, eso lo sabe otro, yo solo defino el concepto.

Pues bien, como se trata de un virus que gusta de viajar por el mundo, se volvió importante aprender a contarlo y también a descubrir de donde viene y para donde va. Ahí surgen dos conceptos muy sonados: positividad y trazabilidad.

El primero, la positividad, no significa que es positivo lo que nos pasa y el virus nos volverá una sociedad muy optimista. No. Se refiere a la cantidad de resultados positivos de los exámenes que se hacen. Para hacerlo más simple, a usted le toman una muestra de algo (sangre, saliva o moco) y si dentro encuentran partes del virus o anticuerpos anti coronavirus, entonces usted es positivo. Justo eso. Aquí yo le explico que hay dos formas de saber si usted tiene o no Covid. Primero, el IGM o IGG, es un examen que no descubre el famoso virus (no, ese parece ser más escurridizo que el 10% de la AFP), sino los anticuerpos contra él. O sea, tu cuerpo genera defensas y esas son las que nos dicen si somos positivos o no. El otro (el mentado PCR) busca “trazas” del virus, fragmentos de él. Una parte del centro, alguna de las puntas, algo que asegure que el microbio ese anda escondido por ahí, en alguna parte del cuerpo.

En fin, ¿qué era la positividad? Le respondo: es la cantidad de casos positivos de todos los exámenes aplicados. Antofagasta tiene hoy un 39% de positividad. Eso significa que de 100 exámenes tomados, 39 tienen coronavirus. No es tan difícil cuando lo decimos en lenguaje común y sin tanta parafernalia.

Solo como dato, la única forma de bajar la positividad es haciendo más exámenes. Cuando el porcentaje baja no significa que nos contagiamos menos, significa que el Gobierno por fin siguió la recomendación de la Organización Mundial de la Salud e hizo todos los exámenes necesarios.

Hay una forma de detener los contagios. Cuando tienes a alguien con síntomas y se confirma que tiene corona (suena como si todos ahora somos de la realeza, todos podríamos resultar con corona, una ciudad llena de príncipes y princesas), entonces debes saber quién te traspasó el virus y a quien se lo pasaste. Esto es como una carrera de postas donde alguien va anotando cada vez que se pasa el bastón hasta cubrir a todos los contagios y a todos los posibles contagios. Eso, amigues, es la trazabilidad.

Y es un concepto adaptado de otra parte. Se usa generalmente para los remedios e insumos médicos y cerciorarse que sean seguros para los pacientes, pero ahora se aplica también a pacientes covid, sus familias y/o contactos directos, es decir, cualquiera que haya estado tan cerca como para contagiarse y entrar a la “familia real”.

Cómo ya nos hemos extendido demasiado en esta entrega, prometo seguir oyendo el informe de la “Soa Rossana” y así seguir descubriendo otras palabras complejas e inentendibles para traducirlas en una columna futura.

Por ahora trazaré un positivo futuro en mi mente, a la espera de que finalmente nos liberen de esta cuarentena, con el 10% de la AFP en mano para reactivar la economía.

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