Por Fundación Chile Positivo 
Antofagasta

Desde los años 80 hasta la actualidad, la sexualidad y el abordaje del VIH/SIDA ha sido muy limitado, tanto en Chile como en otras partes del mundo. Esto se debe, en muchos casos, por el carácter prohibido o tabú de la sexualidad y también, al estigma asociado al VIH, lo que llevó a que por muchos años el abordaje del VIH y las personas viviendo con VIH fuera desplazado e invisibilizado. Esto generó que las políticas de prevención y detección del VIH fueran tardías e ineficientes.

En aquellos años hubo una fuerte asociación del VIH con hombres gays, quienes vivían con el virus y quienes también morían a causa de enfermedades oportunistas. De hecho, algunos medios de comunicación de la época catalogaron de manera denostativa el virus como ‘la peste rosa’, lo que generó un fuerte rechazo por parte de las organizaciones de la diversidad sexual y organizaciones que trabajaban en la prevención del VIH. Hoy en día sabemos que el VIH está concentrado, principalmente, entre hombres que tienen sexo con otros hombres (entre ellos, hombres gays, bisexuales y también heterosexuales). Sin embargo, sabemos también que todas las personas que se exponen a situaciones de riesgo o que tienen conductas sexuales riesgosas pueden adquirirlo.

En la Región de Antofagasta la situación es problemática. El año 2018 se confirmaron más de 315 casos, y en lo que va de 2019 hemos llegado a la cifra de un diagnóstico confirmado al día. Si comparamos esta cifra con las del año 2011, el aumento de los nuevos diagnósticos es de 124%. En total, a la fecha ya son más de 1.000 las personas con VIH que reciben tratamiento antirretroviral, y el Hospital Regional concentra a una gran proporción de personas que reciben atención en este centro asistencial.

Diversas causas podrían explicar esta realidad. Que la ley de educación sexual existente es insuficiente, no es un programa único centralizado e integral, sino que es una oferta programática que también incluye programas deficientes, con carga valórica y que promueven medidas de prevención que no son efectivas, como la abstinencia. Pero también hay poco uso del condón en la población chilena, el grupo etario que más lo usa son las personas jóvenes, llegando a un 22% según la última Encuesta Nacional de Salud de 2017. O también puede ser por campañas de prevención de VIH mal dirigidas, que no fueron enfocadas oportunamente a las poblaciones clave y solo apuntan a la promoción de la salud y muy poco a la prevención, entre otras.

Desde 2014 que un grupo de investigadores identificaron grandes falencias en la respuesta del VIH en Chile. Esto hizo que junto a un equipo multidisciplinario de jóvenes profesionales comenzaran a trabajar en la construcción de un proyecto social con foco en la educación para la prevención del VIH e ITS, en investigaciones que profundizan en las variables sociales relacionadas al VIH, en capacitaciones para equipos docentes y de salud, en intervenciones públicas desarrolladas en playas, parques, festivales, escuelas y concursos que promueven la prevención y autocuidado.

En la actualidad, la fundación ha logrado extender su trabajo a lo largo de nueve regiones del país, entre ellas Antofagasta, La Araucanía, y la Región Metropolitana donde se concentran sus equipos. También internacionalmente, siendo miembros del Foro de Países para el Desarrollo Sostenible, el Foro de Jóvenes por la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, e impulsores de compromisos internacionales como el Fast-Track Cities, que pone a ciudades de nuestro país al nivel de otras como París, Londres, Nueva York, entre otras.

La Fundación ha desplegado un equipo de voluntarixs en la región de Antofagasta desde comienzos de este año. Dicho equipo está conformado por profesionales y estudiantes universitarios de distintas áreas, desde salud, ciencias sociales, hasta ingeniería, y fue constituido con el fin de generar instancias para hablar sobre VIH y sexualidad, en ambientes seguros y libres de prejuicio.

Este equipo se ha propuesto enfrentar el VIH con urgencia en la región, y la respuesta a esta problemática debe abordarse desde el derecho a la salud, la igualdad de género, los derechos humanos, el empleo y la protección social. Deben enfrentarse, además, normas sociales rígidas, la exclusión social y derribarse barreras legales que obstaculizan los resultados en cuanto a salud y desarrollo.

No se puede poner fin a la epidemia sin satisfacer las necesidades de las personas que viven con VIH y que están afectadas por el virus, y sin abordar las cuestiones determinantes relacionadas con la salud y la vulnerabilidad. Las personas que viven con el VIH a menudo pertenecen a comunidades frágiles y son discriminadas y marginadas. Son víctimas de la desigualdad y la inestabilidad, por lo que sus preocupaciones deben ocupar un papel central en los esfuerzos por lograr un país desarrollado.

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