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	<title>Miguel Espinoza, filósofo &#8211; Diario Regionalista Antofagasta</title>
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	<description>Entérate de las últimas noticias de Antofagasta, Calama, Tocopilla, Taltal, San Pedro de Atacama, Ollagüe, Sierra Gorda, Mejillones y María Elena, ¡Somos tu voz en la Región de Antofagasta!</description>
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	<title>Miguel Espinoza, filósofo &#8211; Diario Regionalista Antofagasta</title>
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		<title>Columna internacional: Francia, una democracia enferma</title>
		<link>https://regionalista.cl/2022/04/columna-internacional-francia-una-democracia-enferma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Apr 2022 14:50:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Antofagasta]]></category>
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					<description><![CDATA[El 24 de abril del año en curso tuvo lugar en Francia la segunda vuelta...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El 24 de abril del año en curso tuvo lugar en Francia la segunda vuelta de la elección presidencial. Los dos finalistas fueron Emmanuel Macron y Marine Le Pen. El primero es el actual presidente quien se autocalifica «centrista», «pragmático», «de izquierda y de derecha», como si «el centro» y «el pragmatismo» no fueran moral y políticamente ideológicos, lo que es falso (véase <a href="https://regionalista.cl/columna-la-mascara-pragmatica-del-ultraliberal/">https://regionalista.cl/columna-la-mascara-pragmatica-del-ultraliberal/</a>). Nótese que quienes se autodefinen así abogan y votan sistemáticamente por las medidas preconizadas por la ideología moral, política y económica capitalista neoliberal.</p>
<p>Por su parte, la Sra. M. Le Pen pertenece a un partido político xenófobo, racista, y preconiza en consecuencia «la preferencia nacional» en todos los dominios. Esta xenofobia y racismo se aplica en Francia en particular a los descendientes de los migrantes de los países árabes quienes, en un principio, fueron atraídos por las empresas francesas como mano de obra barata. No se puede decir entonces que esas personas no se integren del todo a la vida del país, como mucha gente repite sin pensar, porque desde el comienzo fueron asimiladas a la economía capitalista francesa.</p>
<p>Canalizados por el determinismo histórico-social, estos descendientes de árabes son por lo general de religión musulmana, lo que los diferencia de la mayoría de los franceses no-árabes quienes, canalizados por su popio determinismo histórico-social, son cristianos. Es fundamentalmente a esta falta de identidad religiosa y cultural entre los dos grupos a la cual se refieren los nacionalistas cuando arguyen que los descendientes de árabes no se asimilan a las costumbres francesas. Así, la elección final que tuvieron los franceses este año, como en 2002 y en 2017, fue entre un candidato capitalista neoliberal y otro, racista xenófobo. Cada vez se eligió al primero.</p>
<p>Simbólicamente, E. Macron empezó su primer mandato en 2017 suprimiendo el impuesto sobre la fortuna, la contribución social de los ricos, lo que él reivindica y asume. Actualmente entre las primeras medidas simbólicas de su ideología está el aumentar el número de años de trabajo antes de tener derecho a la jubilación: pasará de 62 a 65 años. Es acaso necesario decirlo: esta medida disminuirá el periodo en que los jubilados vivirán en buena salud después de haber trabajado toda la vida. Otra medida simbólica de su mentalidad establece que quienes reciben la pensión de cesantía tendrán de todas maneras que trabajar, sea como sea, unas 20 horas semanales. Normalmente se imponen jornadas obligatorias a los delincuentes que cumplen una condena y se ve que en esto al presidente no le importa tratar de la misma manera a las personas sin trabajo.</p>
<p>Sería superficial mencionar una causa única o un número muy reducido de causas del triunfo de E. Macron. Una de ellas es que, al parecer, las necesidades básicas de las personas pobres están provistas de una u otra manera, no han alcanzado todavía el límite de lo soportable. Francia es uno de los países más ricos y el concepto de pobreza, siendo relativo, los pobres, por decirlo así, consiguen alimentarse.</p>
<p>Otra causa del triunfo de este hombre es la gran influencia de los medios de comunicación social. Están en Francia poseídos por un número sumamente reducido de personas multimillonarias. Como en todas partes, la gente mentalmente humilde se deja condicionar por la propaganda capitalista neoliberal.</p>
<p>Otra causa de la enfermedad de la democracia francesa que permitió esta elección es el estado actual de la educación. Cuesta entender que este país se encuentre en tal situación mientras ha sido una de las naciones políticamente mejor educadas del mundo. Naturalmente sería erróneo e indigno lanzar la piedra contra los profesores, son ellos personas competentes y con las mejores intenciones de generosidad. Cada profesor enseña bien su especialidad. Eso es enseñanza. Pero la educación es otra cosa. Depende de un proceso histórico y social global que incluye a la familia y al entorno natural y humano. La enfermedad moral y política de Francia es sobre todo la decadencia del entorno social.</p>
<p>Esta decadencia humana se manifiesta claramente en la distinción tan nítida entre las clases sociales. Al lado del estrato compuesto por quienes sobreviven satisfaciendo la necesidades humanas básicas, están, por una parte, la élite económica y la clase media burguesa. Estas personas hoy en día ya no son sensibles al sufrimiento ni a los males de la sociedad. Tanto la élite económica como la clase media alta piensa en silencio o dice en voz baja los insultos que E. Macron dirige a los pobres en voz alta — no, no es exageración. Según el presidente reelegido (las comillas indican citaciones) los pobres lo son porque «no son nada», porque «son analfabetos», «flojos», «alcohólicos»; los hay que son cesantes «porque no quieren atravesar la calle para encontrar trabajo», etc. La lista de insultos es larga. Según él, «todos los jóvenes deben soñar con ser multimillonarios»: ¿hay acaso un mejor símbolo capitalista neoliberal? (Véase <a href="https://regionalista.cl/columna-el-capitalismo-neoliberal-cancer-de-la-humanidad/">https://regionalista.cl/columna-el-capitalismo-neoliberal-cancer-de-la-humanidad/</a>).</p>
<p>Desde un punto de vista filosófico tal mentalidad no es solo inmoral, es también factualmente errónea. Se cree que todo lo que uno hace y todo lo que a uno le sucede resulta de una libertad individual absoluta, fundamento de toda culpa y de todo mérito. Por eso los pobres lo son por culpa de ellos, mientras que los ricos herederos merecen heredar, así como merecen su riqueza quienes tienen, ¿por voluntad propia? algún talento. El determinismo físico, biológico, psicológico, social y cultural no existe para los capitalistas neoliberales. Por eso el que nació pobre tiene que arreglárselas solo, sin mirar alrededor (véase <a href="https://regionalista.cl/columna-la-libertad-una-necesidad-interiorizada/">https://regionalista.cl/columna-la-libertad-una-necesidad-interiorizada/</a>).</p>
<p>Mencioné las diferencias nítidas entre las clases sociales. Que no se piense entonces que una de las ideas centrales del marxismo, a saber la percepción de la sociedad en términos de categorías de clase tal como son definidas en relación con los procesos económicos, es falsa. Luego está la lucha de clases, tan visible en Francia. Situación indigna cuando se sabe que esta nación ha sido un país modelo desde el punto de vista de la solidaridad: globalmente, todos los gastos de salud y de educación son cubiertos por el Estado protector, así como parte de los gastos de alojamiento en el caso de las personas más pobres. Y «cubierto por el Estado protector» significa «por la distribución de los impuestos recaudados». De ahí lo inmoral de suprimir o de reducir los impuestos pagados por los más ricos.</p>
<p>Nótese que en Francia, como en otros países, el progreso social, salvo excepción, no se debe tanto a la iniciativa política sino más bien a las luchas sindicales, a las huelgas, a las manifestaciones enérgicas. La grave tarea moral y social que enfrenta Francia ahora es asegurar la mantención de lo socialmente obtenido gracias a tantas luchas de la población. E. Macron ataca la esencia de Francia porque disminuye el valor y el alcance de los poderes públicos. Su ideal es el mundo regido por lo privado como el de los EEUU. Así, no es ilógico pensar que en este país aumentarán las huelgas y las manifestaciones más o menos violentas.</p>
<p>Además que el actual presidente es uno de los peor elegidos. El número de personas que de hecho votó a favor de sus medidas anti-sociales es relativamente reducido. Si se adicionan el porcentaje de abstención, de votos en blanco y de quienes votaron por él para impedir la elección de la candidata racista y xenófoba, resulta que este porcentaje es superior al voto pro-macron. Otro gran ejemplo de ausencia de democracia: en este país hay una disposición constitucional que permite al presidente imponer su decisión personal sin tener cuenta de la opinión del Parlamento, y el presidente no se prohibirá el recurso a tal medida. Como era de esperar, casi todos los dirigentes europeos, capitalistas neoliberales como él, le felicitaron efusivamente: Europa continuará como antes.</p>
<p>Uno se pregunta cuánto tiempo más las personas que ignoran la política pensando que nada cambia seguirán somnolientas, al cabo de cuánto tiempo los desorientados empezarán a votar efectivamente por quienes velan por sus intereses. Esta vez quien cumplía con creces esta condición humanitaria es el izquierdista Jean-Luc Mélenchon. Terminó en tercer lugar.</p>
<p>«Toda nación tiene el gobierno que merece»: en eso, y solo en eso, tuvo razón Joseph de Maistre (1753 – 1821), reaccionario y contrarrevolucionario, enemigo acérrimo de las ideas de la Ilustración y de la Revolución Francesa.</p>
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		<title>Columna: Vida y sabiduría</title>
		<link>https://regionalista.cl/2021/08/columna-vida-y-sabiduria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Aug 2021 17:43:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Una característica propia de todo ser vivo, del virus al hombre, comparado al ser inerte...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Una característica propia de todo ser vivo, del virus al hombre, comparado al ser inerte como un grano de arena o una estrella, es que el ser vivo, desde que comienza a existir, forzado como está a luchar a cada instante contra la muerte, es capaz de una cierta espontaneidad, de aprender. Y el aprendizaje es irreductible a la lógica, a la física y a la química. Es imposible vivir sin ser original. La vida no se refiere a lo que el ser ya es sino a lo que no es todavía. El ser vivo concierne la innovación y depende, para existir, de la capacidad de llegar a ser diferente.</p>
<p>Al conjunto de propiedades mencionadas del ser vivo hay que agregar esta otra, tan suprema como las anteriores, a saber, que la vida es un proceso contradictorio en su raíz: puesto que desde su concepción el ser vivo está marcado por la capacidad de morir a todo instante, vive luchando contra la muerte. La creación, la innovación, el aprendizaje, la búsqueda de algo diferente, están determinados por la causa final suprema, por el <em>conatus</em>, por la necesidad de seguir viviendo y de la mejor manera.</p>
<p>Esta discordancia y desarmonía, vivir luchando contra la muerte, llega a ser trágica con la emergencia de la conciencia, en particular y en grado sumo, con la emergencia de la conciencia humana, reflexiva e individual. Cómo no preguntarse entonces para qué sirve la conciencia humana, este conocimiento del conocimiento. Cuál es su ventaja selectiva. Qué se gana con ella. «La naturaleza parece haberlo orientado todo hacia la individualidad y nada le importan los individuos. Construye siempre y siempre destruye, y su taller es inaccesible» (Goethe). «Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente» (Rubén Darío).</p>
<p>Según la teoría de la evolución, las entidades y los procesos que se estabilizan lo consiguen, en parte, porque permiten acomodarse a los cambios del entorno para seguir viviendo. Sin embargo, al revés, el conocimiento y la reflexión humanos han hecho que el hombre sea el único animal constructor de armas capaces de destruir el planeta y sus habitantes, incluyéndose.</p>
<p>Esta visión de la vida como un proceso contradictorio, inarmónico y trágico obliga a considerar la manera en que la sabiduría es susceptible de contribuir a hacerla vivible. La sabiduría, el nombre más antiguo de la filosofía, se compone de valores cognitivos, morales y estéticos. De ahí que desde la Antigüedad más alta, tanto en Occidente como en Oriente, la sabiduría comprende el conocimiento, el comportamiento moral y la apreciación estética. El sabio es quien sabe cómo son las cosas y por qué causas son como son. Sabe qué comportamiento moral conviene adoptar en qué circunstancias, en particular y aunque no exclusivamente, para mejorar la calidad de la vida, y actúa conforme a él. El sabio favorece el desarrollo de las propiedades estéticas que mejoran la imaginación, la percepción, la experiencia sensible, optimizando así la calidad del espíritu humano. Debido a la experiencia acumulada durante su larga vida no es entonces extraño que las personas mayores tiendan a ser más sabias que las más jóvenes.</p>
<p>En todas las tradiciones y épocas la sabiduría comporta una dimensión teórica y una dimensión práctica. No se trata solo de conocer de manera teórica, moral y estética qué es lo mejor, sino también, y necesariamente, de poner en práctica ese saber, de actuar de acuerdo a él. Desde Sócrates hay una tradición que supone la imposibilidad de saber y de actuar mal, suposición tantas veces contradicha por la experiencia. Ese problema pertenece a la psicología y a la medicina. Por ejemplo se considera hoy en varios países que al menos un quinto de la población encarcelada requiere más bien un tratamiento psiquiátrico en un hospital. Dicho eso, quienes postulamos un determinismo causal universal pensamos que todo aquel quien, previendo las consecuencias de su acto hace daño, actúa de esa manera canalizado por una serie de causas naturales múltiples y variadas, algunas inconscientes, que no controla.</p>
<p>Una mirada, incluso superficial, sobre lo que hace el ser humano en las diferentes sociedades, y en particular hoy en las más burguesas y ricas, revela la distancia infinita que separa el comportamiento ordinario de las personas, sobre todo aquel de las más poderosas, con el comportamiento calificable de sabio. Tal vez en toda época el hombre piensa que, desde el punto de vista de la sabiduría, la suya es la peor, y supongo que no soy el único en imaginar que la nuestra es una de las peores. Es como si el progreso de la riqueza material fuera inversamente proporcional al progreso de la sabiduría. Basta abrir los ojos para ver lo que en nuestra sociedad hace la gente con su dinero, con su tiempo libre; para ver la grave degradación de la estética y del arte desde comienzos del siglo 20, consecuencia, en gran parte, de la influencia mundial de los EEUU. Y en Francia, por ejemplo, moral y políticamente, se observa que mientras varios futbolistas ganan millones de euros mensuales, el país, en sus regiones no europeas, presenta un personal hospitalario agotado y debiendo elegir, en tiempos de pandemia, a quiénes se les salva la vida por falta de especialistas y de los medios técnicos necesarios.</p>
<p>Hay varias doctrinas sobre la sabiduría y me detengo en la estoica. No existe concepción de ella y del sabio más natural y exigente que la estoica. Concepción natural: la naturaleza está causalmente determinada y sería entonces insensato oponerse a ella. Lo que se impone es aceptarla serenamente, como se debe afrontar la muerte. La actitud estoica le hace pensar a uno que en ese momento las entidades y los procesos que una vez confluyeron para hacer brotar un ser vivo se desorganizan siguiendo canales causales diferentes. Así, por ejemplo, los elementos fisicoquímicos que en el cerebro consciente obedecían también las leyes de la psicología y de la lógica, al desorganizarse siguen sólo las leyes de la física y de la química. El hombre no tiene un espíritu que escapa al orden causal natural y capaz, en consecuencia, de gobernar libremente las cosas. El estoico, al aceptar serenamente el curso causalmente determinado de la naturaleza, es la única persona libre, lo que yo interpreto diciendo que la libertad es la necesidad causal interiorizada.</p>
<p>El estoicismo, lo decía, es una concepción exigente de la sabiduría. Los estoicos lo sabían: su ideal es casi inalcanzable y entre los ejemplos que daban de quienes lo han alcanzado no faltan los personajes míticos, los superhombres como Hércules. Según los estoicos, todos los hombres son malos e insensatos —hoy agregarían tal vez que son ignorantes pudiendo no serlo— y el progreso hacia la virtud no significa que se sea sabio.</p>
<p>Ahora bien y por mi parte, primero, estoy convencido de que hay que reconocer la verdad y el carácter edificante de varios componentes esenciales del estoicismo. Me refiero al determinismo causal, a la idea de la libertad en tanto que necesidad interiorizada y a la actitud consistente en afrontar el rigor de la vida con serenidad. Segundo, propongo que se corrija el sentido y la cuantificación de la proposición estoica según la cual todos los hombres son malos e insensatos, y que el progreso hacia la virtud no significa que se sea sabio. Yo diría: buena parte de la humanidad, no toda, en particular aquella compuesta por personas en quienes domina la facultad psicológica de la voluntad, las ansias de poder, sea cual sea el ámbito, son más aptas a cometer maldades para llegar a sus fines que quienes están dominados por la reflexión, la imaginación, el intelecto, la búsqueda del saber, la apreciación estética de las entidades y procesos. La razón es que en quienes predominan las facultades diferentes de la voluntad se valora el significado intrínseco de las cosas. No son consideradas como medios en vistas de un fin.</p>
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		<title>Columna: El capitalismo neoliberal, cáncer de la humanidad</title>
		<link>https://regionalista.cl/2021/03/columna-el-capitalismo-neoliberal-cancer-de-la-humanidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Mar 2021 01:16:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Esta breve nota no está escrita por un especialista en economía ni por un filósofo...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Esta breve nota no está escrita por un especialista en economía ni por un filósofo de la ética y de la política. Emana de la preocupación ciudadana de alguien que ve los estragos producidos por la forma de vida y de gobernar que le toca vivir. «Hombre soy, nada humano me es ajeno» (Publio Terencio Africano).</p>
<p>Es consabido que el capitalismo, prolongado hoy por el neoliberalismo, es el régimen económico fundado en la apropiación privada de los medios de producción. El capitalismo clásico dejaba al Estado algo de libertad para organizar ciertos aspectos esenciales de la sociedad. Sin embargo, con la anexión del neoliberalismo, esta posibilidad se aniquiló.</p>
<p>El capitalismo se distingue de las otras formas sociales de organización por el hecho de que para él, el capital es su propia finalidad. De acuerdo a Karl Marx (1818 — 1883), una sociedad se impregna de capitalismo cuando todas las relaciones naturales se transforman definitivamente en relaciones de dinero. Adam Smith (1723 — 1790) y los teóricos del liberalismo de los siglos 18 y 19 pensaron que es imposible para las naciones enriquecerse sin la libre regulación del mercado, como si tal o cual forma de mercado fuera algo natural, sin otra opción, y no como lo que evidentemente es: una construcción social elaborada y determinada por ciertos objetivos e intereses específicos.</p>
<p>A partir de la segunda mitad del siglo 20 el capitalismo neoliberal asimiló esta vez el poder de los mercados financieros. Los accionistas, en nombre del gobierno de las empresas, demuestran su astucia —dinero obliga— para rentabilizar rápida y eficazmente las inversiones financieras. Se conocen las consecuencias de este capitalismo patrimonial. Entre ellas, el progreso de las ganancias con las acciones es sin medida común con el estancamiento de los sueldos de los trabajadores.</p>
<p>Nada raro entonces que desde los siglos 18 y 19 los pensadores socialistas —me refiero a los verdaderos socialistas clásicos y no a los pseudo-socialistas actuales— hayan dedicado tanta fuerza y tiempo atacando a un sistema moral, social y económico culpable de generar tanta miseria y desigualdad entre las personas (la parte de ciencia humana que tiene la economía no existe fuera de una filosofía moral y política).</p>
<p>Para el capitalismo, decía, el capital es su propia finalidad. Por eso los ricos son insaciables. Nunca tienen suficiente. En esta ideología el ser humano, en tanto que entidad social dotada de sentimiento, de voluntad, de inteligencia, de valores estéticos y morales, no cuenta. Lo importante es su valor individual productivo. Los industriales reemplazan tantos trabajadores por robots cuanto les es posible porque entre muchas otras ventajas —lo reconocen abiertamente con una abismante falta de empatía— estos esclavos eléctricos de metal y de plástico trabajan día y noche sin enfermarse, sin vacaciones ni jubilación pagadas, y no forman sindicatos destinados a mejorar su forma de vida.</p>
<p>Será fácil para los lectores imaginar o recordar ejemplos de estas ignominias capitalistas. El que viene a continuación no está imaginado sino que se trata de un hecho trágico actual. Me refiero a la situación en Francia, país donde vivo. Se sufren las consecuencias del colmo de la ideología según la cual el libre mercado es todopoderoso y lo mejora todo. Ante la pandemia y desde hace más de un año, no solo no se ha previsto ni planificado nada sino que, entre otras cosas, no se ha hecho nada para mejorar los servicios hospitalarios. Al contrario, se han disminuido cupos para acoger a los pacientes y no se ha formado urgentemente más personal competente para tratarlos.</p>
<p>La situación de los hospitales es catastrófica. Hay pacientes cancerosos que sufren el martirio esperando operaciones o trasplantes pospuestos una y otra vez porque se considera que los afectados por el Covid-19 son prioritarios cuando la vida está en peligro. Los médicos tienen que fijar criterios para saber qué pacientes intentan salvar y quiénes no. Puesto que la salud y la educación le quitarían algo más de dinero a los adinerados por intermedio de los impuestos si estos se aumentaran, los ricos no solo aprecian que sus impuestos no aumenten sino que, además, disminuyan. Y en efecto, el presidente Macron suprimió el impuesto sobre la riqueza.</p>
<p>La Francia capitalista neoliberal sigue «estando desnuda en tiempos del coronavirus», como lo escribí en una columna de este periódico hace un año. Tendría que agregar «desnuda y moribunda». Vergüenza universal para el país que vio nacer a Louis Pasteur: no ha sido capaz de producir una vacuna. Sexto país más rico del mundo y no hay suficientes vacunas (eufemismo). La vacunación está sumamente atrasada con respecto a muchos otros países. Por razones ideológicas no se han comprado diferentes marcas para poder elegir. Y para que los dueños y accionistas de las industrias farmacéuticas sean aún más ricos, varias grandes industrias, que hasta hace poco eran pioneras mundiales, ya no están en este país, razón por la cual no hay ni autonomía ni control de lo necesario para satisfacer las demandas de medicamentos.</p>
<p>Este ejemplo francés ilustra lo que quiero decir cuando afirmo que el capitalismo neoliberal es el cáncer que está matando a la humanidad. Hay quienes piensan que la pandemia, y lo que le ocurre hoy a la naturaleza como consecuencia de nuestro comportamiento, hará reflexionar al ser humano. Abrirá sus ojos y verá la catástrofe, lucidez que le orientará hacia otra forma de vida. Que se me permita no compartir este optimismo siendo testigo del hecho de que Francia, país eminentemente culto y consciente de las diferentes ideologías políticas, eligió como presidente, democráticamente, a este joven banquero Macron, robot capitalista neoliberal creado a imagen y semejanza del mundo de las finanzas.</p>
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		<title>Columna internacional: Francia desnuda en tiempos del coronavirus</title>
		<link>https://regionalista.cl/2020/04/columna-internacional-francia-desnuda-en-tiempos-del-coronavirus/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Apr 2020 20:46:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Desde hace casi cuatro décadas, Francia ya no es el país socialmente bien organizado y...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace casi cuatro décadas, Francia ya no es el país socialmente bien organizado y altamente industrializado que fue desde la Segunda Guerra Mundial. Los ideales revolucionarios de «Libertad, Igualdad, Fraternidad» ya no guían ni a los gobiernos ni a los empresarios. Los gobiernos capitalistas y ultraliberales sucesivos han estado típicamente convencidos de que el libre mercado decide siempre de todo y de la mejor manera.</p>
<p>Son gobiernos para quienes el ser humano es ante todo un homo economicus, un sujeto concebido por el análisis económico como un ser que actúa de manera perfectamente racional para maximizar sus pertenencias. Se entiende entonces que estos gobiernos, por una parte, hayan declarado la guerra al Estado protector y regulador, y por otra, hayan animado a los empresarios a deslocalizar las empresas buscando en otros países la mano de obra más barata posible.</p>
<p>La noción de bien común, de solidaridad, no está en el horizonte capitalista, y las actuales declaraciones del sindicato de empresarios no sorprenden a nadie, son una excelente ilustración de lo afirmado. Tal sindicato quiere exigir a los trabajadores pagar el coste de la pandemia aumentando el número de horas laborales semanales, disminuyendo los sueldos y disminuyendo el período de vacaciones. Esta ignominia tiene la ventaja de expresar, con toda la pureza deseada, la ideología que la anima.</p>
<p>El lector ya conoce o ya adivina el resultado. Ante una pandemia como la que estamos viviendo, Francia, cuyos primeros casos fueron identificados antes de fines de enero, se encuentra en una situación indigna del quinto país más rico del mundo. Hoy, 12 de abril, hay 7.000 enfermos graves en reanimación y 14.000 muertos. Puesto que desde hace años se ha estado disminuyendo el presupuesto dedicado a la salud, al equipamiento de los hospitales, a la contratación de personal de la salud, Francia está desnuda.</p>
<p>Hay insuficiente personal en los hospitales. Insuficiente número de piezas equipadas para los casos más graves. Casi no hay exámenes médicos para determinar quiénes están hoy contaminados y quiénes no. No hay mascarillas ni siquiera para el personal de la salud. No hay suficientes medicamentos de base porque las industrias farmacéuticas francesas los producen en el extranjero.</p>
<p>Así, al país que vio nacer a Louis Pasteur, Émile Roux, Claude Bernard y a tantos otros biólogos y médicos eminentes -la lista es larga- lo único que le queda por hacer hoy es la acción, sumamente primitiva, de aislar a la población. Estamos en confinamiento total desde hace casi un mes, desde el 19 de marzo, y al parecer durará al menos un mes más, esperando que la pandemia pase. Sin embargo no se sabe cómo la situación mejorará, porque no se sabe qué pasará cuando todo el mundo empiece a salir a la calle con la cara desnuda, sin mascarilla. Es y será entonces imposible en estas condiciones ayudar con los medios necesarios y financieramente al menos a los países africanos, hermanos francófonos, como sería de esperar.</p>
<p>Lo razonable sería planificar debidamente la salida del aislamiento, pero la planificación es una estrategia ideológicamente contradictoria con el conjunto de categorías que definen el capitalismo. En efecto, el hecho de imaginar un método de gran amplitud para obtener un objetivo específico es incompatible con el corto plazo y el puntillismo que determina el funcionamiento del mercado en todo orden de cosas. Habría que reindustrializar el país, repatriar muchas empresas importantes y nacionalizar, aunque sea solo durante los períodos críticos, las industrias y empresas indispensables para la vida del país.</p>
<p>Pero se trata de decisiones incompatibles no solo con la mentalidad capitalista sino también con la globalización, es decir con la implantación mundial del modo de ser de los EEUU. Y si Francia está desnuda ante el Coronavirus COVID-19, EEUU deja ahora ver su esqueleto.</p>
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		<title>Columna &#124; Chile, modelo del capitalismo</title>
		<link>https://regionalista.cl/2019/10/columna-chile-modelo-del-capitalismo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Oct 2019 06:30:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace unos días un amigo estadounidense de juventud me mostró un artículo del Washington Post...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días un amigo estadounidense de juventud me mostró un artículo del <em>Washington Post</em> donde se hablaba de Evo Morales, y en un pasaje el periodista menciona a Chile, «el modelo latinoamericano del éxito del capitalismo. . .  un país que reina en la región al tener la economía más rica y estable». En mi respuesta le decía que el hecho de que sea uno de los países con mayor desigualdad socioeconómica del mundo no conmueve a ningún capitalista porque filosóficamente consideran que la competición y la desigualdad, en todo orden de cosas, es natural y que no se puede hacer nada contra esa «realidad».</p>
<p>Curiosa coincidencia: Al día siguiente de este intercambio con mi amigo, Chile empezó a vivir su situación dramática actual. Ya hay casi veinte muertos, miles de heridos y varias denuncias de torturas. El Presidente S. Piñera impuso el estado de emergencia, el toque de queda y declaró que el país estaba en guerra. Lo apenas implícito es que, según él, en esta guerra están involucrados, por una parte, el gobierno, los partidos políticos de derecha y de extrema derecha, la policía y el ejército, y frente a ellos, por otra parte, los manifestantes y los partidos políticos de la oposición. Durante el siglo 20 Chile ha empleado la fuerza militar más a menudo contra los chilenos que contra eventuales países enemigos: ¿será esa también otra propiedad notable que hace de Chile una nación modelo?</p>
<p>Los más jóvenes comparan las imágenes actuales de la represión de los manifestantes con aquellas captadas durante la dictadura militar del General Augusto Pinochet: las semejanzas saltan a la vista, y quienes ya eran adultos en esa época comparan lo vivido hoy con las trazas del pasado.</p>
<p>En Chile, como ocurre en los países ultraliberales, los medios de comunicación de masas más influyentes -y lo son porque tienen los recursos financieros más elevados- denuncian los actos violentos cometidos por los manifestantes, la destrucción de algunos sitios. Omiten sistemáticamente la explicación, la descripción de la causa: la extraordinaria desigualdad social y económica que caracteriza a los países ultraliberales. Esta omisión sistemática define tales medios de comunicación y, en efecto, es la razón por la cual los acontecimientos actuales aparecen a tanta gente, dentro y fuera del país, como una explosión espontánea sin aproximaciones sucesivas, sin ningún signo temprano, sin señal de alarma. Las causas de los actuales acontecimientos son profundas y vividas desde hace mucho tiempo, pero han estado silenciadas y desvirtuadas por tales medios. Se entiende: su misión principal es la propaganda ultraliberal y la mantención del <em>statu quo</em>.</p>
<p>Es de esperar que lo que está ocurriendo invite a las personas a pensar, entre tantas otras cosas de filosofía moral y política, las nociones de propiedad privada y de violencia. Se dirá tal vez que dada la situación actual se trata más bien de actuar que de pensar, pero toda acción debe ser lúcida, lo que se consigue pensando. Y el ser humano, gracias a su aparato simbólico, a la memoria y a la imaginación, es capaz de tomar distancia de los estímulos antes de reaccionar (compare esta distancia con la casi-inmediatez del comportamiento animal).</p>
<p>Nótese por ejemplo que, desde un punto de vista moral, no todas las clases de propiedad privada se equivalen. No es lo mismo la propiedad privada fruto del trabajo personal y aquella que está fundada sobre el trabajo de los otros. Los capitalistas construyen su propiedad privada, su riqueza, como los parásitos, aprovechando el trabajo de los otros. No hay que olvidar que la propiedad fundada sobre el trabajo de los otros, dice K. Marx, es la antítesis de la propiedad privada gracias al trabajo personal, y que sobre la tumba de esta crece aquella. La manera canónica de desarrollar la propiedad fundada sobre el trabajo de los otros es la posesión de los medios de producción, y de ahí la necesidad de socializarlos. Esta socialización no sería necesaria si no fuera porque para los capitalistas, típicamente, el aumento de la riqueza personal cuenta más que la vida humana — mire alrededor.</p>
<p>En la Antigüedad, Aristóteles definió el acto violento como aquel que contraría el curso natural de una entidad o de un proceso. Quien lanza una piedra al aire, desnaturaliza su curso puesto que las piedras caen. Análogamente, en los asuntos humanos, el acto violento mayor es aquel que impide al ser humano desarrollar sus capacidades en tanto que persona. Esta violencia puede estar socialmente tan bien condicionada por el poder político, que algunos, o tal vez muchos según las circunstancias, no se dan cuenta de la violencia que se ejerce sobre ellos. Para algunos esclavos su estado era normal. ¿Se explicará así que entre los candidatos a la presidencia chilena con mayor opción para las próximas elecciones estén dos políticos aún más ultraliberales y nostálgicos de la dictadura que varios de los gobernantes actuales? Los especialistas en ciencias humanas y en filosofía moral y política están aquí ante un tema de estudio enigmático.</p>
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		<title>Columna: Elogio del internacionalismo</title>
		<link>https://regionalista.cl/2019/08/columna-elogio-del-internacionalismo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Aug 2019 13:33:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[La migración es un proceso natural, existente desde que nuestros ancestros se pusieron de pie...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">La migración es un proceso natural, existente desde que nuestros ancestros se pusieron de pie y empezaron a caminar. Se sabe hoy, gracias al examen del ADN de Neandertal, que Sapiens realizó migraciones precoces fuera de África. El estado sedentario es una etapa posterior, que cada grupo revisa periódicamente. Lo anterior significa que la existencia de fronteras nítidas entre los grupos o pueblos es la consecuencia sofisticada de una ideología moral, social y política. Si el lector mira, aunque sea superficialmente, el mapa actual de África, verá que muchas de las fronteras entre los países fueron trazadas con regla y compás, resultado de las negociaciones entre los grupos de poder interesados.</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">Es en el plano ideológico que hay que situar y discutir primariamente las situaciones correspondientes a los nacionalismos y a las migraciones. Los aspectos financieros o económicos son secundarios. Las consecuencias de la idea de nación cerrada por fronteras son numerosas y nocivas. El nacionalismo trata al grupo nacional como una esencia definida por un conjunto de características étnicas, culturales y sociales. Se llega así a vincular un grupo nacional al Estado-nación.</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">El cierre de las fronteras al que proceden hoy tantos países se justifica, así se cree, por razones económicas o financieras. Ahora bien, la economía sola no existe, es una variable de la moral. El sentido de la economía, en tanto que tecnología humana, está determinado por su sitio dentro de un sistema de valores. Es lo que la cultura filosófica permite asimilar en las enseñanzas tempranas de los grandes pensadores griegos, bases de nuestra civilización occidental.</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">Mida el lector, al leer las líneas que siguen, la inmensidad de la distancia que separa las ideas de los pensadores que menciono y la situación ideológica del mundo actual. Platón elabora una reflexión sobre la justicia social y la organización económica e insiste en la necesidad de establecer la igualdad de las fortunas (Las Leyes, 737-747). Aristóteles, en su reflexión, da a la economía un espacio más vasto que Platón. Ambos condenan el gusto por el provecho y la acumulación de riquezas. Para el estagirita, la acumulación del dinero como un fin en sí es condenable y anti-natural. Para describir esta actividad deshumanizadora retoma el término crematística, acuñado por Tales de Mileto. Aristóteles valoriza la agricultura y los oficios que fundan una economía natural. La finalidad de los intercambios y del dinero, en la economía natural, es la satisfacción de las necesidades de cada persona. Y hay que considerar incluso los intercambios monetarios como ocasiones suplementarias para fortalecer los vínculos sociales: lo natural y lo humano, primero que todo (Aristóteles, Ética a Nicómaco y La Política).</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">El nacionalismo es una ideología y el capitalismo ultraliberal es otra. Sin embargo es imposible negar sus vínculos. El nacionalismo es exacerbado por la ideología capitalista donde todo es guerra competitiva, y por el condicionamiento mental que esta ideología consigue efectuar en la mayoría de la gente mediante sus poderosos medios de comunicación de masas. Este condicionamiento mental impide que las personas sean capaces de ver otra cosa que la competencia entre las naciones y los individuos. Sería imposible exagerar la importancia del hecho de que ambas ideologías, el nacionalismo y el capitalismo, se empeñan en hacer desaparecer los intereses comunes de la humanidad.</p>
<p>Que me permita el lector sugerirle algunas lecturas: textos sobre el cosmopolitismo, idea de la Grecia antigua; el libro de E. Kant Hacia la paz perpetua; los escritos de K. Marx sobre el internacionalismo de los trabajadores: ¡Trabajadores del mundo, uníos!»; textos sobre el colectivismo y sobre el universalismo republicano francés: «Libertad, Igualdad, Fraternidad». «Esta idea de fronteras y de naciones me parece absurda, dice J.L. Borges. Lo único que puede salvarnos es ser ciudadanos del mundo» (Le Monde diplomatique, agosto de 2001, p. 24).</p>
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		<title>Columna: La fuente natural del pensamiento simbólico</title>
		<link>https://regionalista.cl/2019/08/columna-la-fuente-natural-del-pensamiento-simbolico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Aug 2019 18:38:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[El pensamiento es la actividad psíquica de los seres dotados de conciencia, y de manera...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">El pensamiento es la actividad psíquica de los seres dotados de conciencia, y de manera más restringida, el pensamiento es el conjunto de funciones psíquicas y psicofisiológicas cuyo objetivo es el conocimiento. Es a este sentido más específico al que me refiero en esta nota cuando menciono el pensamiento simbólico. Luego el lenguaje es la facultad que poseen los humanos y los animales de comunicar entre ellos su pensamiento mediante un sistema de símbolos. Y el símbolo, por su parte, es un signo cuyo vínculo con lo simbolizado puede ser más o menos natural, más o menos convencional.</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">En todo sistema conviene distinguir los símbolos fundamentales y universales de los derivados y particulares. En nuestro sistema de símbolos compartido con los animales superiores, animales dotados de un cerebro consciente que les permite tener una representación del entorno, los símbolos fundamentales y universales son las nociones de objeto estable, de propiedad, de cualidad, de cantidad, de relación, de causalidad, de espacio y de tiempo. Y se entiende por qué estos símbolos o conceptos son fundamentales y universales: nuestro mundo está hecho de objetos estables, duran al menos un cierto tiempo en algún sitio u otro. Los objetos tienen propiedades y relaciones. Y entre las relaciones sobresalen las causales: la naturaleza es un tejido compacto de causas múltiples y variadas. Por eso, en todo pensamiento humano o animal, en todos los diferentes idiomas, existe lo equivalente a esa serie de símbolos fundamentales y universales. Sin esas nociones el animal no podría aprender nada ni sobre sí mismo ni sobre el entorno, y sin ese aprendizaje no podría vivir.</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;size&quot;:12}">Se entiende entonces que sea imposible sentir simpatía por las doctrinas anti-naturalistas y anti-realistas que separan el pensamiento simbólico de la naturaleza como si el lenguaje fuera esencialmente una invención humana arbitraria. Antes del pensamiento simbólico humano con su lenguaje característico existieron las cosas naturales, el entorno al cual el hombre debe adaptarse para vivir. Y como la conciencia simbólica es lo último que aparece en el organismo, es ella la entidad y función más condicionada por las cosas y por las causas naturales de todo lo que existe en el mundo conocido.</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">La génesis de la intuición, del pensamiento, de las categorías fundamentales está determinada por la naturaleza de las cosas y por nuestra necesidad de vivir. No hay en los símbolos nada que, siendo indispensable para vivir, sea convencional. El aprendizaje y el empleo de las intuiciones y de los conceptos primordiales son, decía, operaciones que compartimos con los animales superiores, y en las actividades que no requieren de la conciencia, son operaciones que compartimos también con los vegetales. Sin este realismo naturalista en la formación del pensamiento simbólico, la idoneidad de los conceptos fundamentales para vivir sería un milagro continuado en todo tiempo y en todo lugar — inverosímil.</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;ff&quot;:&quot;Microsoft Sans Serif&quot;,&quot;size&quot;:12}">En otro contexto y por otras razones, Teófilo dice a Filaleteo: «Creo que lo arbitrario se encuentra solamente en las palabras y nunca en las ideas» (Leibniz, Nouveaux essais sur l’entendement humain, Livre III, París, 1842, p. 226).</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;size&quot;:12}">Considero la verdad como la adecuación entre el pensamiento y las cosas. Ahora bien, la cima de la adecuación, y por lo tanto de la verdad, la ocupa la adecuación del pensamiento con lo necesario para vivir. Por eso el escepticismo y el solipsismo, así como las formas de idealismo, de subjetivismo y de relativismo que tienen una carga escéptica o solipsística, son juegos intelectuales con los que uno puede entretenerse mientras piensa sin actuar, o en la sala de clase mientras se enseñan esas doctrinas. Pero en el momento de actuar o una vez terminada la clase, empiezan las conversaciones con lo que eso supone: el reconocimiento de las otras personas y la comunicación eficaz. Y si uno está en el sexto piso del edificio, para bajar se toma el ascensor o la escalera (y no la alternativa trágica).</p>
<p class="zw-paragraph" data-textformat="{&quot;size&quot;:12}">Los animales y los humanos pueden vivir anticipando lo que les sucederá gracias a la uniformidad de la naturaleza. La uniformidad está asegurada de manera eminente pero no exclusiva 1° por la acción de causas múltiples y diversas, 2° por la recurrencia, más o menos idéntica, de las cualidades de las cosas, y 3° por las analogías, por la recurrencia de proporciones. Sin uniformidad natural no hay generalización, no hay inducción, ni, por lo tanto, aprendizaje. Una de las concepciones de la causalidad se expresa así: aproximadamente las mismas causas producen aproximadamente los mismos efectos por traslación en el espacio y en el tiempo. Los animales, decía, también lo saben y lo suponen oportunamente, lo que les permite seguir viviendo.</p>
<p>«Si es poeta y quiere escribir un poema sobre los árboles, se adentrará en el bosque para que los árboles le sugieran las palabras apropiadas. Así para el poeta los árboles son los símbolos, y las palabras, el significado». A.N. Whitehead.</p>
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		<title>Columna: La máscara pragmática del ultraliberal</title>
		<link>https://regionalista.cl/2019/05/columna-la-mascara-pragmatica-del-ultraliberal/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 May 2019 19:16:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[Ante los debates y declaraciones políticas, el observador lúcido se sorprende ante la oposición sistemática...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ante los debates y declaraciones políticas, el observador lúcido se sorprende ante la oposición sistemática que los representantes de la derecha ultraliberal creen concebir entre el <em>pragmatismo</em>, que afirman encarnar, y la <em>ideología</em> que atribuyen a los simpatizantes de la izquierda. Elogian el pragmatismo asociándolo al progreso y a la modernidad, y condenan la ideología porque pertenecería a una época anterior definitivamente superada. Llama la atención la ausencia de reacción ante esos errores cometidos a veces por ignorancia y a menudo de manera malintencionada. La rectificación se impone.</p>
<p>¿Qué es una ideología? Un sistema cultural indispensable a la vida humana: sin ella la persona no existe. De ahí lo absurdo de pretender eliminarla. La ideología es un conjunto de ideas, de creencias, de valores y de símbolos adoptados por una sociedad en virtud del cual sus miembros explican, evalúan, justifican y orientan sus acciones. La ideología permite a la sociedad apreciar su propia posición con respecto a otras sociedades y finalmente con respecto al mundo considerado como un todo. El hecho de compartir la misma ideología unifica y fortalece la sociedad, la ayuda a defender sus intereses y a perseverar en su existencia.</p>
<p>Puesto que el ser humano alcanza su estatus de persona en la medida en que es un ser social y cultural, se sigue que la persona, por pragmática que sea, no existe sin ideología. El pragmatismo y la ideología no son dos opciones diferentes ante una misma realidad porque el pragmatismo es una ideología. La tarea que se impone entonces no es eliminarla sino explicitarla tanto como sea posible para acomodarla a la crítica racional y para distinguir, con conocimiento de causa, los componentes irrenunciables.</p>
<p>Una ideología es propagable deliberada o inconscientemente, y no todos sus componentes son conscientemente elaborados y adoptados. Por eso hay más acciones guiadas ideológicamente de lo que se tiende a suponer. Contra esta evidencia, el político pragmático quisiera hacer creer que para él no hay finalidad ideológica establecida para su acción. Así se explicaría que pretenda salvar las dificultades sin orden jerárquico sino solamente en el orden cronológico de aparición.</p>
<p>Los gobernantes que se presentan como pragmáticos lo hacen, según ellos, porque quisieran que las acciones sean eficaces, que las cosas funcionen. Banalidad — ¿quién busca lo contrario? El ultraliberal se disfraza de pragmático, entre otras cosas, para esconder su desdén del Estado protector. Lo curioso es que para muchas personas la exigencia de eficacia habría llegado a ser un lugar común unificador, una varita mágica que pondría a todos de acuerdo, armonía imposible, según los pragmáticos, mientras se aplican las ideas y valores de una ideología. Ahora bien, la desorientación, el error aquí es considerar la eficacia como un fin en sí siendo que se trata solo de un instrumento, de un medio cuyo valor se deriva del valor de la finalidad que se busca realizar.</p>
<p>El pragmático rinde culto al éxito en la acción sin pensar debidamente ni en su significación ni en sus consecuencias a largo plazo. Se salvan los obstáculos (lo vimos recién) a medida que aparecen. Quien piensa queda perplejo ante la facilidad e inmediatez con las cuales toman graves decisiones los gobernantes, los militares y todos aquellos para quienes la voluntad de poder y de decisión prima sobre el pensamiento y la afectividad — ¿qué saben acaso de las consecuencias? Para resolver los problemas con el mejor conocimiento de causa son necesarias las ideologías y las teorías, pero el pragmático tampoco es sensible a la especulación teórica: lo importante es que «las cosas funcionen».</p>
<p>Las dificultades del pragmatismo actual se derivan, parcialmente, de la ausencia de realismo y de objetividad de sus bases filosóficas, de la alta importancia que los primeros pragmáticos confirieron a lo práctico. Para Charles S. Peirce (1839-1914) «la consideración de todos los efectos prácticos [. . .] es la concepción completa del objeto». Pero este criterio de significación es insuficiente puesto que antes de averiguar cuáles son los efectos prácticos de algo, hay que tener de antemano una idea de lo que es el objeto y de lo que se va a buscar. Luego, para el padre de la doctrina, la verdad no es algo real y objetivo sino una opinión que consigue estabilizarse. Pero al no reconocer que la convergencia de opiniones es guiada por una realidad objetiva, la estabilización es enigmática. Para William James (1842-1910) la concepción de la verdad es peor aún: «es verdadero lo que satisface una necesidad». ¿Cómo no ver ahí una complacencia egoísta, una tendencia a la autoindulgencia? Ambos autores estarían felices de saber que sus ideas, nuevas y marginales, serían parte del sentido común menos de un siglo más tarde. Pero la popularidad es criterio de éxito social, no de verdad.</p>
<p>No se requiere ser humano para actuar eficazmente; las plantas, los insectos y los animales superiores son también maestros en ese dominio. Los animales superiores (dotados de un cerebro que les permite tener una representación del entorno, y de ellos en el entorno) son conscientes, y por lo tanto no son tan pragmáticamente inconscientes como algunos quisieran hacerlo creer.</p>
<p>Fundamentalmente, lo que está en juego al examinar esta doctrina, es la concepción del ser humano, el porvenir de la comprensión y de su grado de conciencia. Las consecuencias intelectuales y morales son profundas y de largo alcance. Presentarse como moderno y pragmático, como alguien convencido de que la especulación teórica y la ideología son una carga inútil, es adoptar una actitud indigna consistente en felicitarse de actuar sin entender.</p>
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		<title>Columna: Pobre Francia, pobre Chile</title>
		<link>https://regionalista.cl/2019/04/columna-pobre-francia-pobre-chile/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Apr 2019 23:31:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[La actitud del presidente Sebastián Piñera, consistente en contribuir a la restauración de Notre-Dame de...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La actitud del presidente Sebastián Piñera, consistente en contribuir a la restauración de Notre-Dame de París, es un eco de la inversión de valores morales a la que se asiste en Francia y en todos los países ultraliberales: <a href="https://regionalista.cl/cuestionan-idea-de-pinera-de-enviar-cobre-y-madera-para-restaurar-iglesia-de-notre-dame/">se da más asistencia a un símbolo material que a la miseria humana en carne y hueso</a>. Esa inversión de valores morales es una prueba más de la deshumanización típica producida por esa ideología.</p>
<p>Aunque no conozco bien la situación chilena, supongo sin embargo que guardando las proporciones, hay una analogía estructural con la francesa. El lector podrá sin dificultad dar contenido material a la analogía (nótese que Sebastián Piñera y Emmanuel Macron son ambos exbanqueros que tienden a comportarse como robots creados a imagen y semejanza del mundo de las finanzas).</p>
<p>Nadie ha olvidado estas frases del presidente francés: «Es necesario que los jóvenes tengan ganas de ser multimillonarios. . . uno encuentra personas que han tenido éxito [los ricos] y otras que no son nada [los pobres]». Se dice que E. Macron tomó algunos cursos de filosofía, sin embargo no le sirvieron de nada. La sabiduría, absorbente y celosa, no permite que se ame el dinero más allá de lo estrictamente necesario para llevar una vida digna. Algunos gobernantes ultraliberales —entre los cuales se cuentan probablemente ambos presidentes— hablan, por conveniencia electoral, de un <em>liberalismo igualitario</em>, pero eso un oxímoron: no existe un sistema de recompensa que satisfaga a la vez los criterios del igualitarismo y del liberalismo. O una cosa o la otra.</p>
<p>Una vez que se empezó a tomar conciencia de la amplitud de la catástrofe de Notre-Dame, el gobierno, las autoridades políticas, las empresas y muchos adinerados empezaron a donar, inmediatamente y con una facilidad inimaginable para quienes no poseen lo que ellos poseen, centenares de millones de euros para la restauración. Así el día mismo en unas horas tres personas ya habían ofrecido 500 millones de euros. En la actualidad se han recaudado mil millones y las grandes donaciones continúan. El trabajador que gana el salario mínimo (neto = 1.201 euros mensuales) debe acumularlo, sin gastar nada, durante casi tres millones de años para alcanzar la riqueza de esos donantes. Los contribuyentes disminuyen de paso sustancialmente sus impuestos, lo que tiene consecuencias negativas para los servicios públicos a la comunidad.</p>
<p>Ahora bien, las autoridades nacionales y locales, las empresas y los adinerados pretenden no disponer del capital necesario para salvar vidas humanas en el Mediterráneo; la vida de personas quienes, muchas veces, deben dejar sus países arruinados, en parte, por la intervención en ellos de los países ricos. Uno creyera que los poseedores de grandes fortunas tampoco tienen suficiente dinero para pagar correctamente los impuestos: con la complicidad del gobierno y de la Unión Europea la evasión fiscal es gigantesca. Tampoco hay dinero para aumentar de unos cuantos euros mensuales el sueldo mínimo que tantas veces no alcanza para llegar a fin de mes. Esto último es la razón de ser principal del gran movimiento de los Chalecos Amarillos que ya lleva más de cinco meses de existencia y que puede agravarse. En estas protestas ya se cuentan 11 muertos y más de 4.000 heridos.</p>
<p>Pobre Francia actual — felizmente su admirable tradición cultural, moral y política es otra cosa.</p>
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		<title>El trabajo: Esclavitud o sentido de la vida</title>
		<link>https://regionalista.cl/2019/04/el-trabajo-esclavitud-o-sentido-de-la-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Espinoza, filósofo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Apr 2019 21:59:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En ciencia y en filosofía las diferentes posiciones sobre los problemas fundamentales son poco numerosas...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En ciencia y en filosofía las diferentes posiciones sobre los problemas fundamentales son poco numerosas y en la mayoría de los casos tienden a reducirse a dos polos opuestos. Así el progreso en la comprensión y en la búsqueda de solución resulta de la tensión polar. La concepción del trabajo no es una excepción. Un polo estipula que se trata de una finalidad en sí, de una virtud: el ser humano vive para trabajar y debe hacerlo. La fuente última de esta idea es mítico-religiosa: «El Dios Eterno dijo al hombre: te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado». De acuerdo al segundo polo, el trabajo es indispensable a la producción de bienes y de servicios sin los cuales es imposible vivir, pero una vez que la subsistencia está asegurada, llega el tiempo del ocio sin el cual no existen ni la cultura ni la civilización, ni, en consecuencia, la persona humana con su plena dignidad. El segundo polo invierte la situación favorecida por el primero: el tiempo libre, la cultura, la civilización y el desarrollo de las potencialidades humanas son el fin en sí, mientras que el trabajo es el medio para alcanzar ese fin.</p>
<p>«Trabajo», como todo concepto, es multívoco, la descripción de las concepciones principales distinguiría una decena. Mi objetivo ahora es describir solo los polos extremos, los dos significados principales cuyas características —conviene no olvidarlo— están presentes, en grados diferentes, en los otros tipos de ocupación. El primero es derivado de la esclavitud, el segundo permite al ser humano aproximar al máximo lo que hace a lo que quisiera hacer: el trabajo le da sentido a su vida.</p>
<p>«En la sociedad capitalista, el trabajo [del obrero] es la causa de toda degradación intelectual, de toda deformación orgánica… La moral capitalista, lamentable parodia de la moral cristiana… excomulga y maldice el cuerpo del trabajador. Su ideal es suprimir sus alegrías y pasiones y lo condena al rol de máquina que trabaja sin tregua y sin piedad». Paul Lafargue (<em>El derecho a la pereza</em>, 1880) menciona también el trabajo infantil y cuenta que los jefes se sentían orgullosos de permitir que los niños canten a ratos mientras trabajan, para <em>alivianar </em>las doce horas de trabajo diario sin las cuales, según los empresarios, los niños no ganarían suficiente dinero para alimentarse. El autor, junto a los ateos, lamenta no creer en el infierno para enviar ahí a todos esos cristianos dueños de empresas, verdugos de la infancia. En 2019 es nuestro turno lamentar la inexistencia del infierno: actualmente viven trabajando cerca de doscientos millones de niños de cinco a catorce años, y la mitad de ellos en condiciones peligrosas o criminales de insalubridad.</p>
<p>La primera especie de trabajo es paradigmáticamente, aunque no de manera exclusiva, la ocupación del obrero. La persona está cansada a los cincuenta años. Se piensa en la esclavitud. «Trabajo» deriva del latín <em>trabs</em> = viga, y en varias lenguas indoeuropeas esta etimología significa un objeto, como un freno, que obstaculiza una acción. El trabajo en este sentido es coerción, subyugación. Y aunque nuestra sociedad es altamente industrializada, la esclavitud, es bien sabido, sigue existiendo bajo otras denominaciones.</p>
<p>Aristóteles (384 — 322 antes de Nuestra Era), en una época de esclavitud, fue capaz de imaginar que «si cada herramienta pudiera ejecutar sin órdenes su función propia, el jefe de taller ya no necesitaría ayuda, ni esclavos el maestro». «El sueño de Aristóteles, es nuestra realidad, comenta P. Lafargue. Nuestras máquinas que respiran fuego, con miembros de acero, incansables, realizan dócilmente su trabajo sagrado; y sin embargo el genio de los grandes filósofos del capitalismo sigue dominado por el prejuicio del salariado, la peor de las sujeciones excesivas por las cuales se ve sometida una persona a otra. Aún no entienden que la máquina redimirá al asalariado de las <em>sordidæ artes</em> y del trabajo dándole los espacios de ocio y de libertad».</p>
<p>El poder de la inteligencia artificial y de la robótica es hoy inconmensurablemente mayor que el progreso en la construcción de máquinas presenciado por P. Lafargue hace un siglo y medio. La sociedad no debería necesitar personas subyugadas. Lo único sensato y moralmente correcto es la organización de un trabajo en menor cantidad, mejor repartido y mejor remunerado. Esto no es lo que ocurre: la ideología capitalista explotadora, ultraliberal, perdura tal cual. A pesar de la robotización de la industria se ejerce una presión insoportable sobre los trabajadores en todos sus niveles; presión productora de enfermedades y de suicidios mientras se abandona a la cesantía a un alto número de personas.</p>
<p>Las personas están demasiado ocupadas, sin necesidad, lo que les impide cultivarse. Piénsese por ejemplo en la ignorancia abismante de tantos estadounidenses, y cómo entonces no dar la razón a Bertrand Russell cuando denuncia la cantidad exagerada de labores en el mundo: «de tanto ver en el trabajo una virtud se hace mucho mal» (<em>Elogio de la ociosidad</em>, 1935). «La producción no solo produce un objeto para el sujeto sino al mismo tiempo un sujeto para el objeto… La producción produce el consumo, la manera de consumir y la tendencia al consumo» (Karl Marx, <em>Crítica de la economía política, </em>1859). Una parte del consumo es indispensable, sin embargo, es acaso necesario decir que también una parte, no menor, es superflua.</p>
<p>Hasta aquí el examen de la primera especie de trabajo. Merece su extensión, comparada con la segunda, por ser la actividad de la mayoría de las personas, la más dolorosa, desagradable y la peor remunerada. A propósito de la remuneración y contrariamente a lo que se supone sin pensar, yo sostengo que desde un punto de vista intelectual y moral no existe ningún argumento racional, convincente y concluyente para justificar la idea según la cual las diferentes labores, de la más humilde a la más sofisticada, merecen pagos diferentes: todos deberíamos ganar lo mismo. Pero el final de la nota no es el lugar para justificar esta tesis.</p>
<p>La segunda especie de trabajo es aquella que contribuye sustancialmente al sentido de la vida de quienes la ejecutan. Está vinculada a la realización de las potencialidades que definen a la persona, a los valores éticos, intelectuales y estéticos. Así la labor que contribuye significativamente al sentido de la vida tiene tres dimensiones: lo bueno, lo verdadero y lo bello. Implica la bondad en el mejoramiento de sí mismo y de la sociedad, la reflexión y el conocimiento para ejecutar el trabajo de manera óptima, y el despertar del sentimiento <em>sui generis</em> de la emoción estética, el placer de realizar algo bueno y necesario. Piénsese por ejemplo en la enseñanza, en la filosofía, en la medicina, en el arte, en la investigación científica — el lector extenderá la lista.</p>
<p>Esta especie de tarea, exigente en preparación, dedicación y desinterés, es la más deseable para el ser humano, encarnada desgraciadamente por un número reducido de personas. Para quien vive de esta ocupación su actividad es indistinguible de su vida, no la concibe separada de ella, perdería su sentido. La persona consigue identificar, o está próxima a identificar lo que íntimamente quisiera hacer con lo que hace: su necesidad interior se despliega sin obstáculos. Recuérdese, al polo opuesto, la etimología de «trabajo».</p>
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