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	<title>Crónicas &#8211; Diario Regionalista Antofagasta</title>
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	<description>Entérate de las últimas noticias de Antofagasta, Calama, Tocopilla, Taltal, San Pedro de Atacama, Ollagüe, Sierra Gorda, Mejillones y María Elena, ¡Somos tu voz en la Región de Antofagasta!</description>
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	<title>Crónicas &#8211; Diario Regionalista Antofagasta</title>
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		<title>Crónica de un Refugio: Rosario, Argentina (1975-1976)</title>
		<link>https://regionalista.cl/2026/04/cronica-de-un-refugio-rosario-argentina-1975-1976/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Héctor Maturana Bañados]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2026 19:23:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">La música de fondo no era simplemente un sonido: era el latido mismo del tiempo que atravesaba mis primeros días en Rosario, esa ciudad argentina que parecía respirar la humedad y el calor como portaestandartes oficiales durante largos meses del año.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cerca, muy cerca, canción de lejos en la voz de Mercedes Sosa se colaba entre las paredes. Su canción, una plegaria que removía los escombros de un pasado reciente, desnudaba un compromiso que no podía eludir, aunque yo todavía no supiera del todo a qué me enfrentaba en esos primeros días y semanas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Era una catarsis que parecía diseñada para un cuero duro, un alma templada, y sin embargo, ese cuero no era el mío en plenitud. Era muy joven, si bien me había enfrentado a ciertas posibilidades de peligro por el ambiente político, de la vida misma no tenía mucho que decir en términos de sobrevivencia extrema. Por primera vez sentí el lamento de ver triste a mi madre al momento de despedirme de ella. Me traspasó su miedo a no verme más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Venía transitando por un camino cargado de reflexiones y dudas que aún me perseguían. No era solo la derrota del golpe de estado, que ya había aceptado con resignación amarga, sino los días que le siguieron, esos días en los que la detención, persecución y muerte de compañeros y compañeras dejó una herida cuya profundidad todavía no lográbamos dimensionar ni menos cicatrizar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El viaje desde Antofagasta había sido una interminable sucesión de estaciones y fronteras. Había tomado el tren que partía de Antofagasta hacia Bolivia, un trayecto quebrado en Uyuni donde el frío cortaba la piel a las cuatro de la madrugada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde allí, otro tren hacia La Quiaca, y luego el cruce de un puente raquítico y deshilachado me condujo al país que había elegido por cercanía geográfica. En el lado boliviano, la pobreza se hacía visible, cruda, y la diferencia con la Argentina parecía abismal a simple vista. La Quiaca me recibió con la promesa de un lento traslado: vendrían ocho largas horas hacia Jujuy, y después, otro tren hacia Rosario. Fueron casi 2 días de viaje en total… Llevaba muy poca plata. Una familia argentina que iba en dirección a Buenos Aires me fue proporcionando alimentación vital para sortear el hambre, fue mi primer contacto con una población solidaria, que se encuentra en cualquier parte de América, borrando de una plumada todos los estereotipos que la prensa y sectores interesados en levantar rivalidades provocan desuniones y prejuicios detrás de un escritorio o con un discurso político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi mente danzaban preguntas sin respuestas, juramentos íntimos que me había hecho en el silencio de mis noches en Chile. Volver era una decisión que me repetía como un meditador hindú para no ceder ante la desesperanza. Esta era solo una parada transitoria, pensaba. Debía tomar otro camino de retorno al país muy pronto, aunque obedecer la orden de salida de mi ciudad, impuesta por la persecución que azotaba a la dirigencia del MIR, me había desarraigado y desorientado en lo profundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Éramos pocos los que resistíamos en la ciudad que se hacía larga y extenuante al caminarla a pie muchas veces, un puñado que sobrevivía rodeado de sombras y con agotadas redes de apoyo.&nbsp;En aquel tejido de voluntades que sostenía la resistencia, yo no era más que un eslabón en una cadena tan necesaria como frágil. Salir de la ciudad no fue un acto de voluntad propia, sino una orden política y un gesto de protección dictado por Oscar Leiva. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante meses, bajo el asedio de la incertidumbre, habíamos mantenido un contacto clandestino que desafiaba al acecho. Oscar, que se movía entre las sombras para salvaguardar la organización, decidió mi partida como quien resguarda una pieza vulnerable del tablero. Sin embargo, el destino fue implacable: ese mismo año, en noviembre de 1975, la sombra lo alcanzó. Oscar Leiva fue asesinado alevosamente en la casa de su tío, el lugar que se había convertido en su último refugio. Su muerte le dio un sentido trágico a mi propia libertad: Era el testimonio vivo de su último gesto de cuidado, una vida preservada a cambio de una vida entregada en la casa de un tío, en una clandestinidad que ya no pudo ocultarlo más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En marzo de 1975, Rosario ardía por dentro. No solo por el calor espeso y húmedo que se pegaba a la piel y no se iba ni de noche, sino porque el aire estaba cargado de política del terror estatal, de miedo y de rumores. La ciudad vibraba como un cable pelado: cualquier roce podía desatar una chispa. El verano todavía no se despedía, pero ya se olía el otoño, un otoño que traería algo más frío que el viento del río: un nuevo golpe de Estado se gestaba y cocinaba en altas esferas norteamericanas. La prensa como había pasado en Chile magnificaba el accionar de los guerrilleros y llamaba abiertamente a las fuerzas armadas a restaurar el orden.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mi llegada, el abrazo de mi prima que vivía con su hijo Rodrigo y Mario fue un bálsamo refrescante, un brillo potente y muy querido para apaciguar el clima tenso que se vivía.&nbsp;Llegué a esa ciudad con una ingenua dosis de optimismo justo en el epicentro de una crisis que Argentina venía arrastrando, como una herida que nunca terminaba de cerrar. En Chile, la intensa vida política que nos consumía opacaba el rumor que llegaba del otro lado de los Andes, pero la verdad era que en Argentina el aire estaba cortado por la misma navaja invisible.&nbsp;La habitación donde me refugiaba era pequeña, y la humedad se pegaba al aire como un huésped no invitado, opresiva e insistente. Bebía agua sin parar, intentando sofocar ese peso invisible que me agobiaba. Con Mercedes susurrando su canto, aferrado a la incertidumbre de un regreso que recién llegado no se vislumbraba para cuando sería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El país vivía una lucha política feroz. La efervescencia y la lucha desplegada había generado la incursión de dos organizaciones guerrilleras que, con la fuerza de la ideología y la rabia, buscaban subvertir el aparato estatal. La rebelión en sectores de la sociedad argentina tenía que ver con que el país era muy rico materialmente, pero la riqueza se concentraba en pocas manos, con un alto nivel de corrupción y miseria en ciudades alejadas del centro político. Tucumán se había convertido en un foco guerrillero. Así mismo había una intensa guerrilla urbana en las principales ciudades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde las mismas entrañas del Estado, se había gestado una fuerza oscura de ultraderecha, un organismo de la muerte que asesinaba a destajo a luchadores y luchadoras sociales, la llamada <strong>triple A </strong>(alianza anticomunista argentina operando en la penumbra). Con el tiempo, tras el golpe de Estado de 1976, serían precisamente esos comandos de civiles y militares, curtidos en la eliminación selectiva, quienes ejecutarían la desaparición masiva de guerrilleros, guerrilleras y disidentes .</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué a una nación que, bajo la superficie de su tango y sus pasiones futbolísticas, estaba desgarrándose silenciosamente, escribiendo en la sangre de sus hijos el preámbulo de una de sus tragedias más oscuras. A diferencia de lo que sucedido en Chile, las fuerzas guerrilleras no tenían un fuerte arraigo en el pueblo. Buscaron resolver el conflicto a su favor en el corto plazo. Fueron aislados y aniquilados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El gobierno de Estela Martínez de Perón parecía que tambaleaba como un buque viejo en medio de una tormenta. Cada sirena en la madrugada podía ser un allanamiento, una caída, un nombre que ya no volvería a escucharse. La violencia extrema había dejado de ser noticia: era paisaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese paisaje me movía como migrante chileno, llevando una vida atada a múltiples vaivenes. Algunos de ellos eran apenas incomodidades; otros, pruebas casi imposibles de sortear. El asedio constante de la policía y de las fuerzas armadas se colaba por las rendijas de mi rutina: en las calles, en el hotel donde vivía, incluso en mis pensamientos. Sentía que caminaba por una cuerda floja tendida sobre un abismo de sospechas. Cada día era un ejercicio de equilibrio entre la necesidad de ordenar mi mente y un ambiente de confrontación que rozaba, con dedos helados, mi propia seguridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El eje de la ciudad era el río Paraná. Desde el primer momento supe que Rosario no se entendía sin ese río ancho, profundo, engañosamente manso. El Paraná no era un simple curso de agua: era un animal enorme, un dios horizontal, una carretera líquida que conectaba la ciudad con el Atlántico y, más allá, con el resto del mundo. A veces, en ciertas tardes, el río parecía respirar. El oleaje leve golpeaba las barrancas que se formaban con la erosión del río. El río tenía un ritmo casi humano, como si se exhalara el cansancio de siglos de barcos y despojos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El balneario La Florida se extendía como una media luna clara abrazando la ribera. Era una playa distinta a todo lo poco que yo conocía del Pacífico chileno. Allí no había olas que se estrellaran furiosas contra las rocas, ni espumas que arañaran la costa. En Rosario, el agua del río era otra cosa: una superficie tranquila bajo la cual corrían corrientes oscuras y silenciosas. Sobre esa piel marrón-verdosa, los barcos de gran tonelaje deslizaban su enorme peso, casi sin ruido, cargados con mercancías que iban y venían: hierro, combustibles, granos… y, sobre todo, soya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La soya era el oro pálido de la región. Grano pequeño, suave, casi inocente a la vista, pero dueño de un precio que movía trenes y barcos. Vivía en un hotel modesto frente al puerto principal, desde donde podía ver parte de ese movimiento incesante. De día y de noche, el muelle era una coreografía de sirenas, motores, gritos de estibadores y sombras gigantescas de buques que se recortaban contra el cielo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de mis primeros trabajos fue de esos que marcan el cuerpo y, sin que uno lo sepa al comienzo, también el destino. Había que estar allí, en la boca del puerto, antes de que el sol rompiera la línea del horizonte. Las seis de la mañana&nbsp;no era una hora fácil de llegar para los rosarinos. Para mí vivir&nbsp;frente al puerto, era una ventaja táctica; un privilegio de unos cuantos metros que permitiría ganar la carrera silenciosa contra la multitud. Bastaba cruzar la calle, sintiendo el aire espeso y salado en el rostro, para sumarme a la fila que se formaba bajo la luz mortecina. Se contrataba a la gente a medida que fueran llegando. Esa era la regla principal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era el ritual diario del músculo y la urgencia: cada hombre, una silueta tensa, esperando que el engranaje de la fortuna girara y entregara, por un día más, el permiso de la subsistencia. El puerto era el amo, y nosotros, sus madrugadores súbditos<strong>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Me contrataron para vaciar las bodegas de un buque cargado con toneladas de soya. El método era brutalmente sencillo: pala en mano, tres horas consecutivas sin parar, y luego tres horas de descanso. Tres horas más de pala, tres de descanso, y así hasta que las bodegas quedaran desnudas, listas para volver a llenarse en otra parte del mundo. El barco tenía urgencia de zarpar: el tiempo, en el puerto, costaba dinero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La soya se nos metía por todos lados. El polvo amarillo se pegaba en la ropa, se metía en la boca, en la nariz, en los ojos. Después de un rato, ya no sabía si sudaba o si me deshacía en harina. La pala levantaba, como una extensión de mi brazo. Al principio, cada movimiento era una batalla. Luego, entraba en una especie de trance: el ruido del hierro contra el piso de la bodega se mezclaba con el latido de mi corazón, y el mundo se reducía a ese círculo pequeño donde la punta de la pala perforaba la montaña de grano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esos tiempos, ver demasiado o sentir demasiado podía ser tan peligroso como decir lo que no se debía. Pero desde aquel día, el trabajo en el buque dejó de ser únicamente un esfuerzo brutal de músculo y cansancio. Empezó a ser también una especie de ritual extraño, un pacto silencioso entre mis manos y esa montaña de granos que, al final, me daría algo más que dinero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mis manos se volvieron callosas muy pronto. La piel dura se levantó como una armadura en las palmas, en la base de los dedos, en los nudillos. Los hombres del puerto solían decir que uno no trabajaba de verdad hasta que las manos dejaran de pertenecerle a uno y se volvieran herramientas. Aquellas manos, curtidas a fuerza de pala, serían mi salvoconducto más inesperado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hotel donde vivía era un edificio viejo, de pasillos angostos y olor a humedad. Las paredes guardaban historias que nadie se atrevía a contar en voz alta: huéspedes que habían desaparecido de un día para el otro, valijas que nunca fueron reclamadas, visitas nocturnas de hombres con zapatos pesados. Cada tanto, la policía irrumpía como un viento malo: golpes en las puertas, gritos, documentos al aire. Ser chileno en esos años era llevar un sello invisible en la frente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Éramos sospechosos por definición, piezas potenciales de un tablero que yo apenas alcanzaba a comprender. En más de una ocasión, tuve que enfrentarme al ritual de la sospecha. Los agentes me miraban con una mezcla de desconfianza y rutina. Pedían papeles, preguntaban cosas que ya me habían preguntado antes, buscaban contradicciones en mi acento. Y, finalmente, como si estuvieran culminando una ceremonia, me exigían:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Muéstrame las manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces yo extendía las palmas hacia ellos. En el breve silencio que seguía, las líneas de mi vida, del corazón y de la cabeza quedaban eclipsadas por algo más simple y contundente: la dureza de la piel, los callos, las grietas blancas. Las manos suaves, decían en voz baja, eran las de los rateros internacionales, los que vivían del engaño y del hurto fino. Las manos ásperas, en cambio, hablaban por sí mismas: eran la firma de un hombre que trabajaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca supe quién había inventado esa teoría, ni cuánto de superstición y cuánto de método policial tenía. Pero lo cierto es que esas manos, forjadas a pala en la oscuridad de las bodegas, me salvaron de varias arremetidas. La policía se retiraba, no sin advertencias, no sin miradas que dejaban un surco de inquietud. El peligro no desaparecía, solo se alejaba un poco, como una ola que retrocede para volver con más fuerza. Sin embargo, cada vez que me dejaban ir, sentía que algo se había torcido a mi favor, como si el río hubiera decidido, por un día más, no arrastrarme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rosario, en medio de todo ese torbellino, me regaló algo que no esperaba encontrar: amistades. En el poco tiempo que llevaba allí, había logrado acercarme al pueblo argentino en su versión más auténtica, la del barrio, la del mate compartido, la de las palabras que salían del alma sin adornos. No eran amistades superficiales: en un clima así, nadie se tomaba el trabajo de fingir afecto. El tiempo era demasiado incierto como para desperdiciarlo en máscaras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La esencia de lo que hallé en ese contacto cotidiano fue una forma de amistad que lindaba entre lo sincero y lo heroico. En cada gesto de camaradería había una pequeña apuesta: confiar en el otro cuando el mundo entero te decía que cuidaras la espalda. Había algo casi mágico en ese reconocimiento mutuo entre desconocidos: bastaban un par de frases, un ademán, una mirada, para saber si tenías delante a alguien con quien podías compartir un vino barato y una historia verdadera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con algunos de ellos trabajé descargando y cargando camiones, con otros en changas improvisadas que surgían de la nada y se desvanecían al día siguiente. Cada trabajo era una puerta a un universo distinto: el mercado, el taller mecánico, la obra en construcción, el bar de mala muerte donde se mezclaban los olores a fritura, tabaco y conspiraciones. A través de esos oficios provisionales, me conecté directamente con el pulso de la ciudad, con la respiración diaria de un pueblo que, aun bajo la sombra creciente del miedo, seguía siendo capaz de reír, de discutir de fútbol, de cantar milongas y chacareras desafinadas al final de la noche.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había noches en que, después de una jornada larga, me sentaba a la orilla del Paraná, mirando las luces de los barcos que se alejaban lentamente. A veces pensaba que tal vez uno de esos barcos llevaba en sus bodegas un puñado de grano que yo mismo había cargado o descargado. Imaginaba la soya viajando por el río, luego por el mar, cruzando fronteras invisibles, llegando a puertos que yo no conocía. Y en ese pequeño ejercicio de imaginación había una certeza: algo de mí, aunque fuera un esfuerzo anónimo y sudoroso, se iba también con ese cargamento hacia otros mundos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esos momentos el río dejaba de ser solo un escenario y se volvía un personaje más de mi historia. Un personaje silencioso, pero atento, como si estuviera tomando nota de cada decisión, de cada miedo, de cada amistad que iba tejiendo día a día. Yo no lo sabía todavía, pero el Paraná, con su agua oscura y sus corrientes caprichosas, empezaba a ser el espejo donde mi vida, en esa ciudad ajena y a la vez tan mía, iba a reflejar sus primeras grandes aventuras. Y también sus primeros verdaderos peligros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mis primeros verdaderos peligros no vinieron de la pala ni de las alturas de la bodega, sino de la ciudad misma, que se volvió cada día más hostil. El Paraná seguía fluyendo, pero a comienzos de 1976, ya no se podía ignorar el olor a pólvora y traición. El golpe se olía en el aire, y yo, un chileno con alguna experiencia en golpe de estado y el roce que había tenido con la policía, sabía que mi tiempo en la cuerda floja se acortaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El allanamiento no tardó en llegar. Sucedió tras la consolidación de la dictadura en Argentina, en un clima de terror sistemático. Era una noche cerrada, de esas en que la humedad de Rosario parece volverse sólida. El ruido no vino de la calle, sino desde adentro, un trueno de botas militares que retumbaban en los pasillos angostos del hotel. Era el viento malo que venía a visitarnos. Los gritos en el piso de abajo, los golpes secos en las puertas, me pusieron en alerta total. A esas alturas pasado más de un año, solo vivía con Mario. Mi prima Silvia y el Rorro se habían devuelto a Chile.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La adrenalina me desarrolló la disciplina de los años en el MIR. En segundos, la habitación se convirtió en un refugio de emergencia. Ocultamos la poca documentación sensible que teníamos y nos dispusimos a esperar el inevitable ingreso. Sentados en la cama, intentando que la respiración no delatara el torrente que corría por las venas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El golpe en la puerta fue un estallido. Soldados armados irrumpieron en la habitación. Rostros jóvenes, duros, con esa mezcla de miedo e impunidad que solo otorga un fusil. Revisaron cada rincón: los colchones, bajo la cama, el pequeño armario donde la humedad se pegaba a la ropa. La atmósfera era eléctrica. De nuevo éramos los sospechosos por definición, la pieza extranjera en un tablero que solo entendía de eliminación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces, en el medio del trajín de nuestras pertenencias uno de ellos dio con ella. Estaba oculta, pero no lo suficiente. Una revista editada con noticias de Chile bajo dictadura. Era un testimonio gráfico de la represión de Pinochet, una prueba de nuestra conexión con la realidad que no intentábamos dejar atrás, y de nuestra identidad política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El soldado la sostuvo con dos dedos, como si fuera un objeto contaminado. Su rostro se cerró, y aunque no entendía de todo el contenido de la revista, sabía que era algo sospechoso, algo peligroso. El resto del grupo se tensó. El silencio se hizo pesado, solo roto por nuestras respiraciones superficiales. El peligro se había materializado en ese papel impreso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los soldados, siguiendo el protocolo de terror, nos obligaron a permanecer inmóviles con las manos en la nuca. Esperaron un largo rato, ese tiempo se estiró hasta volverse una agonía, hasta que llegara el oficial a carga del operativo para verificar el hallazgo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el comandante, un hombre con la arrogancia propia del poder absoluto, finalmente apareció en el umbral, noté que algo estaba mal. Su vista y su actitud no eran las habituales. No portaba la concentración fría y metódica del verdugo. Estaba descompuesto, desconcentrado, como si acabara de terminar una tarea sórdida y estaría lidiando con su propia náusea. Apenas si miró la revista. Hizo un gesto vago de desprecio y se limitó a revisar mi documentación básica sin la habitual ferocidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese minuto crucial, la revista pasó a ser una molestia burocrática en lugar de un crimen político. El comandante no estaba allí. No estaba realmente allí. Firmó un papel, dio la orden de terminar y se marchó con una prisa torpe que desentonaba con su uniforme. Zafamos. Habíamos evadido la detención por un error, una distracción del sistema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más tarde, supimos el motivo de esa desconcentración. Una mujer que vivía en el tercer piso del hotel relató el hecho: el oficial la había violado. La brutalidad del régimen, la impunidad con la que se movían, había invadido su propia línea de defensa. El horror no había estado en el papel impreso de la revista chilena, sino en la violencia cotidiana y personal que ese hombre había dejado atrás en el pasillo, un acto que había desestabilizado su propia mente justo a tiempo para salvar la nuestra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El peligro no se había alejado, solo había cambiado de forma. Entendí que mi supervivencia no dependía solo de mi habilidad para sobrevivir en condiciones extremas, sino de las grietas del mal, de las fallas humanas que a veces lograban torcer el destino. Mis manos curtidas en la soja me habían salvado del prejuicio; la atrocidad cometida en el tercer piso me había salvado de la celda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así las cosas, el cerco de nuestros movimientos se iba cerrando. En el lugar en que te encontraras se olía el peligro de una detención bajo cualquier pretexto. Nuestro quehacer principal durante el año 76 tenía que ver con el levantamiento de un taller artesanal de fabricación de carteras de cuero para nuestra sobrevivencia. El trabajo tenía aceptación y cada cierto tiempo se entregaban en concesión a los lugares céntricos de la ciudad. Cada cierto tiempo salíamos a recaudar las ventas que se producían con cierta rapidez. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En Rosario los días miércoles había actuaciones gratuitas en el <strong>Teatro El Circulo</strong>. Teníamos por costumbre asistir cuando disponíamos de tiempo. El Golpe de Marzo de 1976 se había consolidado y como suele suceder en estos casos, los militares buscaban legitimarse sobre todo en ceremonias que la sociedad construye a su favor. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso es que un 25 de mayo se conmemora el inicio del proceso histórico de la independencia de Argentina. Al momento de cruzar el umbral de la entrada del teatro, dos policías nos detienen y nos piden la documentación. Ambos nos encontrábamos con los permisos de turistas vencidos, pero habíamos iniciado los trámites para regularizar nuestra permanencia. No estábamos cien por ciento legales ni tampoco ilegales. Nos acusan de estar ilegales. Llegamos a una comisaría. Entregamos nuestras pertenencias en la sala de guardia. Ese día habíamos recaudado dinero de nuestras ventas. Al poco rato nos llevan a una celda. Nos comienzan a instar abiertamente a entregar el dinero a cambio de nuestra libertad. A nuestra negativa aumentaron la presión con insultos y amenazas de expulsión del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alrededor de las 20 horas hay cambio de guardia. Los policías que ingresan mantienen el hostigamiento usando métodos agresivos y amenazas. Al día siguiente nos trasladan a otro centro de detención bastante surrealista. En el lugar había presos que llevaban detenidos varios años sin estar condenados. Nos dimos cuenta de aquello, porque al poco rato sale en libertad un detenido con aplauso cerrado de los que se encontraban ahí. Luego de estar casi todo el día detenido y prestos a permanecer la noche en el lugar, ¡surge un grito inesperado!: «¡¡Los chilenos se van en libertad!!» 2 mujeres funcionarias de migración se presentan personalmente en el recinto policial con nuestras carpetas. Habían sido alertadas por un policía que antes de terminar el turno nos preguntó si podía hacer algo por nosotros. Fue un gesto inusual que nos permitió salir en libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con Mario decidimos vivir en lugares separados. El punto de encuentro era una pieza que ocupábamos para nuestro taller de cuero. Un día de invierno Mario no llegó. A las pocas horas me entero de que fue detenido y secuestrado por una denuncia injustificada en su contra. Avisé rápidamente a su familia que vivía en Chile. Junto a su padre comenzó un periplo frenético para encontrarlo en un marco de mucha desconfianza y desprotección. En aquel momento desconocíamos el tema de la desaparición de personas, pero este hecho se estaba dando en ese contexto. Por ninguna parte se reconocía su detención. Fueron casi 2 meses de grandes tensiones y nerviosismo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Me veo junto a su familia enfrentados a un problema mayúsculo. Las puertas que habíamos tocado e indagaciones que habíamos realizado no daban resultado. Un día alguien nos recomendó ubicar a un chileno que vivía muchos años en Rosario: él podía ayudarnos. Tras indagar entre conocidos del aparato policial, el personaje logró finalmente quebrar el silencio: Mario estaba detenido en el Servicio de Información de la Policía Federal de Rosario. El lugar, ubicado en pleno corazón de la ciudad, sería recordado años después bajo el siniestro nombre de <strong>«El Pozo»</strong>, un enclave destinado a la detención política, el suplicio y la desaparición. Se estima que transitaron por ahí más de 2000 personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Mario finalmente emergió de las sombras de aquella mazmorra, se encontró de pronto recorriendo sus últimos días las calles de Rosario con la desorientación absoluta de quien ha extraviado el pulso de la luz. Avanzaba maltrecho, con la mente nublada y el paso incierto, cargando el peso de un aislamiento y un encierro prolongado que le habían arrebatado, por demasiado tiempo, la noción del mundo exterior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante los casi dos años que convivimos, su risa —siempre contagiosa y optimista— terminó siendo mi brújula. Su empuje lograba que el rigor de lo cotidiano se volviera más liviano. Siempre lo recuerdo con un ejemplar de la revista <strong><em><strong><em>Crisis</em></strong></em></strong>&nbsp;bajo el brazo, esa publicación que fue mi puerta de entrada a la espesura del campo cultural y político argentino. Fue él quien me dio las claves para descifrar ese nuevo mundo, mucho antes de que el destino lo empujara a abandonar definitivamente el país.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A fines de 1976, resolví retornar al país. El cruce por Mendoza marcó el fin de una etapa intensa en la que Argentina funcionó como un paréntesis de formación y supervivencia. Volví a Chile con la convicción fortalecida y una vitalidad que desafiaba la realidad del momento. Aquel periodo de casi dos años en el país trasandino fue el preámbulo necesario para encarar el retorno. Regresaba a un Chile que, en su resistencia, adquiría dimensiones míticas: un país que me esperaba con sus propias sombras, pero también con la urgencia de quienes no se daban por vencidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Por Héctor Maturana Bañados</em></strong></p>
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		<title>Katarzyna Tretyn: cuando el arte dialoga con la ciencia</title>
		<link>https://regionalista.cl/2025/09/katarzyna-tretyn-cuando-el-arte-dialoga-con-la-ciencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Leonardo Silva Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Sep 2025 19:05:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En la penumbra de La Molinera, el eco del desierto de Atacama se entrelazaba con...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4>En la penumbra de La Molinera, el eco del desierto de Atacama se entrelazaba con los cálculos astronómicos. Allí, durante la Bienal SACO1.2, más de dos mil personas recorrieron El observatorio del silencio, instalación de la artista polaca Katarzyna Tretyn, fruto de su residencia en el Observatorio Rolf Chini de Cerro Murphy y en Paranal.</h4>
<p><em>“Las matemáticas, la física y la astronomía han estado presentes desde hace mucho tiempo en mi práctica artística”</em>, comenta. Para ella no son solo referentes, sino herramientas creativas. En proyectos previos ya había trabajado con <strong>datos planetarios</strong>, elaborando visualizaciones basadas en cálculos propios y hasta en un software diseñado a medida. <em>“La residencia en Chile fue una oportunidad única: tuve acceso a recursos científicos inmensos que terminaron inspirando esta obra”</em>, añade.</p>
<h4>Entre el silencio de Atacama y el rumor de Marte</h4>
<p>La experiencia en el desierto la marcó profundamente. La artista recuerda que el paisaje árido, al mismo tiempo que vacío, estaba cargado de un potencial simbólico. <em>“El Atacama es reconocido por la ESO y la NASA como uno de los mejores sitios de la Tierra para observar el cielo, pero también es un laboratorio natural para la astrobiología”</em>, explica.</p>
<p>Esa doble condición —ventana al cosmos y metáfora de lo extremo— se convirtió en el eje de la instalación. La obra no busca respuestas definitivas, sino abrir preguntas: ¿y si la vida se manifestara de formas distintas a las que conocemos? ¿y si la supervivencia en condiciones imposibles fuese, en sí misma, un lenguaje?</p>
<p>Tretyn reconoce que su trabajo nace en <strong>diálogo con científicos</strong>. <em>“Ellos me explican pacientemente mecanismos complejos del universo, y yo trato de traducirlos al lenguaje del arte”</em>, dice. En ese intercambio, ella gana precisión y ellos descubren nuevas formas de mirar sus propios datos.</p>
<p>La colaboración con la astrónoma <strong>Paulina Karczmarek</strong> fue clave. <em>“Nos reuníamos cada semana en línea; me hablaba de cómo se mide la distancia entre las estrellas. Era fascinante y a la vez muy difícil, pero esas conversaciones se volvieron un espacio para compartir ideas”</em>.</p>
<p>De ese intercambio surgió su primer proyecto serio de investigación y arte, y más tarde la invitación al <strong>Observatorio Cerro Murphy</strong>.</p>
<h4>Una invitación a detenerse</h4>
<p>El resultado fue <strong>El observatorio del silencio</strong>, un proyecto que pone en paralelo a <strong>Atacama</strong> y a <strong>Marte</strong>: dos desiertos, uno terrestre y otro extraterrestre, símbolos de ausencia y resistencia.</p>
<p><em>“La observación aquí es un acto de resistencia contra la prisa, la dominación y el antropocentrismo”</em>, sostiene Tretyn.</p>
<p>En palabras de la artista, la instalación no es solo una pieza, sino una invitación: detenerse, escuchar los murmullos del universo y atender a lo invisible. <em>“La vida en condiciones extremas puede perdurar en silencio. El arte también”</em>, concluye.</p>
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		<title>Antecedentes históricos y simbólicos de la Quebrada El Way de Antofagasta</title>
		<link>https://regionalista.cl/2025/09/antecedentes-historicos-y-simbolicos-de-la-quebrada-el-way-de-antofagasta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eshiro1]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Sep 2025 18:40:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Antofagasta]]></category>
		<category><![CDATA[Consejo de Monumentos]]></category>
		<category><![CDATA[declaratoria]]></category>
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					<description><![CDATA[Este documento fue redactado de forma conjunta entre Mónica Díaz y Sandra Gahona, integrantes de...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading"><span><i class="fas fa-arrow-right"></i></span>Este documento fue redactado de forma conjunta entre Mónica Díaz y Sandra Gahona, integrantes de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos de Antofagasta, Rodrigo Suárez Madariaga, parte del equipo de investigación del Sitio de Memoria La Providencia, y Carolina Toro Cortés, arquitecta integrante del comité de patrimonio del Colegio de Arquitectos de Antofagasta. </h4>



<p class="wp-block-paragraph">El siguiente texto tiene como objetivo entregar antecedentes que respalden la solicitud de declaratoria como monumento histórico de la Quebrada el Way, realizada por la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos el 6 de mayo de 2024, con número de ingreso N°2892-2024, aportando un relato sobre los asesinatos ocurridos en ese lugar en la madrugada del 19 de octubre de 1973. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien existe diversa literatura que aborda el paso de la Caravana de la Muerte, el juicio que le siguió, las personas que asesinó y los motivos de este, este breve escrito se centrará en el lugar mencionado y el recorrido que tuvo dentro de la ciudad de Antofagasta<sup data-fn="9c80c076-fd84-4392-9a49-7357b45cd611" class="fn"><a id="9c80c076-fd84-4392-9a49-7357b45cd611-link" href="#9c80c076-fd84-4392-9a49-7357b45cd611">1</a></sup>, utilizando parte de la bibliografía aludida, documentación de prensa local del Centro de Documentación y Archivo del Sitio de Memoria Providencia &#8211; Antofagasta, del archivo de la AFEP y documentación judicial sobre el Caso Caravana ‘Episodio Antofagasta’.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Caravana de la Muerte</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre el 30 de septiembre y el 22 de octubre de 1973, una comitiva del ejército, a cargo de Sergio Arellano Stark, recorrió el país de sur a norte, asesinando a 104 personas. Siete de ellas, detenidas en Temuco y Copiapó, se encuentran desaparecidas hasta hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta comitiva fue denominada “Caravana de la Muerte”, y recorrió inicialmente ciudades del centro y sur de Chile: Rancagua, Curicó, Talca, Linares, Concepción, Temuco, Valdivia, Puerto Montt y Cauquenes entre el 30 de septiembre y el 6 de octubre de 1973. Hacia el norte del país, la misión partió el 16 de octubre de 1973, recorriendo las ciudades de La Serena, Copiapó, Antofagasta, Calama, Iquique y Pisagua, regresando el 22 de octubre del mismo año a Santiago.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La orden que tuvo Arellano Stark fue “acelerar procesos y uniformar criterios en la administración de la justicia” (Escalante, 2000, 36), que derivó en falsos consejos de guerra, desestimando los juicios ya emitidos, sacando a prisioneros políticos de las cárceles y fusilándolos en diferentes lugares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los militares llegaron a la ciudad de Antofagasta el 18 de octubre, siendo recibidos por el Jefe de Zona en Estado de Emergencia, general Joaquín Lagos Osorio, quien se encontraba al mando de la región. Ese mismo día, en una reunión con los altos mandos, se dispuso que 14 prisioneros políticos, encarcelados semanas y días previos por sus militancias o actividades organizativas, fueran retirados de la cárcel pública de la ciudad y trasladados al sector de la Quebrada el Way, ubicada junto al camino a Roca Roja, en la zona sur de la capital minera. Una vez allí, los 14 dirigentes sociales fueron acribillados mientras se encontraban esposados, sin posibilidad de huir.</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Luis Eduardo Alaniz Álvarez, 23 años, Partido Socialista</li>



<li>Dinator Segundo Ávila Rocco, 32 años, Partido Socialista</li>



<li>Mario del Carmen Arqueros Silva, 45 años, Partido Comunista</li>



<li>Guillermo Nelson Cuello Álvarez, 30 años, Partido Socialista</li>



<li>Segundo Norton Flores Antivilo, 25 años, Partido Socialista</li>



<li>José Boeslindo García Berríos, 66 años, Partido Comunista</li>



<li>Mario Armando Darío Godoy Mansilla, 18 años, Partido Socialista</li>



<li>Miguel Hernán Manríquez Díaz, 25 años, Partido Socialista</li>



<li>Danilo Daniel Alberto Moreno Acevedo, 28 años, Partido Socialista</li>



<li>Redomil Muñoz Donoso, 32 años, Partido Socialista</li>



<li>Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, 26 años, MAPU</li>



<li>Héctor Mario Silva Iriarte, 45 años, Partido Socialista</li>



<li>Alexis Alberto Valenzuela Flores, 29 años, Partido Comunista  </li>



<li>Marco Felipe de la Vega Rivera, 46 años, Partido Comunista</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">El helicóptero con la comitiva continuó su viaje hacia Calama a la mañana siguiente, donde asesinó a 26 personas, que durante años fueron detenidos desaparecidos en la zona. Según consta en el expediente judicial de la Causa Rol 2182-98, episodio “Caravana-Antofagasta”, los familiares reclamaron los cuerpos al general Lagos Osorio, yendo directamente a su casa. Ante la presión, el general ordenó la entrega de los cadáveres.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="912" height="700" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-1-Certificado-Primer-Juzgado-Militar-Tocopilla.png" alt="" class="wp-image-193055" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-1-Certificado-Primer-Juzgado-Militar-Tocopilla.png 912w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-1-Certificado-Primer-Juzgado-Militar-Tocopilla-300x230.png 300w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-1-Certificado-Primer-Juzgado-Militar-Tocopilla-768x589.png 768w" sizes="(max-width: 912px) 100vw, 912px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen1. Certificado Primer Juzgado Militar de Tocopilla. Fuente: Archivo AFEP</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Según declaraciones del gendarme Octavio sepúlveda, el 19 de octubre:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había sido llamado a concurrir hasta las dependencias de la morgue del Hospital Regional de Antofagasta, para que allí procediera a reconocer los cadáveres de los 14 presos políticos que habían sido sacados desde la Cárcel la noche anterior, ya que él había convivido con ellos y se encontraba en condiciones de identificarlos. Posteriormente, al volver de la morgue, contó que los cuerpos presentaban graves lesiones de bala, estando prácticamente irreconocibles, agregando que incluso uno de ellos estaba partido a lo largo de su cuerpo, al parecer por las lesiones provocadas por arma de fuego. (CS-CR 2182-98, p 17)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los cuerpos fueron ‘recuperados’ por familiares, luego de que habían sido arrojados en las afueras de la morgue. La misma sentencia señala:</p>



<p class="wp-block-paragraph">La entrega de cadáveres demoró aproximadamente tres días, comenzó el sábado 19 de octubre y fue muy difícil, ya que los cuerpos estaban irreconocibles. Posteriormente tuve que hacer los certificados de defunción y un militar de nombre Adrián Ortiz Gutmann, a quien le decían “El caballo loco», me ordenó que fuera variando la causa de muerte que debía consignar en el certificado (&#8230;) Solamente se les hizo reconocimiento de las lesiones. Ellos llamaban autopsia a la constatación de lesiones. Los certificados de defunción fueron firmados por el jefe, el doctor Mamerto Morena, a quien personalmente le llevé los documentos de los catorce fallecidos y él se encargó de firmarlos (CS-CR 2182-98, p 17).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los asesinatos fueron publicados en la prensa local, aludiendo a “activismo político y conspiración terrorista” por parte de los afectados, además de establecer que se trataba de una “resolución de la honorable junta militar de gobierno”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="845" height="1024" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-2-fusilan-a-tres-terroristas-845x1024.png" alt="" class="wp-image-193056" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-2-fusilan-a-tres-terroristas-845x1024.png 845w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-2-fusilan-a-tres-terroristas-247x300.png 247w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-2-fusilan-a-tres-terroristas-768x931.png 768w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-2-fusilan-a-tres-terroristas-1024x1241.png 1024w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-2-fusilan-a-tres-terroristas.png 1074w" sizes="(max-width: 845px) 100vw, 845px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen 2. Fusilan a tres terroristas. Fuente: El Mercurio de Antofagasta. Archivo Agrupación Providencia.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los cuerpos fueron sepultados en el Cementerio General de Antofagasta. Con los años, se realizaron marcas en sus tumbas por parte de la Comisión Regional de Derechos Humanos y por sus familiares y compañeros de militancia, además de romerías y marchas conmemorativas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="453" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-3-ok-1024x453.jpg" alt="" class="wp-image-193057" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-3-ok-1024x453.jpg 1024w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-3-ok-300x133.jpg 300w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-3-ok-768x340.jpg 768w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-3-ok-1536x680.jpg 1536w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-3-ok-2048x907.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen 3. Romería al cementerio general, 11 de septiembre 1988; Marca de la Comisión regional de derechos humanos en las tumbas de los asesinados por la caravana de la muerte. Fuente: Archivo AFEP.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Episodio Antofagasta &#8211; La Quebrada el Way</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El punto en que se asesinó a las 14 personas fue identificado y periciado por Cristina Dorador y Jonathan García en 2024. En su informe entregado a la AFEP establecen que se encuentra a 13.93 km al sur de la Plaza de Armas de la Ciudad de Antofagasta (Plaza Colón). Para acceder al punto de interés se conduce desde la Plaza Colón hacia el Sur por la Ruta 1 por 13.2 km hasta el cruce con la Ruta B-510 (Roca Roja), en donde se toma dirección Este por 1.76 km hasta el cruce de la Ruta 1-Sur (Camino hacia Playa Escondida), entrando por 0.69 km hasta un camino a mano derecha, el cual se toma y se transita por 0.68 km en donde se dobla nuevamente a mano derecha y se bajan unos 180 metros, llegando al punto central de la zona de interés.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="888" height="666" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-4-fotografia-del-sitio-de-interes.png" alt="" class="wp-image-193058" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-4-fotografia-del-sitio-de-interes.png 888w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-4-fotografia-del-sitio-de-interes-300x225.png 300w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-4-fotografia-del-sitio-de-interes-768x576.png 768w" sizes="auto, (max-width: 888px) 100vw, 888px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen 4. Fotografía del Sitio de Interés. Fuente: Jhonatan García, 2024.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En esta misma zona, el 22 de noviembre del 2000 se realizó una reconstitución de escena con los integrantes de la comitiva que acompañó a Arellano Stark: Marcelo Luis Moren Brito y Sergio Arredondo González, y con Pedro Octavio Espinoza Bravo, quien en ese entonces era gendarme en la Cárcel de Antofagasta, lugar desde donde sacaron a los detenidos. La pericia partió en el Hotel Antofagasta, donde se alojó la comitiva que llegó desde Santiago en 1973. En dicho lugar se señala en la sentencia “comienzan a llegar diferentes vehículos, los cuales son identificados como de las Comandancias de la zona, presumiblemente con Comandantes de los Regimientos de Antofagasta y sus respectivos choferes, los que permanecen en esas dependencias por un espacio indeterminado de tiempo, para luego de esto trasladarse en forma directa hasta la Quebrada del Way” (CS-CR 2182-98, p.51).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cabe mencionar que dentro del informe de peritaje de la reconstitución de escena, se generaron una serie de fotografías y planimetrías, como se puede observar en la imagen 5, que ilustra el recorrido realizado el día 19 de octubre de 1973.  </p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="478" height="653" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-5-plano-recorrido.png" alt="" class="wp-image-193059" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-5-plano-recorrido.png 478w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-5-plano-recorrido-220x300.png 220w" sizes="auto, (max-width: 478px) 100vw, 478px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen 5. Plano recorrido. Fuente: Informe Pericial Planimétrico Reservado N°141-G/200.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Respecto a los hechos ocurridos específicamente en el sector de la Quebrada El Way, según las declaraciones de un instructor de la Escuela de Blindados de Antofagasta, incluidas en el expediente judicial mencionado, a foja 1804 ubicado en la Avenida Brasil de Antofagasta, se menciona que se dirigió un Tanque Anfibio M 113 A1 al Hotel Antofagasta, mientras que dos camiones “Reo” del ejército se dirigieron durante la noche a la Cárcel de Antofagasta, ubicada en calle Prat, donde se subió a los 14 detenidos vendados y amarrados. Uno de los choferes declara: “solo emprendí viaje rumbo a la Quebrada del Way, la que está ubicada camino a Coloso, es decir, al sur de Antofagasta, por la Costanera.” (pp 53). Luego de esto los prisioneros son bajados, torturados y asesinados; “Una vez que los prisioneros son fusilados, uno de los militares con un arma de puño se acerca a cada uno de ellos, aplicando el llamado «tiro de gracia» para, luego de un intercambio de palabras, se da la orden de subir los cuerpos a los camiones, igual como venían, es decir, siete en cada uno, para trasladarlos a la morgue de la ciudad, ubicada en el Cementerio N° 2”. (PP 52). Sobre lo anterior, en el informe pericial se detalla a través de ilustraciones (imagen 6) cómo se ubicaron a los ejecutados y la posición de los fusileros en la Quebrada El Way.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="866" height="702" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-6-sector-donde-se-ubicaron-los-ejecutados.png" alt="" class="wp-image-193060" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-6-sector-donde-se-ubicaron-los-ejecutados.png 866w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-6-sector-donde-se-ubicaron-los-ejecutados-300x243.png 300w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-6-sector-donde-se-ubicaron-los-ejecutados-768x623.png 768w" sizes="auto, (max-width: 866px) 100vw, 866px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen 6. Sector donde se ubicaron los ejecutados y posición de los fusileros, según versión del Sr. Moren Brito. Fuente: Informe Pericial Planimétrico Reservado N°141-I/200.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">A la luz de este relado toma especial relevancia no sólo el lugar específico del asesinato, sino tambien el recorrido que realizan los militares en la ciudad para el traslado de los detenidos a la Quebrada del Way. Adjuntamos un mapa (imagen 7) que traza la trayectoria que realizaron alrededor de 10 vehículos la noche en que fue realizado el asesinato. En este se ven tres recorridos, en rojo, de la comitiva y los altos cargos que van desde el Hotel Antofagasta hacia la Quebrada El Way, el segundo, de camiones que van desde el Regimiento Esmeralda en la Av. Brasil de Antofagasta, hacia la Cárcel Pública, y luego a la Quebrada El Way. Desde ahí los camiones llevaron a las personas al Hospital Regional, donde lanzaron los cuerpos fuera de la morgue, recorriendo 18 km. El mapa muestra el posible trayecto realizado por el centro de la ciudad por los militares según información del Informe Pericial Planimétrico Reservado N°141-I/200.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="799" height="1024" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-7-mapa-del-trayecto-799x1024.png" alt="" class="wp-image-193061" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-7-mapa-del-trayecto-799x1024.png 799w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-7-mapa-del-trayecto-234x300.png 234w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-7-mapa-del-trayecto-768x985.png 768w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-7-mapa-del-trayecto-1024x1313.png 1024w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-7-mapa-del-trayecto.png 1151w" sizes="auto, (max-width: 799px) 100vw, 799px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen 7. Mapa del trayecto con los lugares que recorrió la Caravana dentro de Antofagasta según testimonios en la sentencia judicial Caso Caravana Episodio Antofagasta. Fuente: Elaboración Carolina Toro a partir de imagen Google Earth.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Según antecedentes recopilados por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) para esta solicitud, el 30 de octubre de 1981, el Ministerio de Bienes Nacionales, por medio de su secretaria de la región de Antofagasta, cedió terrenos a la I división del ejército de Chile, una superficie de 106.117 hectáreas en que está ubicado el lugar del asesinato. Además cedió terrenos en Taltal, San Pedro de Atacama y Quillagua; y, en 2018 por medio del Decreto Exento 0135, otorgó derechos a Minera Escondida sobre el camino para llegar al lugar señalado, con el objetivo de “la construcción, uso, operación, administración y mantenimiento de sistemas de transmisión eléctrica, de transporte de concentrados de cobre en forma de pulpa a través de cañerías, de abastecimiento de agua y de caminos de acceso y de servicios y de todas instalaciones complementarias y accesorias para operar tales sistemas”. Es decir, el terreno hoy, está destinado a fines particulares y se encuentra obstaculizado su ingreso, reconocimiento y puesta en valor.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La memoria del lugar</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde 1974 a la fecha, el 19 de octubre ha sido un día de conmemoración en la ciudad. Si bien partió con la realización de una misa en la capilla San Francisco a petición de la familia de Marcos de la Vega, quien fuera alcalde de Tocopilla. Al año siguiente se comenzó a realizar año a año esta misa en la catedral de la ciudad en conmemoración de los 14 asesinados (Gutiérrez, 2011).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="679" height="1024" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-8-afiche-679x1024.png" alt="" class="wp-image-193062" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-8-afiche-679x1024.png 679w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-8-afiche-199x300.png 199w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-8-afiche-768x1158.png 768w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-8-afiche-1019x1536.png 1019w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-8-afiche-1024x1544.png 1024w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-8-afiche.png 1358w" sizes="auto, (max-width: 679px) 100vw, 679px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen 8. Afiche con los 14 asesinados por la Caravana de la Muerte, sin fecha. Fuente: Archivo AFEP.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Terminada la dictadura, las diversas agrupaciones de familiares, de amigos, simpatizantes, militantes y activistas han realizado diversos hitos conmemorativos en diferentes lugares de la ciudad en torno al paso de la Caravana de la Muerte en Antofagasta: en la plaza Sotomayor, Cementerio General, Sitio de Memoria Providencia y en el ingreso de la Quebrada El Way.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2001 se construyó la “Plaza de los derechos humanos” en la entrada al camino de la Quebrada El Way, en homenaje a las personas asesinadas en dicho lugar. Dicha plaza fue reinaugurada en 2007 y luego se colocó una nueva placa en el lugar en 2015. El origen de ella es un mineral de gran tamaño donado por el sindicato N°2 de Chuquicamata en 1991. Sandra Gahona, integrante de la Agrupación, relata que marcaba simbólicamente el punto de partida hacia los cerros donde habían asesinado a sus familiares y que al comienzo de este memorial, sólo existía la piedra en el suelo. Con los años y financiamiento, la AFEP y otras organizaciones han hermoseado la plaza y sostenido en el tiempo la marca pública del lugar en que militares entraron al desierto con el objetivo de asesinar a las 14 personas aludidas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="453" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-9-ok-1024x453.jpg" alt="" class="wp-image-193063" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-9-ok-1024x453.jpg 1024w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-9-ok-300x133.jpg 300w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-9-ok-768x340.jpg 768w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-9-ok-1536x680.jpg 1536w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2025/09/Imagen-9-ok-2048x907.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen 9. Instalación mineral, 1991. Fuente: Archivo AFEP.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Consideraciones finales.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El reconocimiento de la Quebrada El Way como Monumento Histórico por un lado preserva la memoria de los 14 ejecutados políticos, y además, actúa como un símbolo de resistencia y reparación para sus familiares. La documentación y los relatos aquí presentados ponen en evidencia la importancia de este lugar en la historia local y nacional, destacando los eventos de la Caravana de la Muerte en la comuna de Antofagasta. La Quebrada del Way y su entorno son testigos de estos hechos, por lo cual este sitio debe ser protegido como un lugar de reflexión y memoria para las futuras generaciones, recordándonos la importancia de defender los derechos humanos y la dignidad de las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, el camino recorrido da cuenta de la impunidad con que actuaron los militares, por lo que se estipula como un ‘atributo’ a ser considerado en la declaratoria, que bienes nacionales debiese considerar otorgarlo a la AFEP para la instalación de señaléticas que permitan el ejercicio de memoria de las 14 personas asesinadas. Particular relevancia cobra el recorrido que realizan los militares desde la Quebrada el Way al Cementerio de Antofagasta, como se señala en en la sentencia, los camiones dejaron una estela de sangre en el camino con los cuerpos masacrados y luego cada cuerpo tenía tierra roja, característica del lugar en que fueron asesinados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal como señala el primer decreto de declaratoria de un Sitio de Memoria en que se protegen los hornos de Lonquén, creemos que este hito, “asigna a dicho lugar la dignidad que debe corresponderle” (CMN, 1996). Por lo demás, pone de relieve la larga lucha de familiares de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos y las organizaciones que han sostenido la memoria de los crímenes de la dictadura y la resistencia a ellos.</p>


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="9c80c076-fd84-4392-9a49-7357b45cd611"> Verdugo, P. 1988. Los zarpazos del Puma, Santiago: CESOC.; Escalante, J. 2000. La misión era matar. Santiago: Lom ediciones.; Guzman, J. 2005. En el borde del mundo : memorias del juez que procesó a Pinochet. Barcelona: Anagrama. <a href="#9c80c076-fd84-4392-9a49-7357b45cd611-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 1">↩︎</a></li></ol>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Marcia Torres, la mujer que luchó por la identidad trans en Chile desde Antofagasta</title>
		<link>https://regionalista.cl/2025/06/marcia-torres-la-mujer-que-lucho-por-la-identidad-trans-en-chile-desde-antofagasta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Leonardo Silva Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Jun 2025 01:53:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Antofagasta]]></category>
		<category><![CDATA[derechos]]></category>
		<category><![CDATA[identidad]]></category>
		<category><![CDATA[LGBTIQA+]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
		<category><![CDATA[orgullo]]></category>
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					<description><![CDATA[Marcia Alejandra Torres Mostajo nació en Antofagasta en 1949 y falleció en la misma ciudad...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading"><span><i class="fas fa-arrow-right"></i></span>Marcia Alejandra Torres Mostajo nació en Antofagasta en 1949 y falleció en la misma ciudad en 2011. En plena dictadura, logró inscribir su nuevo nombre y sexo legal en el Registro Civil, después de ser sometida a una cirugía pionera en 1973. Su valentía abrió camino a los derechos trans en Chile, y hoy es recordada como un ícono de visibilidad en el Mes del Orgullo. </h4>



<p class="wp-block-paragraph">Desde pequeña manifestó su identidad femenina, siendo perseguida por el acoso escolar. Luego abandonó el liceo para formarse como peluquera y vedette. A inicios de los años 70 ya era conocida como <em>“Marcia” </em>en los círculos nocturnos de la ciudad, destacando por su estilo llamativo y su inteligencia, como la describió el escritor <em>Pedro Lemebel.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Su vida no estuvo exenta de represión. En 1969, fue una de las detenidas en la redada conocida como el “escándalo de calle Huanchaca”,</em> que marcó un episodio de violencia policial contra disidencias sexuales en Antofagasta.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><span><i class="fas fa-arrow-right"></i></span><strong>La cirugía que desafió al Chile conservador</strong> de los 70&#8217;s </h4>



<p class="wp-block-paragraph">En 1973, Torres se sometió a la primera cirugía de reasignación de sexo en Chile. Según el informe de la Biblioteca del Congreso Nacional, esta intervención fue realizada el 3 de marzo en el Hospital Clínico San Borja, por un equipo encabezado por el Dr. Antonio Salas Vieyra, en el marco de la Sociedad Chilena de Sexología Antropológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de las versiones sobre el lugar exacto, fue durante el gobierno de Salvador Allende cuando Marcia logró concretar su transición médica. Posteriormente, inició un proceso judicial en Antofagasta para cambiar su nombre y género registral, basado en la <em>Ley de Cambio de Nombre vigente desde 1970</em>. Como resultado, el 2 de mayo de 1974 se publicó en el Diario Oficial su petición formal para llamarse “Marcia Alejandra”.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><span><i class="fas fa-arrow-right"></i></span><strong>Una “última performance”</strong> </h4>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a la visibilidad mediática que tuvo en los años 70 —incluidas portadas de revistas sensacionalistas—, la historia de Marcia fue marginada durante décadas. Sin embargo, su lucha fue reivindicada por el movimiento LGBTQ+ y diversas organizaciones. En 2018, durante la tramitación de la Ley de Identidad de Género, su caso fue citado como antecedente pionero.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“El proceso de Marcia Torres demostró que, incluso en contextos autoritarios, la demanda por identidad era posible”</em>, señala el archivo del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La peluquera y vedette falleció en 2011 en su ciudad natal, momento en que sus cenizas fueron esparcidas en el Monumento Natural La Portada, cumpliendo su deseo de una “última performance” frente al mar. Hoy, a más de 50 años de su cirugía y cambio legal, su nombre vuelve a resonar como símbolo de valentía, memoria y derecho a ser.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><span><i class="fas fa-arrow-right"></i></span>No es por orgullo, es por dignidad </h4>



<p class="wp-block-paragraph">El legado de Marcia Torres no solo perdura en los registros judiciales o en la memoria de las organizaciones de derechos humanos; también sigue inspirando reflexiones actuales sobre identidad, dignidad y visibilidad. En ese contexto, y a pocos días del Día del Orgullo —que se conmemora cada 28 de junio—, diversas voces han valorado el impacto cultural y simbólico que representa su historia para las nuevas generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de ellas es Pilar Vega, presidenta de la Fundación Ignacia Fernanda en Antofagasta, organización dedicada a acompañar a familias y jóvenes trans en procesos de inclusión y reconocimiento de la identidad de género. Desde su rol en la comunidad, Vega enfatiza:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Creo que es fundamental que existan más espacios para visibilizar las actividades dirigidas a personas LGBTIQA+, para promover la inclusión. Es una forma de reconocer sus existencias, sus derechos y de generar conciencia sobre la diversidad sexual y de género, combatiendo prejuicios y estereotipos. También permite que las personas de la comunidad se empoderen, se conviertan en referentes para las nuevas generaciones de niños, niñas y adolescentes, y que sus derechos no sean vulnerados. Que puedan sentirse orgullos@s de su identidad y cuenten con espacios y fechas para conmemorar sus luchas”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En pleno Mes del Orgullo, recordar a Marcia Alejandra Torres es también reconocer que la historia de las disidencias sexuales y de género en Chile no parte desde cero: <strong>tiene raíces, nombres, memorias y batallas que hoy, mas que nunca, guían nuestro camino</strong> <strong>hacia la dignidad.</strong></p>
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		<title>La tierra que andamos: Identidad, memoria y creación en la Población René Schneider de Antofagasta</title>
		<link>https://regionalista.cl/2025/03/la-tierra-que-andamos-identidad-memoria-y-creacion-en-la-poblacion-rene-schneider-de-antofagasta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Leonardo Silva Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Mar 2025 20:55:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[identidad]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[El proyecto La tierra que andamos surge del trabajo colaborativo entre las artistas transdisciplinarias Marcela...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading"><span><i class="fas fa-arrow-right"></i></span>El proyecto <em>La tierra que andamos</em> surge del trabajo colaborativo entre las artistas transdisciplinarias Marcela Páez Miranda y Ángel Álvarez Bon, ambas originarias de Antofagasta. Su propuesta busca ir más allá del arte académico, cuestionando sus fórmulas y métodos convencionales. En lugar de <em>«llevar el arte» </em>a un lugar determinado, el proyecto se orienta a explorar las formas creativas que surgen de la misma población, de la cual ellas también forman parte. </h4>



<p class="wp-block-paragraph">Desde principios de 2024, las artistas han trabajado en la Población René Schneider, un territorio al que ya se acercaron en 2022 con una exposición. Semanalmente, subieron el cerro, conversaron con las vecinas sobre sus historias, sus orígenes y sus primeros hogares, mientras observaban cómo el terreno se transforma en un espacio de memoria y creación. Recolectaron objetos, exploraron el suelo junto a geólogos, documentaron la relación entre cerro y población, capturando imágenes que van desde lo íntimo hasta las panorámicas aéreas. Todo esto, impulsado por el deseo de reconocer las identidades múltiples que coexisten en este espacio, lejos de los imaginarios comunes asociados con el arte.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Para las artistas, el arte no es solo una práctica de creación, sino una forma de conocer el mundo y participar en la construcción de lo<strong> «real».</strong> En este proceso, se han reconocido como parte de una red de cuerpos, símbolos y afectos que se entrelazan. Este enfoque cuestiona las normas aprendidas en la formación académica, descentrando la mirada convencional que asocia arte con belleza canónica, y buscando en su lugar una<strong> relación más directa con las personas y los objetos cotidianos, como el patio de una vecina donde el cerro se convierte en parte de su historia.</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El concepto de <strong>«reconocimiento»</strong> cobra relevancia aquí, diferenciándose de términos como «<strong>descubrimiento»</strong> o «<strong>rescatar»,</strong> que son comunes en el discurso artístico. A través del reconocimiento, se busca entender las huellas de la memoria colectiva y cómo estas forman parte de la identidad de una comunidad. Aunque el proyecto comparte ciertos puntos con estudios patrimoniales, se inclina hacia una mirada performativa, donde las identidades dejan de verse como elementos aislados y se entienden como interacciones dinámicas en la creación de un lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo de las artistas se inspira en las ideas de Karen Barad sobre la performatividad y las identidades como relaciones en constante construcción. Esta visión se lleva a la población y al cerro, donde las historias, los objetos, la tierra y las casas se entrelazan, creando un espacio común donde memoria y naturaleza se fusionan. Este enfoque no solo deconstruye visiones estáticas del pasado, sino que también invita a repensar cómo las identidades emergen en la interacción constante de personas, objetos y paisajes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un contexto marcado por crisis sociales y medioambientales, este proyecto abre un espacio para la reflexión y el diálogo. A través de cada montajes, se busca activar las memorias de los vecinos, explorando nuevas formas de relacionarnos con los entornos y con los demás. La exposición <em><strong>La tierra que andamos: Memoria del gesto</strong></em> invita a la comunidad a participar de esta conversación a través de la acción artística, mostrando cómo la vida se materializa en los gestos de las personas y en las marcas que dejan en su entorno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La exposición estará abierta a partir de la segunda semana de febrero en el Ex-Centro de Madres de la Población René Schneider, ubicado en Alfonso Meléndez 3030. A través del Instagram @latierraqueandamos, se pueden consultar las fechas y coordinar actividades pedagógicas.</p>
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		<title>50 años del golpe &#124; Defensores de la vida: Juan Luis Polanco y Edith Sotelo, Iglesia Presbiteriana de Antofagasta</title>
		<link>https://regionalista.cl/2023/09/50-anos-del-golpe-defensores-de-la-vida-juan-luis-polanco-y-edith-sotelo-iglesia-presbiteriana-de-antofagasta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Agrupación Providencia Antofagasta]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Sep 2023 14:12:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[50 años del golpe]]></category>
		<category><![CDATA[conmemoración]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[Consumado el golpe de Estado cívico militar, en Antofagasta asumen y dirigen la Intendencia Regional,...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Consumado el golpe de Estado cívico militar, en Antofagasta asumen y dirigen la Intendencia Regional, el general Joaquín Lagos Osorio, el coronel Adrián Ortiz Guttman y el mayor Patricio Ferrer Ducoud. Su discurso inicial y su accionar terrorista al interior del edificio estuvo basado en restituir el orden y tranquilidad y restaurar la democracia con el paso del tiempo.</p>
<p>Sus decisiones políticas, operacionales y administrativas, fueron en la práctica en directo beneficio de quienes habían promovido actos de violencia y sedición para desestabilizar al gobierno de la Unidad Popular y terminar con la democracia. El ejército en particular y las Fuerzas Armadas y Carabineros en general, actuaron funcionalmente, favoreciendo a la clase social de la que gran parte de sus oficiales provenían.</p>
<p>Las FFAA y Carabineros mientras realizaban operaciones de guerra en el día, por las noches en los salones del Hotel de Antofagasta festejaban el triunfo con sectores políticos, industriales, comerciantes y colonias de extranjeros que apoyaron el golpe. Eran momentos en que eran premiados, agasajados y adulados, recibiendo medallas y regalos de este sector de la sociedad antofagastina que se alineó con ellos desde el primer momento, en busca también de prebendas y los consabidos favores y botines de la guerra que inventaron para justificar su violencia despiadada. Mientras, la prensa local hacía de las suyas también y colaboraba fielmente con la persecución y la muerte.</p>
<p>Antofagasta, a las pocas horas del golpe de Estado, se transformó en una ciudad sitiada, con la imposición de un Estado de Guerra Interna de consecuencias insospechadas y  masivas. Patrullas militares recorrían las calles y cercaron los puntos de salidas hacia el norte y sur, poniendo a la población en una indefensión y vulneración de sus derechos en forma absoluta. Un gran sector de la sociedad es perseguido/a con el afán de neutralizarlos/as y, en muchos casos, apresarlos/as y aniquilarlos/as por sus ideas de izquierda.</p>
<p>Desde el mismo ascenso de la Unidad Popular al gobierno, y quizás antes, hubo sectores religiosos que fueron adquiriendo un gran y creciente compromiso con las luchas y demandas del pueblo. No era extraño sentir esa cercanía durante el proceso de la Unidad Popular, sobre todo en poblaciones populares. Muchos sacerdotes y pastores evangélicos   veían en el proyecto que encarnaba la UP, una alternativa cercana a su propia forma de percibir la sociedad y los cambios que se necesitaban. No es extraño, ahora con la perspectiva del tiempo, escuchar testimonios que dan cuenta de que en ese momento de gran dramatismo e incertidumbre, cuando se iniciaba el golpe de Estado, permanecieron al interior de la Iglesia Presbiteriana, autoridades locales como el Intendente, alcalde y mucha gente valiosa que buscó refugio temporalmente, a la espera de reubicarse en otros espacios de seguridad.</p>
<p>El matrimonio compuesto por Juan Luis Polanco y Edith Sotelo, dio la partida en la ciudad a una gran y extraordinaria demostración de cariño y amor al prójimo, sin importar las consecuencias que dicho acto pudiese significar. A este lugar, llegó gente no tan solo a curar sus heridas físicas, como es el caso del ex preso político y pastor religioso Javier Ramos, sino que además la gente se allegaba en busca de noticias y apoyo para buscar a sus familiares. Se comenzó a dar un espacio único en la ciudad durante el mes de septiembre, donde sentir el cobijo, el abrigo, la palabra de aliento y la solución a problemas inmediatos, como dinero para salir de la ciudad, eran posible gracias a la generosidad y gestiones del matrimonio.</p>
<p>En estas circunstancias también se comenzó a definir la vida llena de sobresaltos del grupo familiar compuesto por el matrimonio y 4 hijos. A fines del mes de septiembre de 1973, una patrulla militar llegó a golpear las puertas de esta casa pastoral. Un allanamiento violento, que duda cabe, somete a punta de amenaza al matrimonio a hincarse en el suelo  y presenciar la detención y secuestro de uno de sus hijos, quien sin tener casi ningún vínculo social ni grandes amistades, con 18 años de vida a cuestas, permanece detenido y torturado en un lugar secreto gran parte del mes de octubre. Una vez liberado, se decide sacarlo del país. Pasaron 9 años en que producto de esta detención el hijo y sus padres se vuelven a encontrar por algunos días.</p>
<p>El día 6 de Octubre de 1973, como consecuencia de las graves violaciones a los Derechos Humanos que se estaban cometiendo en el país, muchas personas se acercaron a las distintas instituciones religiosas en busca de consuelo, protección ante las dramáticas circunstancias que les afectaban. En este contexto, representantes de la Iglesia Católica, las iglesias Evangélicas (metodista, bautista, Evangélica Luterana, Ortodoxa, metodista pentecostal), iglesia de la comunidad Israelita y del Consejo Mundial de Iglesias, dieron vida al Comité de Cooperación para la Paz en Chile o también llamada Comité Pro Paz, dando asistencia económica, jurídica, técnica y espiritual a todos los chilenos que sufrían persecución política.</p>
<p>La decisión de Juan Luis Polanco junto a su esposa Edith Sotelo de integrar el Comité Pro Paz fue, sin dudas, para salvar y proteger vidas humanas a raíz de todo el cúmulo de situaciones, informaciones, relatos y vivencias diarias que fueron adquiriendo tras la implacable represión que se estaba ejecutando sin contrapeso. En un escenario de guerra abierta y soterrada, ellos, pese a todo, se aferraban a sus convicciones religiosas. Era la que los mantenía unidos para sobreponerse al momento. Nadie les preguntó a ellos si estaban preparados. Los riesgos estaban a la vista, pero decidieron no permanecer de brazos cruzados ni indiferentes.</p>
<p>El compromiso que adquirieron los hizo lidiar con una situación que después se transformó en infernal. A pesar de haber resuelto el problema de la detención de su hijo, no pudieron mantenerse insensibles a la situación represiva que los rodeaba y que afectaba a mucha gente. Por las noches salían de su casa a resolver urgencias que se presentaban en las calles. En algunos casos, asistían a personas y las llevaban a la iglesia para acogerlos. Estaban siendo observados y sobre ellos había un seguimiento constante. A fines de 1975, la cúpula del gobierno dictatorial ordena liquidar al Comité Pro Paz a nivel nacional. En Antofagasta, integrantes de la DINA allanan la casa, siendo detenido el matrimonio Polanco Sotelo. Comienza un calvario. La familia se desintegra, sus hijos menores sufren las consecuencias, quedando bajo la custodia de vecinos. El matrimonio, junto a uno de sus hijos de tan solo 14 años, es llevado al cuartel clandestino de la Providencia. Luego, el secuestro se prolonga y son trasladados a Tres Álamos en Santiago.</p>
<p>Desde distintos países comienzan a llegar las quejas formales por la detención del pastor Polanco y su esposa. La presión política fue importante y finalmente los liberan en Santiago, dándoles un plazo perentorio para salir del país.</p>
<p>Hoy, con el paso del tiempo y de cara a los acontecimientos de ayer y de hoy, podemos decir con absoluta claridad que Juan Luis Polanco y Edith Sotelo fueron grandes defensores de la vida. En estos momentos, al estar aquí junto a su familia, queremos agradecerles el enorme gesto que tuvieron para enfrentar las circunstancias históricas que los ponen en un sitial de honor y de reconocimiento ejemplar a 50 años del golpe de Estado.</p>
<p>Para Juan Luis Polanco y Edith Sotelo, a nombre de cientos de perseguidos y perseguidas de nuestra ciudad. A nombre de las agrupaciones de Derechos Humanos de la ciudad que se encuentran presentes y a nombre de los artistas presentes y comunidad local, nuestro agradecimiento a 50 años del golpe de Estado.</p>
<p>Juan Luis Polanco y Edith Sotelo, presentes ahora y siempre.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-140700" src="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO.png" alt="" width="740" height="520" srcset="https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO.png 740w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO-300x211.png 300w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO-100x70.png 100w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO-696x489.png 696w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO-598x420.png 598w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO-427x300.png 427w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO-150x105.png 150w, https://regionalista.cl/wp-content/uploads/2023/09/Juan-POLANCO-600x422.png 600w" sizes="auto, (max-width: 740px) 100vw, 740px" /></p>
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		<title>¿Quién es Aurora Williams?: Luces y sombras de la nueva Ministra de Minería</title>
		<link>https://regionalista.cl/2023/08/quien-es-aurora-williams-luces-y-sombras-de-la-nueva-ministra-de-mineria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Leonardo Silva Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Aug 2023 14:16:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[Nadie podría negar que Aurora Williams tiene experiencia para el cargo que fue designada por...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Nadie podría negar que Aurora Williams tiene experiencia para el cargo que fue designada por el Presidente Gabriel Boric. Su currículum así lo demuestra, habiendo ejercido la misma responsabilidad de liderar el ministerio de Minería, durante el último mandato de la Presidenta Michelle Bachelet (2014-2018), siendo la primera jefa de dicha cartera que ejerció el cargo durante un período presidencial completo.</p>
<p>Militante del Partido Radical y antofagastina (nació el 13 de agosto de 1962 en la Perla del norte), es Ingeniera Comercial de la Universidad Católica del Norte y tiene un máster en Dirección y Administración de Empresas de la Universidad de Lérida en España y un MBA en Gestión y Formación de Empresas en IEDE Business School Chile.</p>
<p><sup id="cite_ref-4" class="reference separada"></sup>Sus cercanos destacan que es poseedora de un carisma especial, lo que le abre muchas puertas. «Es metódica y trabajólica», reconocen. La red de contactos que posee la ha labrado tras su paso por el mundo público y privado.</p>
<p>Durante el primer mandato de la presidenta Bachelet (2006-2010) ejerció como Seremi de Obras Públicas, debiendo enfrentar el proceso de reconstrucción post terremoto en Tocopilla (2007).</p>
<p>Su experiencia en el mundo privado también es nutrida. Fue gerenta de Clientes y gerenta de Administración y Finanzas en la Empresa de Servicios Sanitarios de Antofagasta y, luego, en la Empresa Sanitaria Aguas Antofagasta ocupó el cargo de gerenta de Clientes.</p>
<p><strong>Críticas​</strong></p>
<p>Un punto que ha generado polémica en su carrera, al menos entre organizaciones ambientalistas, es su desempeño como gerenta de administración y finanzas de la concesionaria portuaria Antofagasta Terminal Internacional (ATI), empresa ligada al grupo Luksic y que fue objeto de duros cuestionamientos por el Galpón de concentrado de cobre en pleno centro de la ciudad.​</p>
<p>Otro episodio que ha sido objeto de críticas hacia Aurora Williams es su paso por la Corporación Municipal de Desarrollo Social (CMDS) de la Municipalidad de Antofagasta, siendo designada el año 2018 como Directora Ejecutiva de dicho organismo por la cuestionada ex alcaldesa Karen Rojo, quien actualmente se encuentra prófuga de la justicia en Países Bajos, tras haber sido condenada por el delito de fraude al fisco.</p>
<p>Este rol de la ahora Ministra de Minería, incluso fue objeto de <a href="https://regionalista.cl/partido-radical-cuestiona-a-aurora-williams-por-su-cargo-en-municipio-de-antofagasta/">críticas en su momento desde su propio partido político</a>.</p>
<p>Cabe recordar que Williams duró solo 7 meses en este último cargo, renunciando el 29 de octubre de 2018, debido a los constantes roces con la ex alcaldesa Karen Rojo.</p>
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