De la pluma del escritor antofagastino Hugo Riquelme Becerra, esta novela western ambientada a principios del siglo XX, fue seleccionada como finalista en el International Latino Book Award (ILBA) en la categoría mejor novela, Aventura o Drama en español. La premiación se realizará el próximo 12 de septiembre.

Hugo inició en 2015 con su trayectoria literaria, sin conocimiento de los festivales internacionales y los premios. Nunca se le pasó por la cabeza participar en instancias como el ILBA, pero a sus 36 años ya cosecha un premio a la mejor novela de ficción en el North Texas Book Festival y el primer lugar en los premios Forestal 2019.

A solo unas semanas de la premiación del ILBA, Hugo Riquelme conversó con Regionalista para contar sus impresiones sobre esta noticia y hablar sobre el libro que lo llevó a ser finalista del premio literario más importante de Estados Unidos. Además, nos adelantó algunos proyectos que tiene a futuro.

¿Cómo te sientes con esta noticia?

Ya pasé por la etapa de asimilarlo, los que estamos participando en el ILBA sabemos la noticia desde el 30 de abril aproximadamente. Tuvimos varios días para masticar la noticia, pero para una persona como yo, terriblemente ansiosa, lo terrible fue esperar hasta el 14 de agosto para hacerlo público, ya que hay una restricción por parte del ILBA para hablar acerca de este nombramiento con la prensa y redes sociales.

Hoy que ya es un hecho, se puede comunicar y han sido días de contestar puras preguntas y mensajes, pero ha sido entretenido, porque te saca del día a día, de esta situación que estamos viviendo con la pandemia y el covid-19 y te permite, también, interactuar con las personas que están ahí y que hacen la labor invisible de apoyar el trabajo que tu estás haciendo de cara a las redes sociales y al público. Entonces, han sido días bastante entretenidos.

¿Te lo esperabas? ¿pasó por tu cabeza llegar a ser finalista en este concurso?

Secretamente uno siempre tiene la esperanza de llegar a una instancia de este estilo, tengo la suerte de que en 2018 ya gané un premio en los Estados Unidos, en el North Texas Book Festival, en la categoría novela de ficción. Es un festival un poquito más pequeño que el ILBA, pero igual de importante, también premia libros escritos por latinoamericanos. Cuando pasa esto, tú empiezas a pensar primero que nunca sabes de donde te están mirando, nunca sabes de donde te están leyendo y siempre esperas que tu trabajo sea de alguna forma reconocido.

Yo sabía que habíamos enviado el libro el año pasado, pero se me había olvidado que estamos participando en la ILBA hasta que me llegó un correo de la editorial en donde me avisaban que habían entregado el resultado y como lo primero que te mandan es “Un hombre sin nombre”, la categoría y que eres finalista, yo me fui de cabeza al mirar mi email, porque dije, ¿me estarán troleando?

¿Te sientes de alguna manera ya un ganador al ser finalista?

Sí, definitivamente, porqué el ILBA es un festival bastante prestigioso y acá en Chile no le tomamos el peso de lo que significa esto. Hay un sello que significa Award Winning Author (AWA) que solo se le permite usar a los finalistas y acá (en Chile) es como un sticker muy hermoso, pero en Estados Unidos es sinónimo de calidad y publicidad. Para nosotros es difícil entender, porque estamos lejos.

Un AWA es un autor de prestigio y cuando en la comunidad estadounidense ven este sello, no te preguntan si fuiste primero, segundo o tercero, no te lo preguntan, porque saben que esto significa que ganaste y pasaste un filtro gigante y que tu libro es sinónimo de calidad y que todos los finalistas recibirán una medalla, porque todos somos ganadores del ILBA.

Una de las cosas que nos pidieron a todos es grabar un video de unos 3 minutos para poder hablar de nosotros y el libro, porque ese libro se les entregará a personas que trabajan en librerías y colegios en caso de que les interese comprar el libro o hacer algún tipo de pedido. Si no te sientes ganador con eso, en realidad, no sé con qué te puedes llegar a sentir ganador.

¿De qué trata «Un hombre sin nombre»?

Un hombre sin nombre es un spin off, lo digo literal, es una novela nacida de Tres balas en la pampa, pero que nos cuenta otra historia, no es una continuación. En esta novela tenemos la historia de “El Flaco”, un personaje que está inspirado en figura de Arturo Salas, que era un bandido de la zona de Antofagasta y está ambientada a principios del siglo XX.

Nos cuenta cómo este bandido para poder sacarse de encima esta sentencia de muerte que tiene por la justicia en el norte de Chile, decide aceptar una misión de caza recompensas que lo llevará a perseguir a un bandido rural de la zona de San Javier, que es una leyenda que está casi al nivel de los “Pincheira” en fama.

El título del libro es “UN HOMBRE SIN NOMBRE”, ¿qué buscabas trasmitir con esta particular elección?

Lo primero que quise trasmitir, era contarle al lector con qué se iba a encontrar. “Un hombre sin nombre” es un arquetipo del cine western, es el personaje que encarna Clint Eastwood, tanto en “El Bueno, el Malo y el Feo” (1966), “Por un puñado de dólares” (1964), “Por unos dólares más” (1965) y también es el personaje que interpreta Charles Bronson en “Érase una vez en el oeste” (1968).

Más allá de no tener una identificación en particular, el titulo se refiere a que el protagonista (El Flaco) no tiene una historia detrás. Cuando tú tienes un nombre, cargas con una identidad que está formada por vivencias y experiencias que te hacen ser tú mismo. Si tú no tienes nombre, ¿cuál es tu identidad?, ¿qué te individualiza? Y si es que no te individualiza nada, ¿cuáles son tus raíces? ¿A dónde perteneces? Esa es la idea detrás de “Un hombre sin nombre”. La idea era mostrar a un personaje sin historia, sin identidad ni raíces, sin arraigo, sin nada que perder. En una época donde el nombre lo es todo, él no lo tiene, por lo tanto, no arriesga.

¿Por qué hacer una novela western ambientada en el norte de nuestro país?

Hay varios motivos. Yo viví 30 años en Antofagasta, me crié jugando en la pampa, mi abuela es pampina, mi mamá es antofagastina y su familia hizo casi toda su vida en la actual población Prat B cuando eran unos terrenos en toma. Hay mucha historia de la cuidad que está en mi familia.

Lo otro es que cuando llegué a Santiago me di cuenta de algo que cuando estás en Antofagasta no te das cuenta tan fácil: La gente acá en el centro y sur de Chile piensa que los nortinos somos pesados, antipáticos, mezquinos, cortantes, tienen una mala impresión de la personalidad del nortino. Si nosotros tenemos esta personalidad, pero es por nuestra historia, esto nos costó.

¿Cómo nace esta relación con el western?

Parte con el odio, el western era un género de cine que yo odiaba mucho por una razón muy sencilla. Cuando crecí en Antofagasta, había dos canales de televisión, Telenorte y TVN, años después llegó el Mega y Chilevisión y tenía pocas instancias para ver monitos.

A mi papá le gusta el western, le gustaban las películas de vaqueros, mientras más balazos y más muertes mejor. Me pasaba que cuando yo estaba viendo tele, mi papá me cambiaba la tele para ver western. Cuando veníamos a visitar a mis abuelos en Peñaflor y pasar vacaciones a Santiago, me pasaba lo mismo, llegaba y me encontraba con esta cantidad de canales que tenía Santiago, donde podías estar toda la mañana viendo diferentes monitos que nunca habías visto y mi abuelo cambiaba la tele para ver Bonanza y me gritaba ponte una de Cowboy. Yo odiaba con el alma el western.

Después cuando crecí, empecé a mirar el western con otros ojos, pero seguía un poco en el odio por esta visión gringa que existe en el western sobre los buenos y los malos, donde los buenos son la caballería y los malos son los indios, porque vivo en un país donde somos todos mestizos y quienes no, son descendientes directos de pueblos originarios. Entonces, qué más colonialista que la mirada gringa. Ahí empecé a mirar el western con otros ojos. Y cuando empecé a entender el western como un género, encontré tantos paralelismos con Chile que dije: Chile es tierra de Western.

Lanzaste hace un mes “La Ventana De Olduvai”, una novela de ciencia ficción, pero tus obras anteriores son parte del género western. ¿Se vienen más obras de este género?

Soy una persona bien inquieta, me cuesta quedarme en el mismo lado. En la época donde tenía trabajos formales, si estaba dos años haciendo la misma pega me cambiaba de trabajo, me aburría. Con la literatura me pasa lo mismo, cuando estoy haciendo el mismo género, me aburro. Explorar los géneros literarios para mi es un ejercicio estilístico y creativo, y me permite saber si puedo hacer terror, western, fantasía, ciencia ficción.

El western para mí ha sido una importante etapa, primero porque me abrió las puertas a la palestra nacional. Si soy conocido hoy en la literatura, es básicamente por las historias western. De hecho, cuando presenté “La ventana de Oldubai” (2020), Francisco Ortega, uno de los presentadores, dijo que este libro igual es un western, pero un western espacial. Al fin y al cabo te pones a pensar los tópicos que toca el Western y te das cuenta de que todo es western.

Un gran cierre para este arco argumental: “Nos llevamos el western a la Patagonia”

Hugo explica que quiere descansar del género western y explorar otros géneros como la ciencia ficción, donde se sintió bastante cómodo. Luego, le gustaría intentar algo en la fantasía y en la narrativa contemporánea, diversificando su carrera hasta que llegue un punto donde quiera volver a sus primeros géneros.

Además, en conjunto con Daniel Leal, coautor de “Tres balas en la pampa”, tienen pensado escribir un gran cierre para este arco argumental, pero está vez estará ambientado en la Patagonia. “Daniel Leal se animó a escribir un spin off de La Rubia, personaje importante de Tres balas en la pampa. Cuando se publique esta obra nos juntaremos nuevamente. Queremos hacer una historia donde se destaque la matanza y exterminación de los Selknam desde una perspectiva western, pero esto viene para el 2022”, comentó Hugo.

Tres balas en la pampa fue un homenaje a tu padre y a su abuelo. ¿Este libro sigue este mismo sentido de homenaje?

Hay un homenaje, pero es un homenaje distinto, yo también soy padre, tengo una hija que vive en Antofagasta, tiene 15 años y es una adolescente. Ella siempre me ha cobrado el hecho de que nunca hablo de ella en los libros. En “Un hombre sin nombre”, unos de los ejes centrales es explorar una relación paternal de este bandido, por ahí va el homenaje, va en cómo se relaciona Ciriaco Contreras y como se relaciona “El Flaco” con la posibilidad de ser padre.

El norte es un foco de inspiración para grandes poetas, por ejemplo, Gabriela Mistral, Andrés Sabella y escritores como Hernán Rivera Letelier. ¿Hay algo especial o particular en el norte que inspira a escribir y contar historias?

Yo siento que el norte tiene algo magnético, algo mágico que tiene que ver con la inmensidad a la que te enfrentas cuando miras al desierto. Hay algo en el desierto que atrae la vista y dispara la imaginación. Nosotros como seres humanos llenamos vacíos.

Cuando viajas de Calama hacia Antofagasta estas en altura geográfica y literalmente vas bajando. Te sientas, miras al frente y ves como todos estos cerros se van sucediendo y pierdes la vista mirando cerros y planicies eternas donde no hay nada. Hay mucho, pero a la vez hay nada. Luego sales por la quebrada de la costa, pasas por lo recovecos de la cordillera de la costa y de la nada aparece el mar en su máxima expresión. Es un mar eterno, estas ante la inmensidad del mar y la inmensidad del desierto y eso no lo encuentras en ninguna parte más.

Además, está la naturaleza de la actividad económica de Antofagasta, es decir, la minería, que es parecida a las salitreras, donde estás todo el día trabajado y después te vas a descansar. Pero estás lejos de la familia en la mitad del desierto, donde no hay ruido y tienes las estrellas exaltadas. Te enfrentas con la naturaleza sin ningún filtro, en la inmensidad del espacio, del desierto y el mar. ¿Cómo no te va a inspirar eso?

¿En qué se encuentra trabajando Hugo Riquelme actualmente?

El escritor nortino relata que durante estos meses de confinamiento no ha desperdiciado un solo segundo, desde talleres literarios, un canal en YouTube sobre la colonización de marte llamado “La aburrida vida de un aislado voluntario”, hasta ser coanfitrión de “¿Y tú qué harías?”, un programa de entrevistas y conversaciones junto con Alejandra Pinto y Daniel Leal. Hugo no desperdicia su tiempo.

“Yo pensé que la cuarentena iba a ser aburrida, porque estaría mucho tiempo en casa sin hacer nada. Pero todo lo contrario, se ha vuelto tremendamente productiva que me faltan horas del día para hacer cosas”, comentó el escrito nortino.

Entre sus proyectos a concretar, el autor de “Las noches pasadas”, cuenta a Regionalista que publicará una novela el próximo año sobre la colonización en otros planetas. “La temática del libro es ver cómo funcionó una colonización y cómo impacta estar en otro planeta, en la cultura, y cómo el ser humano lidia con la inteligencia artificial”, agregó.

Además, en Aurea Ediciones, hay una línea de libros llamada “Zombis chilenos”, donde se encuentran libros como: “Valparaíso Zombi”, “Chile Zombi” y “Chiloé zombi”, por lo que le encargaron la realización de una versión situada en la región: “Antofagasta Zombi”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here