A más de un año del inicio de la pandemia, el sistema virtual sigue siendo un problema para muchas madres y apoderadas, quienes se deben encargar del hogar, trabajar, ayudar en las tareas escolares y solucionar los problemas de conexión a Internet.

El informe “Vida en Pandemia”, un estudio longitudinal de la Universidad de Chile que investiga el impacto de la pandemia en la población, arrojó que un 68% de los padres y/o apoderados respondieron que sus hijos/as han aprendido menos con la educación a distancia. A su vez, se constató una brecha de género que perjudica a las mujeres, entre marzo y noviembre del año pasado, puesto que el 58% de ellas trabajó los 5 días de la semana en la asistencia de los estudiantes, mientras que el resultado de los hombres solo alcanzó un 41%. Unas y otros descendieron, pero las mujeres alcanzaban el 41% y los hombres el 23% al final del año escolar.

Las complejidades de las aulas virtuales no son una realidad ajena en las familias chilenas, puesto que, según el Informe, hay evidencias “del trabajo desequilibrado en el tiempo dedicado al trabajo educativo, del comienzo al final, en favor de los hombres. La educación vino a profundizar la antigua desigual distribución del trabajo no remunerado en el hogar”.

Los desafíos de las apoderadas

Para madres y apoderadas esta es una relación compleja. Así lo relata Andrea Vega que, si bien se ha acostumbrado a las clases online, reconoce que siguen existiendo inconvenientes como cuando hay poca conectividad a Internet. “Tengo que tratar de estar lo más posible pendiente de las clases de mi hija y los quehaceres de la casa”, indicó.

También menciona que no han brindado apoyo por parte del establecimiento. “Uno de los desafíos al enfrentar la escolaridad online, es que mi hija pueda aprender bien lo que le están enseñando, para que el próximo año esté nivelada al año que le toca”, explicó Vega.

Por su parte, Ana Lobos destaca que se le ha hecho difícil acostumbrarse a la dinámica en línea, pues su hijo es pequeño y está cursando prekínder. “Mis mayores desafíos han sido que mi hijo logre entender esta nueva modalidad online y explicarle que no será para siempre, sino que hasta que se acabe la pandemia”, manifestó.

Trabajo online y maternidad

Por otro lado, Fernanda Fredes, quien es profesora y madre a la vez, advierte que todo el periodo de trabajo online ha sido un desafío y una dinámica constante. Aunque se considera de la camada de profesores jóvenes, le ha costado adaptarse. “Todavía me cuesta trabajo estar así, lejos de los niños. Soy una profe de piel, entonces mi trabajo es cercano. Además de contenido, me gusta darles cariño, y ahora con suerte veo un nombre en la pantalla. Así que, sí, es muy difícil trabajar así”, afirmó.

Al compaginar las clases online que imparte con la maternidad, sostiene que “es horrible, porque no se separan los ambientes entre trabajo y la casa. A veces intento no estar en el computador, pero me pillo trabajando igual, dado que mis hijas me reclaman, entonces es complejo”. Además, indica que “siendo madre y profesora, los hijos quedan más solos, yo tengo harto apoyo de mi madre. Sin ella, mi hija más pequeña lo más probable es que estuviese sola en clases, sin supervisión en las clases online, ya que tenemos el mismo horario de clases”, relató.

Recalca que su mayor desafío es “siempre estar reinventándome con las estrategias para las clases, buscar siempre aplicaciones tecnológicas para trabajar con los niños, lograr que puedan aprender algo de esta forma. Y es complejo, porque no todos están en condiciones óptimas para trabajar, en cada casa hay un problema distinto en donde los niños y niñas tienen que enfrentar su trabajo escolar”. Agrega que un reto como mamá es “poder estar al día con los quehaceres de mis hijas y poder ayudarlas, sobre todo a la más pequeña”.

Datos del informe:

https://www.uchile.cl/noticias/176387/68-de-personas-estima-que-sus-hijos-han-apre

https://www.uchile.cl/documentos/informe-n10-vida-en-pandemia-la-educacion-en-la-cotidianidad-de-la-vida-de-las-ninas-y-ninos-de-primer-ciclo-en-el-primer-ano-de-pandemia_176387_0_5633.pdf

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