Desde marzo de 2020 la mayoría de los establecimientos educacionales dejaron de funcionar de forma presencial, para dar paso a la cuestionada modalidad online, que permanece como método principal hasta el día de hoy, debido a la pandemia del Coronavirus.

Según Constanza Calcagno, profesora de educación media y básica, el proceso en línea fue y sigue siendo complejo, partiendo de la premisa que no toda la comunidad tiene un libre acceso a la tecnología.

«Ha sido difícil, tanto para la actividad educativa, como las distintas familias y sus respectivos contextos. Es arduo ‘encontrarse’ a través de este espacio virtual, ya que debemos aceptar que no toda la población tiene acceso a las plataformas, o internet mismo», señaló.

Entre otros aspectos negativos, la pedagoga menciona lo complicado que resulta separar los distintos espacios y roles de la vida cotidiana. «Es difícil mantener horarios, sobre todo para colegas que son padres de hijos muy pequeños. También es engorroso manejar ciertas herramientas para contener a los estudiantes. Muchos de nosotros hemos buscado orientación y guías, pero aún así es complejo demostrarle a todos que deben aprender, en vez de distraerse», comentó.

Entre los aspectos positivos, la situación sanitaria permitió una mayor conexión de las personas con el cuidado del cuerpo y la mente. Según Calcagno, la salud mental debe ser un temática a considerar a la hora de crear los parámetros de implementación de las clases online.

«Se ha incentivado una mayor preocupación por el cuidado del cuerpo y la mente. Se ha hablado más de salud mental, o de cómo las artes son un mecanismo de expresión y comunicación. Ha sido una buena oportunidad para poner estos temas sobre la mesa, y la importancia de atender estos asuntos en materias educativas», precisó la profesora.

Para Rodrigo Sasso, profesor de educación básica, la falta de Internet es el talón de Aquiles del nuevo sistema de clases. «El problema del Internet se repite mayormente en el caso de los establecimientos públicos, pero hay que considerar que esto también se da inclusive en educación superior. Eso afecta tanto a nivel profesional como estudiantil. Pero no solo a los alumnos, hay que tratar de separar las tres perspectivas fundamentales en ámbitos de educación, alumnos, profesores y apoderados», indicó.

«No es fácil evaluar a 40 niños de manera presencial, imagínate on line. Se revuelve todo, se acumulan trabajos, tareas, horarios. Aparte, no hay nada o nadie que fiscalice el hecho de que muchos directores o sostenedores de colegios presionan para que las clases continúen a pesar de sus medidas nefastas», finalizó el académico.

Las opiniones de los profesores locales coinciden en la falta de apoyo de parte de las autoridades encargadas, lo que ha generado estrés y que los contenidos no se vean de forma correcta, provocando atrasos y desniveles en los mismos estudiantes.

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