Dentro de un mes los vecinos y vecinas estamos convocados a elegir alcaldes, concejales, gobernadores regionales y convencionales constituyentes. Estos últimos serán los representantes electos para redactar la nueva Constitución, tras el aplastante triunfo del «Apruebo» en el plebiscito del 25 de octubre de 2020, luego del despertar social que comenzó con la revuelta popular que partió el 18 de octubre de 2019.

Estas elecciones se dan en el contexto de una graves crisis sanitaria, con el país en Estado de Emergencia producto del Coronavirus y con un toque de queda que es utilizado por el gobierno de turno para mantener el «control social».

Regionalista conversó con Pablo Rojas, candidato a constituyente por la región de Antofagasta, para conocer sus punto de vista y propuestas de cara a este histórico proceso que se vivirá el 10 y 11 de abril próximos.

¿Cómo llegaste a ser candidato a la Convención Constitucional?

Como trabajador comunitario hace una década y dirigente social, sindical y por los derechos humanos hace más de 5 años, junto a otras y otros he estado involucrado en los procesos de lucha y organización por mejorar las condiciones de vida y reconocimiento de derechos de los grupos más empobrecidos y precarizados de nuestra sociedad. Por lo tanto, la revuelta popular vino a fortalecer este trabajo y darle nuevos horizontes. En ese contexto me convertí en vocero de lo que fue Unidad Social en Antofagasta, liderando junto a otras personas y organizaciones el levantamiento de decenas de cabildos en la ciudad y la región. Luego, cuando Unidad Social pasó a ser Antofagasta por una Nueva Constitución, nos convertimos en un comando independiente de campaña por el Apruebo y la Convención Constitucional, y aun cuando siempre tuvimos reparos con el proceso institucional como fue definido, realizamos volanteos, puerta a puerta y múltiples talleres informativos en diferentes sectores de la ciudad, donde primaban las dudas en torno al proceso, jugando un importante rol en el derecho a la información de la ciudadanía.

¿Y qué ocurre después del plebiscito?

Ya luego del plebiscito y de haber sido apoderado de mesa para defender los votos del Apruebo y la CC, comenzamos a trabajar con otras organizaciones para fortalecer un proceso constituyente realmente ciudadano y participativo. Todo ello sirvió para tomar la decisión de competir por primera vez en una elección popular. En consecuencia, mi decisión de ser candidato no ha sido uno o dos hitos, sino fruto de un proceso de años en tanto dirigente y luchador social, desde abajo y con esfuerzo. Si a eso sumamos el apoyo e impulso dado por las organizaciones por la vivienda y derechos humanos en las que he participado, mi sindicato y varias amigas/os y compañeras/os, la decisión de ser candidato en este proceso histórico era ineludible para mi.

¿Qué te diferencia de los otros candidatos y candidatas por la Región de Antofagasta?

En cuanto a qué me diferencia, creo que lo que me distingue es ser un dirigente joven, con una trayectoria comunitaria, social y de lucha reconocible durante años; que si bien cree en la política como forma de construir nuestras comunidades y sociedades, no milito en partidos; con experiencia en organizaciones y procesos de lucha y negociación a nivel local, regional y nacional; que me he educado y autoformado en las áreas centrales de cara a este proceso, contribuyendo a la formación de otras y otros; y que he demostrado estar del lado de las mayorías empobrecidas y precarizadas sin importar el signo del gobierno de turno. Todo lo anterior porque siempre he sido parte de esas mayorías empobrecidas y precarizadas.

¿Cómo deberían llegar los movimientos y organizaciones sociales a la Convención Constitucional y cómo piensas representar estos movimientos en caso de ser electo?

Primero que todo, con un mínimo de unidad, no de esa que se declara, sino de esa en serio, la que es difícil de lograr, al menos en planteamientos centrales que nos unan, manteniendo nuestras particularidades. Me parece necesario que sin perder de vista las maniobras de la élite política y económica para domesticar este proceso (de lo que podríamos hablar sin descanso), quienes venimos desde el movimiento social y las luchas por derechos y dignidad, debemos hacer una autocrítica importante. Se critica la dispersión partidaria, sin embargo en los movimientos sociales eso es también una realidad, se ha visto desde hace tiempo y ahora también. Me parece que a veces nos centramos más en nuestras diferencias y nuestras propias concepciones que en desarrollar una real vocación de mayorías, de pueblo y ciudadanía mayoritaria. Eso lo veo muy claro desde hace años en mi trabajo comunitario y lo corroboro en nuestros volanteos y puerta a puerta de campaña. Muchas veces nuestras concepciones y convencimientos ideológicos se alejan de aquellas personas de carne y hueso que buscamos representar o con quienes queremos construir caminos y sueños.

En otro plano de la respuesta, creo que hay al menos 3 cosas importantes en las que avanzar: 1)  Desarrollar un programa unitario del movimiento social y la ciudadanía , para lo cual es importante levantar, sistematizar y hacer dialogar los diferentes cabildos pasados y presentes. Un ejemplo de lo anterior es la iniciativa de Asamblea Popular Constituyente (APC) que levantan diversas organizaciones y que busca tener un impulso nacional. No podemos llegar a la Convención y que las propuestas iniciales sean las de Espacio Público, el CEP o Libertad y Desarrollo o las del Instituto Igualdad. El movimiento social debe poner sobre la mesa sus propuestas desde el inicio (las urgentes y las de mediano y largo plazo); una de las urgentes debe ser liberar o agilizar los procedimientos judiciales de los jóvenes que aun siguen encarcelados en el marco de las protestas; 2) Demandar una institucionalidad de participación ciudadana, interna en la CC, con un presupuesto mucho mayor a los 500 millones establecidos actualmente en la Ley de Presupuesto (eso es menos del 6% del presupuesto para la Convención); esta institucionalidad debería depender directamente de la presidencia de la CC o delegarla en alguna comisión dedicada exclusivamente a ello, la que tenga equipo suficiente y adecuado para recibir propuestas, procesarlas, sistematizarlas y ponerlas a disposición de la Convención. Todo esto debe estar plasmado en el reglamento de la CC, el que además debe asegurar que la CC recorra el país y que haya mecanismos de participación directa como propuestas ciudadanas de moción a través de la junta de firmas, audiencias públicas, entre otras. 3) Que el movimiento social se articule a medida que avance el proceso, para efectos de establecer control social sobre el mismo y contribuir a orientar las discusiones de la CC. Esto incluye convertirse en un contrapeso del poder económico, de las campañas presidenciales y parlamentarias, del gobierno de Piñera, de los think tanks de los grandes partidos, de las presiones extranjeras y los medios tradicionales. Es una tarea titánica, a la que hay que sumar que complementariamente, debe ser el movimiento social el interlocutor principal con las grandes mayorías del país. Difícil, si, pero no imposible si hay real voluntad política y responsabilidad histórica.

¿Cuáles son los principales ejes programáticos de tu campaña?

Mi programa está compuesto por un decálogo de propuestas, las que se dividen en dos grandes áreas: Derechos y Garantías Fundamentales y Organización del Estado. En términos muy sucintos, son las siguientes: que el Estado garantice los Derechos Sociales (Salud, Pensiones, Educación, Vivienda, Trabajo); negociación colectiva por rama económica y reconocimiento constitucional de la titularidad sindical; incorporar derechos emergentes: neuroderechos; inclusión; de la tierra; digitales; soberanía alimentaria; sexuales y reproductivos; trabajo doméstico y reproductivo, derecho a la cultura; participación ciudadana vinculante en materia de políticas públicas y rebajar el derecho a sufragio desde los 16 años de edad; crear la Defensoría del Pueblo, como órgano autónomo que asuma defensa de los derechos de las personas; avanzar hacia un Estado Social de Derechos, Emprendedor y Descentralizado, garantizando derechos, promoviendo industrias propias y redistribuyendo la riqueza en todos los territorios, no sólo las comunas del Rechazo; Estado Plurinacional e Intercultural, reconociendo la diversidad de pueblos y naciones que existen en nuestro país; régimen de gobierno semipresidencial o parlamentario, para acabar con el presidencialismo extremo de nuestro país; revisar existencia o autonomía de los siguientes órganos: Banco Central; Tribunal Constitucional; Consejo de Seguridad Nacional (COSENA); Fuerzas Armadas; Fuerzas de Orden y Seguridad; que toda futura reforma constitucional relevante pase por Plebiscito Nacional, para evitar que sea el poder político el que cambie las reglas del juego sin pasar antes por aprobación ciudadana.

¿Cómo estás financiando tu campaña?

El 80% de la campaña se está financiando a través de deuda con quienes nos están prestando los servicios (palomas, volantes, gestión de RRSS, etc.), la que tendremos que pagar con el reembolso de SERVEL por los votos obtenidos; el resto lo estamos financiando con donaciones de amigas y amigos o personas que creen en la candidatura, trabajos voluntarios, un porcentaje menor de aporte propio y el anticipo de SERVEL, que ha sido de alrededor de $215.000. Lo que no tenemos en dinero lo tenemos en apoyo y convicción.

¿Qué rol crees que jugará el gobierno en el proceso constituyente?

En todos los procesos latinoamericanos los gobiernos han jugado roles de gran relevancia, no habiendo propiamente procesos soberanos o autónomos plenos. Lo hizo Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, Chávez en Venezuela y Gaviria en Colombia. En la mayoría de estos casos, la intervención presidencial contribuyó al avance de propuestas progresistas, aunque también, en otros, fueron intervenciones más allá de lo necesario. En Chile tenemos un gobierno que va a buscar intervenir directa (con propuestas) o indirectamente (a través de sus convencionales, por la vía administrativa y presupuestaria, tratando de copar la agenda noticiosa, etc.), en el funcionamiento y destino de la convención y sus planteamientos. Algo similar va a hacer el congreso y otro poderes y órganos autónomos. Ante esto, la convención debe definir en su reglamento un acuerdo explícito en términos de autonomía de los poderes constituidos; aquí el rol del movimiento social y la ciudadanía será central, en cuanto a controlar las intervenciones externas a la convención, la que en sí misma será un espacio de diálogo, pero también de tensión y disputa. Por eso, las fuerzas transformadoras y de cambio real por los derechos y dignidad de las mayorías, deben acordar actuar de cara a la ciudadanía, con responsabilidad y transparencia. Seremos portavoces e interlocutores de los anhelos de millones. No podemos permitir que la Convención se encierre sobre sí misma; debe abrirse por fuera de los muros del Palacio Pereira.

Con la Nueva Constitución redactada, ¿cómo imaginas a la Región de Antofagasta?

Aspiro y me siento comprometido con una región efectivamente descentralizada, autónoma en lo político, económico y administrativo. Que reconozca, respete y dé garantías de autonomía a sus pueblos originarios; que pueda utilizar realmente gran parte de los recursos que produce para mejorar nuestras condiciones de vida, acabando con la desigualdad en nuestras ciudades, resolviendo el problema de falta de viviendas y la especulación con el suelo; generando empleo digno y reconociendo tanto en trabajo productivo como reproductivo. Que desarrolle sistemas de salud basados en la promoción y prevención y sistemas educativos realmente inclusivos, en que quepamos todas y todos. Que promueva la investigación científica de primera línea, la innovación, el arte y la cultura para todas y todos, con garantías estatales.

Me imagino una región donde las y los ciudadanos tengamos derecho a definir en que se gasta parte de los presupuestos municipales y regionales, tanto en las obras y acciones de nuestro territorios, como en los grandes proyectos de inversión. Aspiro además a una región donde las grandes empresas no sigan contaminando los mares, ríos, aires y suelos, y la industria energética, minera y portuaria responda a mecanismos de gestión y control importantes por parte del Estado y las comunidades organizadas con real poder para co-definir inversiones potencialmente dañinas.

Finalmente, me imagino una región donde las comunas más pequeñas sean realmente escuchadas y no sigan olvidadas como hasta ahora. Que la autonomía llegue a todos los territorios, no replicando como centralismo regional el centralismo que tanto le criticamos a la capital. Creo que la revuelta, el tiempo y el aprendizaje permiten ser moderadamente optimistas. Ya hay varias compañeras y compañeros que comparten estas aspiraciones y que han dado un paso adelante para hacerlas realidad desde el municipio, el Gobierno Regional y la Constituyente. Me alegro por eso.

En definitiva, me imagino y aspiro una región donde podamos ser felices y desde nuestras 9 comunas, tener derecho al futuro.

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