¿Se acuerdan de Skins?, aquella serie británica que acompañó a toda una generación con historias de adolescentes llenos de problemas, alcohol, drogas y una salud mental bastante preocupante. Quizás se sorprenderán al saber que existen variantes de la misma serie en diferentes países. Pero, ¿a dónde quiero llegar con esto? Luego del éxito de esta serie y sus variantes, la televisión se llenó de producciones con la misma fórmula, dejando de ser novedosas. Eso hasta que apareció Euphoria.

La clave de esta serie radica en la “purpurina” que le entrega a las mismas historias de siempre, pero llevadas a un nuevo nivel. Con un relato totalmente dinámico, rápido e interesante, logran enganchar al espectador con una historia que no realiza ningún juicio de valor a las acciones que siempre se les critican a la denominada generación Z, sino que al contrario, entiende el por qué se actúa así y lo único que hace es retratar estas historias en ocho capítulos.

La serie posee una historia lineal llena de conflictos, pero que en cada episodio parte con la realidad de cada uno. Eso no significa que vemos la historia con esa perspectiva únicamente, sino que nos muestra desde la niñez de ese personaje lo necesario para entender el contexto de las acciones de cada individuo. Cada uno de estos son sumamente diferentes en personalidad y en forma de vivir, pero comparten una cosa: Están destrozados.

Como decíamos en un principio, lo increíble de esta serie es el excelente trabajo de fotografía con cada escena y secuencia increíbles, acompañado de una estética fascinante que le entrega una identidad única. Este es quizás uno de sus más grandes atributos y una herramienta muy bien usada para enganchar y retratar a esta generación.

Otro punto fuerte de Euphoria son las grandes actuaciones de sus personajes principales y secundarios, destacando en primer lugar a quien lidera este cast, Zendaya, interpretando “Rue”, una adolescente adicta a diferentes sustancias que debe cargar con las consecuencias de eso en su vida. En la serie queda demostrado que Zendaya hace rato dejó de ser una simple chica Disney con carisma. Por otra parte, tenemos a Jacob Elordi, interpretando a “Nate”, el clásico capitán del equipo de fútbol americano, el más popular de la secundaria y que al mismo tiempo mantiene una relación amorosa tóxica, violenta y manipuladora.

Detrás de estos personajes aparecen las increíbles interpretaciones de Hunter Schafer con “Jules” o Alexa Demie como “Maddy”, tomando el rol de la porrista novia de Nate que tiene mucho más que contar.

La serie tiene la crudeza y brutalidad como elementos fundamentales para el impacto que ha tenido en sus fanáticos y en la misma crítica, con escenas de sexo y violencia explícita. Ambos conceptos son muy bien trabajados y se unen a la honestidad que le entregan a esta historia.

En conclusión, Euphoria hace un trabajo excelente en cuanto a retratar a la juventud actual, con sus brillos y demonios, alcohol, drogas, sexualidad, relaciones tóxicas, entre otros temas, maquillados de forma impecable por un trabajo notable de fotografía y una estética mágica para una de las mejores series del año. Cabe mencionar que ya se confirmó una segunda temporada tras ese final que deja más dudas que respuestas sobre el futuro de estos personajes que juegan constantemente con el precipicio emocional.

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