Sí queridos lectores, las expectativas eran altas y más cuando este proyecto que escribía y dirigía Quentin Tarantino. Y la expectativa creció cuando se anunció que estaría enfocado en el asesinato de Sharon Tate y lo que esto conlleva (Charles Manson y compañía), junto a actores increíbles, algo recurrente en las película de Tarantino. ¿Qué podía salir mal?

Lo anterior basado en la última película de Quentin Tarantino, un director ya consolidado y que solo con su apellido ya vende para los fanáticos del cine. En esta ocasión nos presenta la historia de Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), un actor ya veterano que ve caer su carrera en mano de las nuevas y potentes figuras del cine. El personaje de este actor es acompañado por su fiel vasallo, Cliff Booth (Brad Pitt), un rudo doble de acción que debe vivir con las consecuencias de haber matado a su esposa (situación que nunca queda clara).

Por otro lado, la historia se entrecruza quizás por el motivo principal de por qué fuimos al cine: ¿Cómo Tarantino retratará el asesinato de Sharon Tate?

Este quizás es uno de los principales problemas de la película, presentándonos como historia principal a dos personajes cayendo en la desgracia de Hollywood, mezclados con la visión de Tarantino sobre esta década, entendiendo «Érase Una Vez en Hollywood» como un fetiche del director con homenajes constantes al cine, la televisión y la cultura de la época, lleno de personajes caricaturescos y excelente música.

Pero de alguna manera, esta historia se alterna con escenas de Tate y su mundo, jugando con el espectador, con la tensión y la ansiedad de saber lo que viene mientras una angelical y adorable Margot Robbie representa a esta incipiente actriz y su mundo. Pero todo es vacío, nos quedamos simplemente con una breve explicación durante una fiesta en la mansión Playboy sobre el triángulo amoroso entre Sharon, Polanski y Jay Sebring. Solamente eso queda sobre esta figura que nos regala una excelente secuencia mientras entra a un cine y ve su película The Wrecking Crew (1969), viendo su actuación y esperando la reacción del público, un momento notable de lo poco que podemos rescatar sobre la historia de Sharon Tate.

Otro elemento que nos llamaba la atención sobre esta película es cómo iba a ser retratado Charles Manson y su “Familia”. Debemos recalcar que poco y nada tenemos de Manson y solo vemos una secuencia hipnotizante e inquietante de este personaje que llega a saludar afuera de la casa de los Polanski, pero después de eso nada más.

De la “Familia Manson” tenemos bastante, pero de una manera extraña. De forma inteligente poco a poco nos van introduciendo a esta familia, que el mismo personaje de Brad Pitt se topa llegando a un punto inquietante. Y como todas las escenas de la familia y las de Tate, nos recuerdan que estamos en una película que retratará esto como eje, llenando de tensión al espectador.

Todo es retratado por un notable uso de tonalidades, colores y filtros de la época, lo que nos hace creer por largos minutos que estamos viendo una película ambientada en esos años. Los diálogos clásicos de Tarantino poseen la misma construcción de estos en su arco, pero carecen de dinamismo y velocidad, lejos de lo que hemos visto en proyectos anteriores.

«Érase una Vez en Hollywood» se puede resumir como un fetiche del director, con un arco narrativo desgastante, con una fórmula que se perdió en el resultado final, mezclando calidad de actores, figuras icónicas de la época, música fascinante (que solamente un melómano como Tarantino podía armar) y finalmente una excelente visión de producción, pero que al final deja con un mal sabor de boca al espectador en una película olvidable en el tiempo.

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