La educación cívica o civismo, es un proceso de formación que busca generar responsabilidad ciudadana y compromiso social, con el objetivo de crear conciencia en las personas para que, al momento de convertirse en ciudadanas y ciudadanos (18 años), puedan participar con pleno conocimiento de las obligaciones y derechos que deben ejercer, como el sufragio, el que pertenece a la participación electoral y que esta semana ha vuelto al debate tras la aprobación del voto obligatorio.

En los diversos establecimientos educativos, públicos, subvencionados o particulares, ha existido un precaria práctica de esta formación tan valiosa que aporta al desarrollo de nuestra sociedad. Si bien el 2016 se creó un plan de formación ciudadana, recién en 2018 se actualizan las bases curriculares, entrando en vigor el 2019, permitiendo la existencia de una asignatura de Educación Cívica para terceros y cuartos años de enseñanza media.

La opinión de los docentes

Bernardo Cienfuegos, profesor de lenguaje de la ciudad de Antofagasta, ha practicado la docencia en diferentes establecimientos públicos por diez años, lo que le ha permitido ver cómo este civismo, muchas veces, es un esfuerzo individual impulsado por diferentes colegas en su trabajo diario. “Sin embargo, el miedo y/o desprecio a la cuestión política (vinculada siempre a los partidismos y desprendida de su real sentido de representación) ha primado entre los estudiantes: observamos una renuncia, el ejercicio del poder se delega, deja de ser relevante”, mencionó.

“Aunque la escuela debe ser uno de los espacios predilectos para forjar la enseñanza de los valores democráticos y ciudadanos, es un hecho que su dependencia en jerarquías, ciertos autoritarismos y débiles ‘liderazgos’ institucionales, hacen imposible que ello ocurra. Por tanto, en la práctica, observamos cómo se repiten ciertas arbitrariedades e imposiciones, mientras que las habilidades para vivir en democracia pasan a un insignificante segundo plano”, finalizó Cienfuegos.

Desde la misma posición, Fernanda Fredes, profesora de lenguaje en el Colegio Inglés San José, comentó que “efectivamente todavía está precarizada y creo que le damos solamente la responsabilidad a la asignatura de Historia y Geografía. En enseñanza media, propiamente tal, se viene a hablar de conciencia ciudadana, de los poderes del Estado y dejamos de lado a los jóvenes de enseñanza básica, entonces a la media llegan débiles con respecto a lo que es votar, las elecciones, estos conceptos tan básicos que ya a los 18 años se tornan una responsabilidad”.

Educación ciudadana

A esto se suman profesores de historia, quienes son los que asumen la obligación de aportar estos conocimientos a sus estudiantes, entendiendo la dura realidad que les ha tocado vivir desde lo docente, ya que el 2020 dejó de ser un ramo obligatorio para transformarse en optativo y tener como objetivo promover en los/as alumnos/as conceptos como la democracia, desarrollo social, dimensión ciudadana, entre otras aristas.

Cristian Campos, profesor de historia,  recordó que “por varios años se habló de la necesidad de retomar la asignatura de educación cívica dentro del currículum nacional, sin embargo, soy crítico respecto a este concepto, pues encierra la idea de preparar a un estudiante para una futura ciudadanía, un futuro posible. Es decir, parte de la premisa de que cuando tú seas ciudadano (mayor de 18 años) vas a poder participar, además solo se centraba en  el conocimiento de las instituciones y los poderes del Estado, todo lo cual es completamente anacrónico y no se ajusta a la realidad y a los intereses de nuestros jóvenes”.

“Esta asignatura (educación ciudadana) está vigente desde el 2019 en los planes y programas de los colegios, sin embargo, es parte de un ajuste mayor del currículum que derivó en la salida de historia como asignatura obligatoria en tercero y cuarto medio. Si bien es valorable su inclusión, queda irremediablemente coja sin el análisis histórico (de la asignatura), en una edad (17 – 18 años) en que los estudiantes son más críticos y reflexivos. Por otra parte, tiene un rango de horas pedagógicas inadecuado (2 horas pedagógicas semanales) para abordar temas ciudadanos con profundidad, por lo que queda la sensación de que se hizo por cumplir y sin duda se trata de una pérdida, pues podría haberse potenciado mucho más si se hubiera acompañado con historia”, agregó campos.

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