Foto: @urquetogro

Nuestra nación vive momentos decisivos. Este viernes se cumplen cuatro semanas desde que comenzó un estallido social en Santiago, que rápidamente se propagó por todo nuestro país, luego del alza del precio del transporte público.

Son millones los ciudadanos y ciudadanas que han salido a las calles, desde Arica a Tierra del Fuego, para exigir un país más justo y una nueva Constitución que nos permita a todos convivir con reglas claras y sin privilegios para unos pocos.

Desde que comenzaron las movilizaciones el gobierno de Piñera ha respondido con un lenguaje violento, hablando de guerra y resaltando los hechos de violencia por sobre las expresiones pacíficas que han sido mayoritarias. Junto con esto, se ha desatado una fuerte represión de las fuerzas militares y policiales.

Son numerosos los casos de violaciones a los Derechos Humanos cometidos por agentes del Estado en todo Chile durante los días de protesta. Asesinatos, torturas, detenciones ilegales y violencia sexual son solo algunas de las serias denuncias que hoy se encuentran en manos de los tribunales.

Hoy vemos a un presidente aislado, que perdió toda su legitimidad, a quien los militares no quisieron apoyar para decretar un nuevo Estado de Emergencia. Asimismo, vemos a Carabineros en medio de una profunda crisis y desprestigio, ante una ciudadanía que ha visto su actuar abusivo y violento.

La oposición, por su parte, logró alcanzar un acuerdo transversal, desde la DC hasta el Frente Amplio, en línea con lo planteado por numerosas organizaciones sociales, expresando su compromiso con una Nueva Constitución mediante una Asamblea Constituyente, el mecanismo que aseguraría la participación democrática de las personas en la elaboración de una nueva Carta Magna.

Sin embargo, el gobierno (o parte de él) se muestra cerrado y tal parece que la posición de la UDI -que se niega a los cambios profundos y a la Asamblea Constituyente- impide alcanzar un acuerdo que permita a los ciudadanos participar en un plebiscito y decidir democráticamente cómo elaborar una Nueva Constitución.

Vivimos horas decisivas. Como medio de comunicación seguiremos informando desde la calle, dando voz a las personas y a las organizaciones sociales, resaltando las protestas pacíficas y mayoritarias y denunciando los abusos y las violaciones a los Derechos Humanos que se han cometido y se siguen cometiendo. Hemos sido objeto de algunas agresiones e intentos de amedrentamiento. Sin embargo nuestro compromiso con las personas está intacto.

1 Comentario

  1. Es sorprendente la escasísima atención que se presta a lo esencial en estos asuntos, i.e. a la ideología moral y política que gobierna, ausencia de discusión ideológica oportunamente programada por los dirigentes de la mayoría de los medios de comunicación de masas. En este sentido el siguiente párrafo es una excepción: «A estas alturas ya nadie duda que el problema de fondo, lo que está en el centro del debate nacional es el modelo de sociedad de nuestro país que, impuesto de modo sanguinario por los golpistas del 73, ninguno de los gobiernos democráticos posteriores tuvo el valor de cambiar. Es el modelo capitalista, el de la propiedad privada de los medios de producción, el que concibe un Estado sin recursos para atender las necesidades de la sociedad las que son atendidas por empresarios que cobran caro. Es el Chile sin educación pública, sin salud pública, si previsión social pública. El Chile de un Estado despojado del aprovechamiento de los recursos naturales del país, cedidos al gran empresariado y a los grandes grupos económicos transnacionales. El cobre, el litio, la luz, el agua, los caminos, todo privado, todo de unos pocos». (Eduardo Contreras).

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