Hoy se celebra el día mundial de la tierra, fecha instaurada por la ONU el 22 de abril de 2009, como una manera de resaltar la importancia de nuestro planeta y sus ecosistemas para la supervivencia de la especie humana. Pero, sobre todo, un día para entender que todos estamos conectados y que la tierra en sí misma constituye un ser vivo, que respira y que se enferma.

Sin embargo, más que una fecha de celebración, este es un día de reflexión. Más aún en los tiempos caóticos que vivimos, con un calentamiento global desatado y que pone a la humanidad en una encrucijada.

El año pasado, los expertos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático publicaron un informe con algunos plazos basados en las duras realidades de la ciencia y las matemáticas. Las advertencias son catastróficas.

Allí anunciaron que la contaminación global por carbono debe reducirse a la mitad, para el año 2030, y reducirse a cero, para 2050, para evitar las peores consecuencias del cambio climático, que incluyen ciudades costeras inundadas, el empeoramiento de las tormentas y la virtual desaparición de los arrecifes de coral.

Estas metas requieren una revisión y cambios profundos del modelo económico global, con una rápida transición a una generación de energía más limpia a través del viento, el sol, entre otras.

Nuestra región ofrece enormes ventajas para liderar esta transición energética, con extensos parajes desérticos ubicados en la zona del planeta con mayor radiación solar, con una tremenda costa, con universidades y con un creciente interés de la sociedad civil por el desarrollo sustentable.

Sin embargo, eso no es suficiente. Para poder liderar este proceso se requiere un compromiso decidido del mundo público y privado, pensando a largo plazo, superando las visiones estrechas de gremios empresariales y autoridades designadas que solo piensan en la minería y que no son capaces de mirar a futuro, pensando en las nuevas generaciones.

Estamos contra el tiempo. Hay que actuar con sentido de urgencia. Por eso resulta esperanzador el movimiento global que lidera la joven estudiante sueca, Greta Thunberg, quien encabeza una movilización para llamar la atención de los líderes políticos sobre las graves consecuencias del cambio climático.

«Hay muchas cosas a las que quiero dedicarme cuando sea mayor. La política me parece muy interesante y es una forma de marcar la diferencia, aparte de esto (los actos de protesta). Pero insisto: cuando sea lo suficientemente mayor para convertirme en política, ya será demasiado tarde», advirtió la adolescente.

Ojalá estemos a la altura y seamos capaces, como sociedad, de hacernos cargo de este desafío histórico. Nuestros hijos y nuestros nietos sufrirán las consecuencias si no actuamos ahora.

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