En 11 capítulos de forma concreta y amorosa Ximena Dávila y Humberto Maturana nos hacen un recorrido desde las antiguas comunidades matriarcales a la actualidad, tocando temas como: nuestra relación con la naturaleza, la sobrepoblación, el rol de la ciencia, la educación, nuestra historia como país con las pandemias (sí, no es primera que vivimos una pandemia, en 1918 conocimos la mortífera influenza española), y cómo las doctrinas nos enceguecen y separan, en un contexto en el que la vida en nuestro planeta ha llegado a su límite.

La invitación que nos hacen a través de este libro, es a que intentemos salir de nuestra insensibilidad y ceguera para dejar aparecer el mundo que vivimos y recuperar una psiquis de convivencia en armonía, honestidad, colaboración y conversación, libres de doctrinas rígidas que nos llevan al desencuentro. Una “Revolución reflexiva”, apelando a lo que nos distingue como seres humanos: nuestra capacidad de reflexionar y hacernos preguntas.

Maturana, en su última entrevista para Bío-Bío Chile (previa a su deceso en mayo de 2021) comentó que “Cualquier teoría a la cual uno se apegue impide la reflexión sobre su fundamento y se transforma en una doctrina, las doctrinas son enemigas de la reflexión. Si tú ya sabes todo, puede ser una teoría matemática, física, filosófica o de cualquier naturaleza, no tengo nada más que pensar y eso por supuesto que es enemigo de la reflexión, y de una conversación que nos permitiría ampliar la mirada de lo que está pasando”.

Nos encontramos como humanidad, en un punto de inflexión en el que debemos tomar decisiones radicales para que nuestra supervivencia como especie tenga continuidad. La población crece a un ritmo descontrolado, nuestro afán de competencia, poder y acumulación ha mermado los recursos naturales y ha puesto a una enorme cantidad de personas en una situación de pobreza y hambre.

Maturana, en esta misma última entrevista agregó “La democracia es un modo de convivir, y en el deseo de vivir en el mutuo respeto, en el escucharnos, en resolver los problemas de acuerdo a su naturaleza, para lo cual tenemos que dejarlos aparecer, no es una teoría, es un modo de convivir, en la honestidad, en el mutuo respeto, en la disposición a conversar, y reflexionar para resolver los problemas de la comunidad. La honestidad, eso es fundamental”.

Sin duda alguna, este libro apela a que los grandes cambios no se producen sino hasta que empiezan a cambiar los individuos, en sus localidades y contextos personales, para luego tocar a sus personas cercanas. A modo de cierre, cito una frase que abre el capítulo nueve titulado “Un mundo armónico”, que dice: “Cuando uno es consciente de que lo que hace es inadecuado, cambia el hacer, y si no lo cambia es tonto o malévolo”.

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