En 1993 la banda de rock chileno La Ley, para su disco homónimo, lanzó como uno de sus sencillos la canción titulada “Tejedores de ilusión”, una pieza crítica al poder de la iglesia católica en medio de los 90’s. Lo cierto es que también esta se adapta al contexto constitucional y político en el que nos encontramos a fines de 2022.

Sucede y acontece que tras el fracaso de la Convención Constitucional que partió como España en el mundial, el futuro de este proceso quedó un tanto en la nebulosa y abierta para la “interpretación” de lo que Chile quiso decir con su voto.

De ahí en adelante, los partidos políticos sin perder tiempo, sin injerencia ciudadana y democrática, decidieron recuperar los espacios de discusión que perdieron tras el estallido social.

La cocina estuvo más que presente desde el primer minuto, con una derecha empoderada tras el resultado, se dio la libertad de hasta pasar factura a un gobierno débil, ambivalente y que parece más preocupado en apagar los incendios internos en su colación, que en superponerse a todas las derrotas políticas que ha sufrido en muy poco tiempo.

Volviendo al debate, los “tejedores de ilusión” acordaron una nueva modalidad para lograr una nueva Constitución, bajo una línea de reformas contenidas, con un texto base creado por una “comisión de expertos”, compuesta por 24 personas elegidas por un congreso que solo fue electo para legislar leyes.

En la misma línea, Chile demuestra una ciega fascinación por los “expertos”, como si la academia fuera inmaculada de ideologías.

Y por ahí tenemos al “Consejo constitucional”, compuesto por 50 personas electas por elección popular que tendrán que entrar en la carrera bajo el alero de los partidos políticos, lo mismos que construyeron y mantuvieron el statu quo post dictadura bajo un modelo económico que parece sostenerse en los números para algunos, pero no en la práctica para el ciudadano de a pie que se endeuda para tener una noche de paz durante esta navidad.

En pocas palabras, la elite y la clase política institucional, que unidos jamás serán vencidos, mantuvieron las mismas prácticas que durante toda la historia de nuestro país, encubiertos en el romanticismo de “los grandes acuerdos”, cuidando tanto sus costumbres que tu vida sigue igual.

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