Por Javier Escobar – Coordinador Regional Antofagasta
Fundación Fútbol Más

Hace pocos días, fuimos testigos del cierre de una nueva versión de los Juegos Olímpicos, en donde más allá del evento en sí, se logró visibilizar la relación del rendimiento deportivo con la salud mental de los competidores. En este sentido, Simone Biles, gimnasta y medallista de oro de EE.UU., abandonó algunas pruebas durante la competencia olímpica por no encontrarse mentalmente en forma.

«Tengo que concentrarme en mi salud mental. Simplemente creo que la salud mental es más importante en los deportes en este momento. Tenemos que proteger nuestras mentes y nuestros cuerpos, y no solo salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos», expresó Biles.

Su reflexión inicia un diálogo profundo respecto a cuál será el tipo de sociedad que queremos propiciar. Sin duda, en términos contextuales, la pandemia, los extensos periodos de cuarentena y el control de movilidad individual, confluyó en desnudar nuestra fragilidad emocional. En efecto, la OMS durante 2020 determinó un aumento sobre el 70% del deterioro de la salud mental, en donde destacan problemas para dormir, ansiedad y depresión.

Bajo este contexto, la infancia se encuentra en una condición doblemente vulnerada. Por un lado, por los extensos periodos de encierro producto de la pandemia y, de manera más envolvente, por una sociedad que la excluye y posterga. A la infancia no se le atribuye un sentido protagónico en el conjunto de decisiones que ponen en valor su propia condición de niñez. Una forma de contribuir a cambiar el imaginario social respecto a la construcción del devenir de la infancia es haciéndonos cargo del desarrollo integral de ella, en donde la niñez debe ser protagonista.

Desde Fundación Fútbol Más creemos en los procesos de parentalidad comunitaria positiva, donde forjamos espacios seguros para el desarrollo físico, emocional y social de la infancia. Por consiguiente, creemos que la felicidad se entrena.

Tenemos la convicción que a través del deporte podemos generar procesos transformadores que aporten a construir espacios más felices. Para lograrlo, apelamos a la generación y fomento de vínculos afectivos significativos de tutores responsables que circundan a la niñez y juventudes tales como: la familia, la comunidad educativa, el barrio y la sociedad.

En definitiva, si aumenta el deterioro de la salud mental de nuestros niños, niñas y jóvenes, no es solo una dolencia individual o familiar. Significa que todos y todas hemos fallado en la generación de espacios seguros y protegidos para la infancia.

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