Por Claudia Aguayo

San Pedro de Atacama, cuna arqueológica y casa esquina del barrio de la Escondida y SQM, por su doble frontera con Argentina y Bolivia, no ha estado ausente de la ola de movilizaciones que remece al país. Durante las jornadas de protesta salieron a las calles aproximadamente 1.000 personas, confluyendo tanto comunidades atacameñas, como población migrante y población flotante.

La marcha que recorrió las principales postales del centro del pueblo fue encabezada por estudiantes secundarios, movimiento medioambiental y feminista, demostrando que el fenómeno de transversalización de las luchas estudiantiles, es decir, que sus demandas trascienden el ámbito educativo conectándose al sentir de toda la sociedad, también está sucediendo en las zonas rurales. Vale mencionar, que este fenómeno encuentra antecedentes importantes en el 2018 feminista cuando el movimiento estudiantil plantea cambiar no solo la educación chilena sino que la estructura social completa, así como sucedió también en la llamada primavera de Chile el 2011, cuando se plantea el “Fin al Lucro”.

Lejos de ser un lugar para desconectarse y turistear, San Pedro de Atacama es un lugar que permite conectar con el ser social, ya que aquí se encuentran experiencias de vida comunitaria ancestrales que aún subsisten en los pueblos atacameños, y permea la cultura de localidad.

La región de Antofagasta registra movilizaciones en la comuna de Antofagasta, Calama, San Pedro de Atacama, Tocopilla y Mejillones, con la gente expresando su descontento e indignación con las alzas del costo de vida en contraste con la inoperancia y falta de voluntad política para generar mecanismos que permitan sobrellevar el alto nivel de políticas neoliberales que presentamos en el país.

Vivimos un contexto de crisis generado por las políticas públicas que han beneficiado a una veintena de familias. Se vuelve insostenible la vida para una gran mayoría, en ese contexto se genera un alza en el pasaje del metro que en la capital desencadena un llamado a la Evasión Masiva del pago del pasaje como iniciativa del centro de estudiantes del Instituto Nacional. Pero esta indignación se amplifica y desata, culminando con 78 de 136 estaciones de metros dañadas al poco tiempo, y una rebelión en el país completo con un sistema represivo desmedido. Tras esto decretaron estado de excepción y toque de queda en las principales ciudades de Chile, abriendo las heridas de la dictadura en un país que nunca se hizo cargo de la reparación de la violación a los Derechos Humanos vulnerados, y que por tanto ahora despiertan miedos que generan un estado de consternación social y en algunos casos de pánico.

El descontento se extiende a todo el país y no solo con el transporte, si no con otros estandartes de la injusticia como bancos, servicios públicos y AFPs, medios de comunicación, farmacias, isapres, así como el saqueo de supermercados, deteniendo el funcionamiento normal del país y generando un estado de enfrentamiento constante.

Efectivamente se consiguió suspender el alza del pasaje de metro, pero a sorpresa de la clase gobernante, no detuvo la revuelta social, todo lo contrario, se intensificó la protesta, y como no si el escenario actual no deja de sumar muertos, y quienes están para gobernar están hablando de una guerra donde el enemigo somos ¡nosotros!, la situación se hace insostenible, el apoyo aumenta y a pesar del desborde absoluto, tuvimos hoy lunes una huelga general en el país, cuyos resultados son impredecibles, y al mismo tiempo los cimientos de un futuro que aunque incierto, es nuestro.

Este fenómeno, de continuidad de la protesta social a pesar de la suspensión del alza, fue explicado con antelación por la economista Marcela Vera, quién recomendó públicamente a la ministra de transportes que “comprenda que ya no van a poder manejar los conflictos sociales de la misma forma que lo hacían antes: segmentadamente, porque lo estudiantil no solo se va a movilizar respecto de lo educativo, (…) es posible observar como el movimiento estudiantil está transversalizando las luchas. (…) por tanto ya no va a poder manejar las cosas como se hacían antes, porque se adquirió un nuevo nivel de complejidad en el conflicto”.

En conclusión, el caos es la ruptura de la estructura de jerarquías existente, que conlleva tanta incertidumbre como oportunidades de construcción social, por ello es que no hay cambios cosméticos posibles a un modelo social que atenta contra la vida y ecosistemas. Por tanto se requieren transformaciones profundas que pasen también por articular el sentir social con un proyecto político, y que las y los políticos que plantean la voz de estos proyectos, realmente sean mandatados por la sociedad en su conjunto. O sea, se necesitan mandatos sociales para que la gobernanza en sus distintos niveles profundice la democracia, así como el establecimiento de un marco legal por una asamblea constituyente con participación ciudadana vinculante de verdad, y así generar un aporte a una salida al contexto de crisis humanitaria que repercute en nuestras políticas a nivel local.

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