Aristóteles definía al hombre como un animal político, señalando que se trataba de una característica casi esencial de la vida del ser humano. Es decir, no era una actividad más “el hacer” política, sino que un modo de acción superior a cualquier otro tipo de actividad. Este domingo 19 de diciembre se realizarán las elecciones presidenciales, y continuamente escucho el discurso desesperanzado de que es mejor no votar, bajo la justificación de que, al final, da lo mismo quien salga: “Mañana igual me tengo que levantar a trabajar”.

Quisiera detenerme en ese “da lo mismo”, ya que no nos puede dar lo mismo quien sea electo como presidente. Votar por la derecha es votar por el conservadurismo, es retroceder en todo lo que hemos alcanzado como sociedad chilena en este último tiempo. Es poner en peligro la reivindicación de la mujer, el matrimonio igualitario y la vida humana de miles de migrantes que buscan un futuro mejor.

En este contexto, la Filosofía camina por una vereda distinta, que apela al bien común, a la búsqueda de la verdad y sobre todo a principios como el respeto, la libertad y la dignidad. Por ello, es que no da lo mismo quien salga como presidente. No se trata de levantarse al día siguiente para ir a trabajar, sino más bien, se trata de ver mucho mas allá, de ver aquello que este sistema neoliberal no deja ver. Se trata de pensar más en el otro, que en uno mismo.

Es por eso que el llamado, que más que una invitación debiese ser un deber ético y moral, es ir a votar, y especialmente los jóvenes, ya que también es deber de ellos construir un país y una política diferente.

Ortega y Gasset decía: «Jóvenes, hagan política, porque si no la hacen se hará igual y posiblemente en su contra”. Es por eso que el deber es votar, y no desde lo emocional, sino que la elección de nuestros líderes debe ser siempre un ejercicio constante desde la racionalidad. No votar, por otro lado, es un acto éticamente reprochable, es permitir que la política siga siendo dominada por intereses lejanos de las problemáticas reales de nuestra sociedad.

A los más adultos, el llamado es a votar pensando en las futuras generaciones, para que puedan disfrutar de un derecho tan básico como el agua, de una vivienda digna y de una educación gratuita y de calidad, que sean ellos los principales beneficiados por esos derechos que tanto hemos luchado.

Finalmente, quisiera apelar a las palabras de la etóloga Jane Goodall, que en su llamado a votar nos dice: “Si puedes votar, que ese voto sea una oportunidad para hacer una diferencia en las elecciones y para el futuro de todos los que viven en Chile, y para el futuro de tu medio ambiente”. Que este 19 de diciembre se abran ventanas a la esperanza, y que ésta (la esperanza) le gane al miedo, ese miedo que tanto ha infundido la derecha chilena.

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