Por Coordinadora 8M Antofagasta

La política de memoria se relaciona estrechamente con los conceptos de verdad, justicia y reparación, lo que impacta las interpretaciones que se realizan en el pasado reciente de Chile. Así, en el Chile actual existe una disputa en cuanto a las versiones oficiales del pasado reciente, las cuales se remontan al mismo día del golpe de Estado en el año 1973.

Desde ese 11 de septiembre, la dictadura comenzó a elaborar una memoria justificatoria de su acción política, presentando al período de la Unidad Popular liderada por el presidente Salvador Allende, como una caricatura de sí misma, dibujando un país donde reinaba el caos social y económico, dentro de un contexto de Guerra Fría donde occidente observaba con preocupación al primer presidente socialista democráticamente electo en el mundo, quien se convertía en una amenaza debido al avance del marxismo internacional (encarnado en la Unión Soviética y Cuba).

Lo anterior, dio pie a una “memoria de la salvación” (Stern, 2009), que  pretendía resaltar la figura heroica del dictador y su junta de “valientes” en la salvación del país, para lo cual sistemáticamente se negó las violaciones a los derechos humanos, excluyéndolas del relato oficial. Esta construcción social instaurada en los chilenos, procuró mantener a la sociedad civil silenciada e ignorante; ensalzando la fractura ideológica en la clase trabajadora al imponer un discurso de nosotros (los valientes golpistas) versus ellos (los cobardes marxistas), privilegiando de este modo sólo a un sector de la población.

Chile se ha caracterizado por restringir sus acciones del tratamiento del pasado, específicamente a lo concerniente a las violaciones de Derechos Humanos y a las personas afectadas en condición de victimas. En esta línea, las memorias de terrorismo de Estado (término acuñado por Ludmira Da Silva), identifica claramente que en las dictaduras acontecidas en los años 70’s en Latinoamérica, específicamente en Chile, no existe una política pública de memoria; sino que sólo ha sido construida y defendida con dientes y uñas por el activismo social y la sociedad civil concientizada con la temática, quienes han ejecutado acciones dirigidas a construir, conservar y transmitir memorias a pesar del negacionismo oficial instaurado por décadas.

Dentro de las acciones realizadas por el Estado (usualmente bajo presiones de organismos internacionales) se encuentra el Informe de la comisión nacional sobre prisión política y tortura, donde 3.400 mujeres plasmaron sus testimonios. En estas declaraciones fueron conscientemente invisibilizadas las violencias sexuales ejercidas contra las mujeres en periodo de dictadura y las aberraciones y vejámenes sexuales que debieron afrontar todas las mujeres presas políticas en los años de dictadura militar, todas ellas de un salvajismo indescriptible y pocas veces visto en la historia de la humanidad.

Esta violencia sexual contra las mujeres como método de tortura tiene una doble connotación: Primero, por el hecho de ser mujer invadiendo el terreno masculino y desobedeciendo a un poder mayor, liderado por hombres. Segundo, se encuentra el hecho de la tortura sexual en sí misma, en donde la mujer es reducida y controlada totalmente, demostrando de esta forma que las mujeres están sometidas a este control y dominio masculino. Esta tortura genera mayor impacto, por lo que no permite retomar la vida cotidiana de quienes fueron liberadas luego de sufrir estas agresiones sexuales.

Pronto a cumplirse 45 años de impunidad, la comunidad se encuentra consciente de que la memoria de la salvación, instaurada por la derecha conservadora y ocultadora de las violaciones a los derechos humanos, no es más que una treta política para justificar lo que no tiene justificación. Es por ello que hoy recordamos a nuestros detenidos desaparecidos, desaparecidos por un sistema político que impidió la libertad de expresión, que no respetó la historia chilena y todos y todas esas desaparecidas, que han sido muertas por nuestro pasado reciente de dictadura militar.

Reconocer además que estas violaciones a los derechos humanos, si bien es cierto ya no se manifiestan en torturas efectivas, si se continúa con el legado impuesto por la dictadura militar, teniendo un sistema neoliberal que, a pesar de encontrarnos en un sistema democrático, persiste en la opresión y restringe libertades, sometiendo a la sociedad chilena a sufrir las consecuencias de un sistema desigual, patriarcal y de poder asimétrico, siendo considerado el país más neoliberal de latinoamérica.

Es por ello que la lucha feminista, que ha estado instaurada desde hace mas de 100 años en el mundo, hoy se encuentra arraigada en Chile y la lucha de todas las mujeres desaparecidas en periodo de dictadura militar y de las mujeres que fueron presas políticas, torturadas y enajenadas de su vida; hoy su lucha se reencarna en nosotras, quienes no bajaremos los brazos ni desistiremos ante las opresiones de este sistema neoliberal y patriarcal, que nos desea someter, así como hace casi 45 años. Miles de mujeres lucharon por la liberación del país, por las asimetrías de poder, por las vulneraciones de derechos y marcaron la resistencia del sentir de todo un país que sufrió un quiebre ante las violaciones a los derechos humanos más graves del pasado reciente de la historia de nuestro país.

Todo lo anterior es plasmado en la letra de “la cueca sola” de Gala Torres, donde la autora canta “En un tiempo fui dichosa/ apacibles eran mis días,/ mas llegó la desventura/ perdí lo que más quería”. Trabajamos desde el feminismo para que esta canción sea sólo un recuerdo para las generaciones futuras y no un testimonio de nuevas formas de terrorismo de estado. Un saludo en este día de conmemoración a quienes dejaron la vida luchando.

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