Fotografía: Marion Esnault (http://www.marion-esnault.com/)

Por María Brevis, vecina de Mejillones y dirigenta de la organización Mejiambiente

Mi nombre es María Brevis y soy parte de la organización medioambiental Mejiambiente. Es todo un tema hablar acerca de la contaminación en Mejillones, pero siento que si callo estoy otorgando.

Desde hace décadas que el desarrollo industrial se ha incrementado en nuestra comuna. Un desarrollo sin ningún respeto por los habitantes ni por la flora y fauna marítima local, sin fiscalizaciones por parte de los organismos encargados, ya sea del área salud o desde el municipio.

Es preocupante ver cómo los residuos tóxicos van día a día invadiendo la bahía, dejando una estela de destrucción a su paso. Las aguas del mar acusan un déficit de oxígeno tan grande que no es posible la reproducción de  especies endémicas, como el ostión que ya prácticamente se extinguió. Era el único banco natural de toda sudamérica y vimos cómo lo extinguieron. Y los pocos que puedan quedar están con una carga de fango impresionante debido a los desechos de las termoeléctricas a carbón y por la descarga de metales del puerto granelero.

Como no se fiscaliza que las maquinarias estén en óptimas condiciones, todo cae al mar. Somos aún una caleta de pescadores. Y son ellos la base de nuestra economía y alimentación. No todos vivimos de las empresas, no todos tenemos la oportunidad de trabajar ahí. Ellos traen a mucha gente contratada desde Santiago o más al sur. Para nosotros no hay oportunidades y seguimos mendigando un juego de tazas para hacer un bingo para paliar los costos de un enfermo de cáncer en la familia.

El desarrollo llegó a la comuna. Claro que llegó. Pero el costo que pagamos es muy caro y doloroso, porque duele perder a un ser amado sin tener los recursos para un buen tratamiento; duele ver como tu hijo o hija se va apagando lentamente, víctima de un cáncer o una malformación genética o un problema serio al corazón que no fue detectado a tiempo. Y te tienes que endeudar hasta el cuello para poder, de alguna manera, salvar su vida o prolongársela.

Duele, claro que duele. Entonces tú te preguntas, ¿dónde está el desarrollo? ¿Dónde están los que proclamaban a las empresas como la salvación de mejillones? (hasta el ostión de oro les otorgaron, máxima distinción a quienes aportan a la comuna).

¿Dónde están? El dolor es mío y de  muchos que estamos en las mismas. Cáncer, leucemia, problemas cardíacos (aún en niños pequeños), abortos espontáneos, autismo, trastorno ásperger, alergias, malformaciones genéticas, asma y un largo etcétera.

*Fotografía tomada por Marion Esnault, reportaje «Chile: Zonas de sacrificio».

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