En la conmemoración a un año del 18 de Octubre, los medios televisivos y la prensa en concordancia con el gobierno y sus partidos, fueron incapaces de observar la participación y masividad en todo el país y las diferentes expresiones de la ciudadanía, de las organizaciones sociales y sindicales que vuelven a levantar sus demandas, las que estaban congeladas por la pandemia. Por eso octubre es el mes del despertar del sentido unitario de un pueblo, que alza sus banderas por sus reivindicaciones, que gracias a la permanente movilización logró que este 25 de octubre podamos cambiar el destino de Chile.

En este contexto, el oficialismo, a través de los medios de comunicación, instala la violencia, el ataque concertado a un alcalde, las batallas entre barras de fútbol, la quema de dos iglesias, las barricadas, el vandalismo, mostrando lo destructivo que son las movilizaciones y se afanan en criminalizar las manifestaciones y la movilización.

La comunicaciones están diseñadas por un terrorismo mediático. Los que convocaron deben hacerse responsables del aumento de los contagiados, dijo el Ministro de Salud Enrique Paris, sin reconocer que los mall y el comercio están abiertos y que de alguna manera se han normalizado restaurantes y comercio de comidas. Esto implica que un sector del comercio se reactiva a costa de la salud de trabajadores que tienen que recuperar sus fuentes laborales.

Repiten y repiten en forma majadera opiniones, textos e imágenes, diciendo que todo está cruzado por el factor violento y desestabilizador y que ahí radica el peligro para la estabilidad personal, familiar, para la salud, para la tranquilidad del país o para la realización de eventos como el plebiscito del próximo 25 de octubre. Así justifican el accionar represivo de Carabineros y eventualmente de las Fuerzas Armadas, relativizan las extendidas violaciones a los Derechos Humanos, criminalizan la movilización social e inhiben la participación política de las personas.

Además, se suma el terrorismo sanitario, queriendo imponer miedos, incertidumbres y temores en el marco de la pandemia, que va mucho más allá de las necesarias medidas del autocuidado y las condiciones ya establecidas por el órgano electoral para la adecuada realización del plebiscito, en el que muchas personas no asistirán a votar por miedo a contagiarse.

Nos hace recordar los tiempos de dictadura, cuando nos decían que el problema del país era el extremismo y la violencia. Nos decían que era necesario extirpar, aislarla y combatirla. Se trata de una doctrina impulsada por el gobierno, sus ministros, la derecha y sus medios de comunicación. En esta línea la idea es buscar ejemplos elocuentes, para establecer convicciones y percepciones a nivel de la opinión pública.

No se hacen cargo ni el gobierno ni el ministerio del interior, de que uno de los detenidos en la quema de una iglesia es un hombre que pertenece a La Armada. Soslayan que un carabinero haya suplantado a un joven de la primera región, infiltrándose en Peñalolen, en una organización de una olla territorial e incentivando el ataque a una comisaría. ¿Cuántos efectivos más tienen infiltrados en las distintas organizaciones que no se conocen? ¿Qué tipo de instrucción reciben del alto mando? Se requieren respuestas que no recibiremos.

Tenemos la esperanza de que este domingo participe la ciudadanía en forma masiva en el plebiscito y se logre un rotundo «Apruebo» y «Convención Constitucional» para cambiar la constitución. Si bien es cierto no es una Asamblea Constituyente, depende de nosotros lograr los dos tercios y poder escribir la carta magna que Chile requiere, en que seamos sujetos de derecho hasta que la dignidad se haga costumbre.

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