Por Alejandro Mora Donoso

La constante lucha interna que significa autoformarse y deconstruir, yace en cada uno de los y las que de una u otra forma fuimos construido a imagen y semejanza de una sociedad enferma que no nace enferma. Sociedad que es así porque fue diseñada para serlo, para oprimirnos y subyugarnos, para construirnos en pos de objetivos sociales mezquinos y sobre todo fines sociales de algunos.

El emprendimiento, el querer ser mejor que otres, el individualismo, nos tiene ciegos. No es normal no ser empático con el sufrimientos de otres, muy por el contrario, no es normal devastar donde vivimos, no es normal no querer al igual como a nosotros mismos. No es normal trabajar toda una vida para morir en la apatía social, no es normal no conocer a tus vecinos y vecinas, no es normal aportar a una sociedad que te excluye de sus decisiones. No es normal no saber y reconocer que no somos hijos de España, que esta es nuestra tierra y que ya existían habitantes, pueblos diversos que fueron masacrados y extirpados de nuestra conciencia.

Todo eso no es normal, pero la cultura de la anormalidad llegó para cegarnos y para cegarte. No es normal ver a pueblos hermanos como inferiores, incluso a nuestros mismos hermanos chilenos como inferiores, por vivir en lugares alejados de tu realidad o por ser mujer o de rangos etarios distintos, por no compartir “círculos de amistades” o no contar con la preparación educacional del sistema, hecho según su ingreso familiar o solo por tener un arraigo en clases sociales medias… somos los mismos pueblos separados a propósito, que el mismo sistema neoliberal segrega y eso el neoliberalismo y los reaccionarios lo saben y por eso lo normalizan.

En la últimas décadas hemos visto cómo esta sociedad a través del estado se ha alejado de un proyecto país normal y ha normalizado todos estos aspectos a través de un encuadre excluyente y alejado de las necesidades de los pueblos naciones que la habitamos. No todo es culpa de la dictadura, también se tuvo la oportunidad de transformar y simplemente no se hizo. Dentro de esos cientos de análisis que exponen intelectuales y no tanto, visualizan la descomposición social como oportunidad de entender la sociedad que estamos creando para que se reconstruya.

Y la pregunta es, ¿cómo se sale de esa descomposición? No siendo un letrado veo que  la unidad es fuerza. Entonces el primer paso podría ser el ambiente de unión popular, ese que sale de la emergencia reaccionaria de autodefensa frente al desplome y la falta de respuesta del neoliberalismo a las demandas de los pueblos. Y ese nivel se está forjando entre las clases dominadas y empobrecidas, el encuentro de las y los que luchan es una fiel muestra de la rearticulación popular. Y avanza hacia una acuerdo de clase, para enfrentar unidos, ya no sólo a las derechas sino al modelo.

Y en ese sentido hay que estar atentos, más bien vigilantes. El neoliberalismo es una respuesta de la burguesía a la opresión de los pueblos y en la hipótesis de su desplome también debe ser visualizada su renovación por las clases dominantes. Mientras tanto ese ambiente de unión no sale desde las bancadas parlamentarias y acuerdos prenupciales pre electorales en el Frente Amplio y la extinta Nueva Mayoría. Nace desde el seno de la población con una amplia muestra de actividades vinculadas con este ambiente.

Hay ganas de preparación y formación, hay ganas de convergencias y de nuevas alianzas. La izquierda está saliendo a la disputa de los espacios institucionales sin querer mostrarse como inventores de la rueda. Lo hace como sabe hacerlo, con formación, con disputa ideológica, con rearticulación de las bases desechas en dictadura y de la transición que está en proceso de fin, pero que de una u otra manera se puede caer fácilmente en la reproducción de las prácticas.

Hay tener paciencia, pero el pueblo es sabio cuando se autoforma y se autogobierna. Muestra su carácter de lucha y organización. Hay signos de esperanza y ambiente de construcción unificada. La alerta la dan grupos no menos importantes de izquierdas que  nos miran con desconfianza, producto de la falta de claridad de la instalación frenteamplista. La socialdemocracia y liberales siguen siendo un escollo a la transformación, pero uno necesario para las mayorías. Venezuela, Cuba y Nicaragua deberán entender que en esta etapa y en un país donde la anormalidad del modelo se vive con tanta brutalidad, hay momentos que no cumpliremos sus expectativas, incluso las de nosotros mismos, pero seguiremos avanzando a un Socialismo Latinoamericano. Normalizaremos el buen vivir, normalizaremos la colaboración y el no intervencionismo, normalizaremos la autodeterminación de los pueblos y son esas luchas que nos darán la victoria y emancipación en Chile.

Entonces serán las fuerzas progresistas libertarias y revolucionarias que interactúan con las ganas reales de redefinir el escenario político institucional para las luchas de los pueblos y naciones latinoamericanas, las que generan ese quiebre, creando el escenario adecuado. En ese escenario No Utópico es en donde se dará el asalto de la recuperación del estado para los pueblos naciones en Chile. Estrategia y formación como horizonte emancipatorio de las necesidades del sujeto popular.

Los pueblos y naciones se autogobiernan, se articulan en ambiente de unión, se descolonizan para salir de la anormalidad del neoliberalismo… Por una latinoamérica más morena, más matria, más igual y más justa.

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