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Cada día me convenzo más de la necesidad de reformar las policías, especialmente cuando aún en Chile tenemos funcionarios que relativizan la defensa de los Derechos Humanos. ¿A qué viene esto? Lamentablemente en mi calidad de Director de una escuela en Antofagasta, asistí a una reunión convocada en la alcaldía para tratar los temas de seguridad de los alumnos y alumnas en el retorno a clases, ya que hasta la fecha los directores reclaman la nula respuesta de la Policía de Investigaciones o carabineros a los llamados que se hacen para enfrentar situaciones de riesgo para nuestros niños, niñas y adolescentes.

Uno esperaría que dichas instituciones pudieran, a la luz de una autocrítica a su gestión, presentarnos un plan de contingencia y resguardo para la comunidad. Sin embargo, el subprefecto de Investigaciones nos deja estupefactos cuando sin ningún pudor plantea: “…como ustedes saben no podemos hacer nada porque de inmediato nos sacan el temita de los Derechos Humanos”.

Indignante, inaceptable, no se equivoquen, en mi trabajo político suelo escuchar en personas de derecha expresiones similares, aunque de ellos uno puede esperar este tipo de necedades. Sin embargo, cuando un funcionario que tiene en sus manos decisiones que afectan la seguridad de muchos ciudadanos y la potestad de la fuerza pública, emite este tipo de juicios, es altamente preocupante y explica las graves agresiones y atropellos
de los DDHH que se vienen dando con total impunidad desde el 18 de octubre. Por lo mismo interrumpí: “¿Usted nos está diciendo a todos nosotros que no es posible conseguir orden y seguridad sin atentar contra los Derechos Humanos?, ¿que no se puede resguardar el orden sin pasar a llevar las garantías mínimas de toda persona?”.

El hombre recién cayó en la cuenta de lo que estaba diciendo y ante su tartamudeo, el oficial de carabineros presente intentó ayudarle: “Lo que pasa es que los Derechos Humanos no son para todos, porque a nosotros no nos respetan los nuestros”. Sin darse cuenta termina en una torpe defensa corporativa, que deja de manifiesto que en temas de seguridad son “ellos contra nosotros”, que ven en los ciudadanos, al igual que Piñera, a un
enemigo poderoso con el cual están en una guerra declarada.

En mi vano intento por hacer prevalecer la cordura, insistí: “…la violación a los Derechos Humanos ocurre cuando las policías que han recibido el poder por parte de todos nosotros, para protegernos, lo utilizan para atentar contra los civiles. Si alguien los ataca a ustedes es un delito y quiero ser muy claro: No es lícito atacar a carabineros y fracturarles como he visto que ha pasado. Quien lo hace debe recibir sanción. Pero eso no justifica que un carabinero use en forma desmedida la fuerza y lance lacrimógenas a la cara de manifestantes para dejarlos ciegos, o que golpee desmedidamente a alguien solo por marchar. Por eso insisto en la pregunta, ¿pueden imponer el orden sin pasar a llevar las garantías mínimas personales?”…

Uno pensaría que en Chile, luego de los crímenes ocurridos en la dictadura, la gente tendría claro el rol que juegan los Derechos Humanos. La vida de toda persona debe respetarse, cada persona tiene un mínimo de dignidad que debe cuidarse y las libertades individuales que a los que luchamos contra el dictador nos costó conseguir, deben ser resguardadas, justamente por estas policías. Si por el motivo que sea nos permitimos transgredir esos derechos, lo único que haremos es deshumanizar nuestras relaciones y dejar que sea la violencia y el abuso lo que nos domine. Por ello es inaceptable que se pretenda menoscabar estos derechos para conseguir orden y seguridad y que funcionarios se refieran a los Derechos Humanos como un “temita”, una piedra en el zapato que molesta, y no consideren su defensa como parte esencial de sus funciones.

Es cierto que tenemos un grave problema de orden y seguridad, pero ese solo se resolverá cuando la justicia se asiente y se entienda que, sin justicia social, no habrá paz posible y sin el respeto a los Derechos Humanos solo se alienta la ausencia de toda norma y estado de derecho posible, devolviéndonos a un período de oscurantismo. Por lo mismo es esencial que la agenda de reformas incluya una reestructuración profunda de las policías, para que nunca más tengamos que sufrir en Chile el atropello de los DDHH por parte de las instituciones que juraron protegerlos.

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