Resulta espantoso ver las imágenes del cuerpo del niño de 16 años inmóvil y boca abajo en el rio Mapocho. El mismo que, solo minutos antes, participaba quizás feliz, quizás preocupado, quizás esperanzado por la promesa de una nueva sociedad que le esperaba en el plebiscito organizado dentro de algunas semanas. Mientras cantaba y gritaba con otras y otros de sus compañeros en la marcha, seguramente no imaginó que ese día no solo pelearía por un futuro Chile justo, sino que también por su oportunidad de vivir en él. No tenía por qué hacerlo. Nadie debiera tener que imaginar algo así.

El horror de esa imagen mostrando ese cuerpo joven y abatido es repetido, generado nuevamente por el aparato represor estatal chileno. Para muchas y muchos la noticia del niño empujado por un carabinero[1] hacia el rio Mapocho, abre dolorosamente las carnes del alma y la memoria, trayendo consigo el recuerdo de los cuerpos mutilados y abandonados en ese mismo cauce. Eso, cuando otra inhumana represión y otra forma de dictadura ponía fin al histórico levantamiento chileno por la dignidad, liderado por la Unidad Popular. Hoy la rabia, pena y angustia se repiten y apuntan a una brutalidad policial que, en días como ayer o como cuando le quitaron los ojos a Fabiola y a Gustavo, pareciera no tener límites.

En medio de este dolor resulta imperativo recordar que la historia de la policía mundial es la historia del uso de la violencia legal del estado contra la clase trabajadora. Una violencia instrumentalizada para adiestrar al populacho rebelde en la sumisión e incuestionable aceptación del desigual “orden social”. Algunos investigadores señalan el nacimiento de la policía contemporánea a fines del siglo XVIII[2], surgiendo en Europa para defender a sectores empresariales ante las crecientes demandas laborales surgidas durante la industrialización. Un poco después, la policía se articulaba en Estados Unidos desde los grupos dedicados a cazar y organizar linchamientos de esclavos prófugos o insolentes, para luego continuar la tarea con muchos de sus miembros siendo parte del Ku Klux Klan[3], una vez abolida la esclavitud. Desde ese origen, la Gestapo[4] y el asesinato de George Floyd[5] solo eran cuestión de tiempo.

En Chile, la cíclica historia de sangre en las comisarías y uniformes sigue demasiado reciente como para haberla olvidado. Carabineros aún carga la sombra de su participación en la tortura y asesinato de civiles durante la dictadura, así como también la traición a sus colegas que se negaron a participar de esas atrocidades[6]. Hoy, la policía chilena es infame mundialmente por las continuas y terribles denuncias por violaciones a los derechos humanos, desde el conflicto en la Araucanía y la muerte de Camilo Catrillanca[7], hasta las mismas prácticas aplicadas durante el reciente estallido social[8]. Eso, sin siquiera mencionar otros escándalos por corrupción, estafa y fraudes, como la malversación por 28 mil millones de pesos, la más grande en la historia de Chile, que dejó 136 formalizados[9].

Hoy, el niño empujado hacia el Mapocho nos obligó a recordar y cuestionar a quienes siguen poniendo cuerpos ahí. Y de esa dolorosa reflexión, algunas voces y enseñanzas parecen alzarse: mientras la policía chilena continúe monopolizando la capacidad de ejercer la violencia y de decidir sobre nuestra vida y nuestra muerte, mientras sus faltas y agresiones continúen siendo investigadas por esa misma institución, mientras el rol mismo de la institución no sea repensado y cuestionado desde sus raíces, mientras se siga reformando tímidamente el cuerpo policial, atacando síntomas y casos aislados en lugar de comprender que la verdadera enfermedad es institucional, seguiremos lamentando -horrorizados– sus terribles excesos.

Quizás sea tiempo de replantear el concepto de “seguridad y/o orden público” como un esfuerzo mancomunado a la protección y cuidado de las personas por sobre la imposición de un orden injusto a través de la desconfianza, el miedo, la fuerza y la coerción. Un desafío titánico, pero refundacional y fundamental. Quizás sea tiempo de considerar un nuevo cuerpo de profesionales entrenados para cuidar, prevenir, sanar, negociar y apoyar, en lugar de una institución que actúa en base a la intimidación y la violencia. Una, cuya existencia gire en torno al cuidado de la vida y del bienestar humano por sobre todas las cosas, que esté a la altura de la declaración de principios del recientemente despertado país. El Chile que se construye desde el 19 de octubre pasado, que aspira a que sus puentes y ríos sirvan como escenario a la consolidación de una sociedad solidaria y no cómo recordatorios del miedo y la represión. Los cuerpos del Mapocho así lo demandan.

[1] https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/manifestaciones/video-muestra-que-joven-fue-empujado-por-carabinero-desde-el-puente-pio/2020-10-02/224758.html

[2] Ver libro de David Correia y Tyler Wall, “Police a Field Guide” (2018). Londres: Verso.

[3] https://www.theguardian.com/world/2014/jul/21/police-ku-klux-klan-florida-fruitland-park

[4] Policía secreta del estado alemán, que fue fundamental para la represión Nazi durante el Holocausto.

[5] https://www.nytimes.com/2020/09/02/nyregion/daniel-prude-rochester-police.html

[6] https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2004/11/29/asi-se-torturo-en-chile-los-testimonios-estremecedores-de-un-guion-macabro/

[7] https://www.ciperchile.cl/2018/12/19/muerte-de-catrillanca-ciper-revela-en-exclusiva-tres-de-los-videos-que-grabo-carabineros/

[8] Ver informes sobre violaciones a DD.HH. de la ONU (https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=25423) y Amnistía Internacional (https://www.amnesty.org/es/documents/amr22/1262/2019/es/)

[9] https://www.meganoticias.cl/nacional/254745-fraude-carabineros-malversacion-pacogate-bruno-villalobos-cronologia-hitos-felipe-avila-flavio-echeverria-eduardo-gordon-fiscal-eugenio-campos.html

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