Por Francisco Javier Villegas
Profesor de Castellano

Una de las cosas más desopilantemente absurdas de las últimas horas, es la que hemos leído y escuchado en las noticias referidas a las influencias del “K-Pop” en las manifestaciones correspondientes al estallido social en Chile. ¿Es que las revelaciones, casi en tono de grandes epifanías de estas autoridades, si se les puede llamar así, cada vez nos dejan más estupefactos o boquiabiertos…?

¿Es que el eslabón perdido acerca del origen del estallido social ha sido encontrado en estas últimas horas para dar una explicación pseudo científica de aquello, pagado además con recursos públicos? ¿O es que simplemente un grupo de personas, en una suerte de artilugio, se han confabulado para darnos esta absurdez como gran acceso de un tremendo conocimiento cuando en verdad es el reflejo de un trastorno grave de aprendizaje de estas personas…?

Advertimos, por cierto, que la información es algo que escasea. Y no como se cree que es en extremo atomizada. Por lo que, claramente, hay que estudiarla. También sabemos que Cesar Hidalgo, el rockstar chileno del Big Data, hoy en USA, no escribió ese informe. De manera paralela, entonces, también sabemos que la gente, en nuestro país, no lee y que los gobiernos retuercen los átomos de la ignorancia para que, efectivamente, las personas no se informen, como corresponde. Eso es lo que pasa con este increíble y amorfo documento del Ministerio de Interior que, hace unas horas todo el país conoció y que, extendido y viralizado, acumula información equivocada, una pésima imaginación y una reproducción “friki” desorganizada y absurda de lo que es la vida cotidiana del “K-Pop”.

La observación más básica respecto del “K-Pop”, que es la abreviación de Korean Popular Music, expresada –además- por un grupo de escolares de Antofagasta que gustan de dicho género, es que esta performance musical enloquece a muchísimos jóvenes y adolescentes en todo el mundo. Y la razón es muy simple. Los contextos sociales y culturales son otros y en ese ámbito lo que llama la atención son la mezcla de sonidos contagiosos, los coloridos videos clips, el espectáculo de teatralidad, la diversidad de géneros musicales, las perfectas coreografías y la serie de elementos visuales que le dan al género una estética particular, incluyendo el idioma, por cierto.

Sin embargo, de ahí a señalar que esta producción cultural coreana está generando una revolución social y política en Chile es no saber o no conocer absolutamente nada de nuestra juvenil sociedad que tiene usos prácticos con la cultura, que hacen cristalizar bellas imaginaciones a partir de sus capacidades de comunicación y que asumen nuevos alfabetismos por las peculiaridades y la naturaleza del propio pensamiento autónomo de la juventud.

¿Qué dirían entonces los integrantes de grupos como BTS, Girls´Generation, Red Velvet, Super Junior, EXO, PSY, GOT7, EXID, BlackPink, Monsta X, Twice, entre otros, al escuchar ese desopilante informe en que son mencionados…? Estarían tan confundidos al otro lado del mundo que sería como decir que ir a la vanguardia y marcar tendencia en la música y en la moda es sospechosamente peligroso, pues todo eso genera un clima social tremendo en un país, cambiando las mentes de chicos y chicas para ocasionar rebeldías en las calles.

En esta sucesión de ideas, entonces, de que la “revolución será K-Pop”, me sobrevienen algunas preguntas, algunas muy promiscuas: ¿De qué son capaces estas personas que dirigen un país cuando invocan tanta incongruencia…? ¿Se fascinan de sus propias megalomanías buscando chivos expiatorios para evitar dar cuenta de sus culpas y gravedades inhumanas, incluyendo muertes…? O ¿quieren que Chile se separe…? Para tener un Chile del Norte y un Chile del Sur, ¿a modo de las dos Coreas…?

Con el crecimiento de la información también nos podemos degradar intentando descifrar algo que es obvio y simple a la vez. Los humanos, pero, no los alienígenas, somos seres especiales que sentimos y que imaginamos; que deseamos tener mejor calidad de vida y que queremos una educación y vivienda dignas de estos tiempos. Somos seres que anhelamos llegar a mayores con una jubilación respetable y con alcance de cobertura social; que deseamos un buen trato, en todas las esferas de la existencia; y que nos interesamos en la cultura viva y social de todo tipo, pero sin censuras.

Si el K-Pop alegra nuestras vidas y la de millones de jóvenes, entonces las “ARMY”, las “NCTzen”, las “EXO-L”, las “Monbebe”, las “ONCE” o las “Aroha” sean bienvenidas, junto con todos los grupos y solistas del “K-Pop” en su exaltación maravillosa que va desde motivar al baile, vestir diferente y a mirar la vida llenando el cielo de canciones, chapitas, poleras, gorros y pósters, con un mágico entusiasmo e indubitable sentido de energía para un país necesitado de las nuevas ideas de sus jóvenes.

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