Ya, es cierto que la pandemia nos tiene pasándola mal. Los niveles de pobreza aumentan, los grupos vulnerables caen en una pobreza mucho más profunda y quienes habían logrado salir de ahí van de vuelta. Y es cierto que es necesario ayudar. Pero, una vez más, la medida propuesta por este gobierno paternalista trae consigo consecuencias invisibilizadas que terminamos pagando los de siempre: la clase media.

Oferta y demanda. Una de las leyes más simples en esta economía de mercado. Una de las más conocidas. A mayor oferta, disminuye la demanda, los precios bajan. A mayor demanda, menor oferta, los precios suben.

Entonces, ¿qué cree usted que ocurre cuando, de golpe y porrazo, alguien demanda al mercado cientos de miles de cajas con abarrotes? Obvio, la demanda aumenta, la oferta disminuye y el precio aumenta.

Y así, no conformes con estar con Plan de Protección del Empleo y casi un 40% menos de sueldo, encerrados en cuarentena y sin calificar para ningún aporte del Estado (porque según ellos si dos personas ganan más de 700 mil en una familia, entonces estamos en el mismo grupo que Luksic), nos cae la ley de oferta y demanda como paredón para rematar nuestra alicaída economía familiar.

En palabras simples, las miles de cajas repartidas al grupo más vulnerable hicieron que esos productos de primera necesidad como azúcar, aceite, harina, legumbres, huevos y fideos, subieran de precio. Así, a simple ojo, ese aumento ronda en el 30%.

Entonces, una vez más, aquí la clase media paga. Y no se trata de ser poco solidarios con los más vulnerables, sino de un principio igual de humano: reciprocidad. Estamos cansados de solo dar y aportar a este país, de sustentar su economía, de ser la fuerza de trabajo que respalda a esta nación, para recibir de vuelta solo más y más exigencias. Paga el IVA, paga la patente, paga imposiciones, paga la AFP, paga la salud, paga la educación, paga los servicios básicos. Solo nos falta que nos digan paga por caminar en la calle, por respirar y recibir la luz del sol cada mañana.

Y permítanme detenerme en esto de la reciprocidad. No se trata de dar y recibir en la misma medida de un valor monetario, sino del reconocimiento de tu valor en la sociedad de acuerdo a parámetros básicos de respeto.

Es más, la idea de apoyar a grupos vulnerables era una oportunidad única para fortalecer la economía local. Un sistema similar al almacén solidario del Padre Berrios o de tickets permitirían a la gente tener productos de acuerdo a sus necesidades, pero además haría que pequeños comercios no solo se mantuvieran vivos, sino que incluso pudieran generar empleo y disminuir un poco esos índices nefastos de cesantía que tenemos hoy.

Volvemos a la reciprocidad, pues precisamente una acción de ese tipo es un ejemplo de la reciprocidad que demostraría respeto a la clase media. Sin embargo, solo vemos los eternos negociados entre la clase política con sus amigos, familiares o ellos mismos, en sus grandes empresas ocultas bajo el fideicomiso ciego. Peor aún, en la última semana vemos las desesperadas acciones del gobierno para detener nuestra legítima demanda de retirar nuestro 10% con ofertones de bonos, prestamos y otras acciones más que, lejos de conformar a la clase medias, nos resultan ofensivas. No por la propuesta en sí, sino más bien porque la posibilidad de apoyarnos estuvo siempre y nos han tenido pasando pellejerías por 4 meses, cuando era innecesario.

Es que tanto anuncio nada tiene que ver con apoyar a las familias afectadas por la pandemia, se trata de ver cómo seguir protegiendo a esos que han usufructuado de nuestros fondos previsionales todos estos años. Se trata de evitar que vendan los bonos, de evitar la enajenación de las acciones para obtener el activo necesario para pagar los retiros, se trata de evitar que las bolsas caigan, que las rentabilidades caigan aún más, que su economía de papel sucumba ante el legítimo deseo de esta clase media empobrecida.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here