Pareciera ser que el gobierno chileno se encuentra empecinado en generar descontento en el movimiento feminista chileno, el cual ha logrado movilizar el número más grande de personas en las calles antes del estallido social, que por años ha llevado la lucha por la equidad y justicia de los grupos oprimidos en el país, y que incluso ha tenido un destacado reconocimiento internacional, tanto en latinoamérica, como en el resto del globo.

Pero el gobierno pareciera haber olvidado todo esto. Desde hace ya un tiempo, ha sumado a la lista de enemigos a las diversas activistas y mujeres empoderadas, en una persecución metafórica, física y machista a mujeres destacadas por su lucha o profesionalismo. Recientemente lo hemos visto en los ataques contra la presidenta del Colegio Médico, la doctora Izkia Siches, en la aberrante comparación con una zorra y mona en el uso patético y malintencionado de una fábula infantil, así como en la falsa imagen de ella tomando piscolas. Estas son claras estrategias para degenerar su imagen y des-validarla como profesional y personalidad política.

Lamentablemente, tales muestras de misoginia y sexismo siempre han existido en el país, pero hoy la comunidad se encuentra más concientizada y hastiada de lo perverso de estas acciones. El mundo global, la tecnología de los medios de comunicación alternativos y la masificación de información en línea, nos ha permitido darnos cuenta del daño que ha producido este accionar en nuestra sociedad, y levantar nuestras voces contra el desprecio de nuestras compañeras, amigas y colegas.

Pero aún con esta población más concientizada y en alerta, estamos forzados a asistir diariamente al triste espectáculo de un gobierno que continúa hundiéndose como el peor de la historia, tanto en lo económico como en lo social. Muestra de esta desconexión con la realidad social actual fue el nombramiento como ministra de la mujer y equidad de género, por parte del presidente Piñera, de Macarena Santelices, sobrina nieta del dictador Pinochet.

Los simpatizantes de esta ministra pidieron que les diéramos tiempo, que no fuéramos tan duras/os con ella, que en realidad “es la comunista de su familia”. Sin embargo, y contra toda lógica (incluso derechista y pro-gobierno), Santelices decidió que la persona ideal para el cargo de Jefe de División de Estudios de Género y Capacitación sea nada menos que Jorge Ruz. Sí, el mismo ex editor de La Cuarta y productor del “piscinazo” del Festival de Viña del Mar. La división que tendrá a cargo está destinada a entregar capacitaciones a los funcionarios públicos y de investigar para dar solución a problemáticas a través de políticas públicas. Ruz no cuenta con experiencia previa en un cargo de esta magnitud, ni con estudios o experiencia que no impliquen la cosificación, burla o displicencia de género.

Ante esto, resulta vital no olvidar que La Cuarta es infame por sus detestables encabezados respecto de la violencia hacia la mujer, mostrando un tratamiento informativo del femicidio negligente e inmoral, donde el diario usualmente culpa a la víctima y reduce la responsabilidad del agresor, violador o asesino. Con nefastas frases como “La mató por amor”, “el amor y los celos la mataron”, “se la echaron en la ruleta rusa”, entre muchos más, este medio no solo se ha ganado la corona al medio machista chilensis más crudo, sino que también un apologista de la violencia. Sus noticias de crimen pasional al referirse a los femicidios, a pocas páginas de la bomba 4 que cosifica las cuerpas desnudas de la mujer, hoy resultan completamente medievales.

Este medio también ha sido megáfono de la mofa constante hacia las mujeres no hegemónicas, y disidencias, perpetuando los estereotipos de genero tan nocivos para la sociedad.  Este es el medio profesional donde Ruz obtuvo su experiencia sobre temáticas de género. Difícil imaginarlo pensando en leyes progresistas para el bienestar de las mujeres y la diversidad sexual, mientras editaba contenidos sexistas, machistas y misóginos. Más difícil aun cuando recordamos que, consultado sobre la importancia del certamen de belleza en el Festival, señaló “cuando el Festival está fome, la reina es lo que salva la plata”.

Y ahora, en un nuevo acto circense, Macarena Santelices renuncia después de 34 días en el cargo, presionada por una derecha escandalizada ante el nombramiento de Ruz. Inmediatamente es designada Mónica Zalaquett, reconocida por su opinión fría, dura y vacía de empatía sobre el caso de la pequeña Belén de 11 años, obligada a la maternidad luego de años de violación por su padrastro. Sobre esto, Zalaquett dijo que “hay gente que madura a una edad y gente que madura a otra”. Zalaquett es una de férrea opositora a los proyectos de aborto en el país, discusión de décadas por su carácter fundamental para la recuperación de nuestros derechos sexuales y reproductivos. Viendo este panorama, ya podemos avizorar lo que depara esta polémica cartera, que no ha podido dar respuesta mínima a las demandas de las mujeres del país, ni mucho menos del movimiento feminista.

Pero no solo el Gobierno central está lleno de estos oscuros, nefastos y poco preparados personajes, ya que las instituciones públicas y privadas regionales no se quedan atrás. Un ejemplo de ello es la reciente asignación de la cuestionada –y políticamente ambidiestra – directora de la inaugurada Dirección de Género de la Universidad Católica del Norte, quien no posee estudios formales sobre temáticas de género, participación en agrupaciones ni planificación. No solo ha sido cuestionada por su currículum y extrema flexibilidad política, sino también debido a una posible negligencia en el cumplimiento de sus funciones. Específicamente, en el delicado y urgente tema de investigar casos de acoso dentro del recinto educacional, donde diversas organizaciones acusan que no ha velado por la resolución satisfactoria de estos.

Otro ejemplo de cómo se reproduce esta realidad en regiones se ha visto en la asignación a cargos estratégicos, como el de Seremi de Desarrollo Social, en donde han asumido profesionales de las áreas de periodismo o leyes en lugar de personas profesionalmente más preparadas, como asistente sociales o psicólogas/os comunitarias/os. Es común escuchar de la misma clase política local, que estos cargos no consideran a funcionarios públicos de trayectoria sino a los amigotes/as del partido sin experiencia, siendo que los primeros son quienes realmente velan por el cumplimiento de los mandatos de los servicios públicos y el bienestar de la población.

Finalmente, qué mejor ejemplo del bajo nivel de representantes políticos en cargos estratégicos, que el Ministro de Salud, quien reconoce no saber nada de nada y no teme ni se responsabiliza por el impacto de sus acciones en la salud de a quienes juró proteger. Esto solo pasa en un país como Chile, donde sujetos con dudosos pasados, pero con el apellido o contactos correctos, llegan a cargos de poder. El compadrismo empresarial, el amiguismo, y el nepotismo han desestimado la experiencia y la expertise profesional por demasiado tiempo, a un costo extremadamente alto. Mientras esto no acabe y mientras la meritocracia sea solo una declaración de intenciones, seguiremos siendo espectadores de esta lamentable obra teatral. Pero algo es seguro, estaremos expectantes para ver el desenlace del último acto, donde los títeres abandonan escena y sea reemplazada por una obra solidaria, llamada el Chile despierto, revolucionario, feminista, popular y meritocrático.

Pd) No tenemos Ministra porque No tenemos Gobierno

*Macarena Barramuño González es integrante de Mujeres Unidas en la igualdad y de Latinxs Feminists in Melbourne, Australia.

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