No es sorpresa para nadie que en el Norte Grande no es común ver bosques terrestres, salvo en la Pampa del Tamarugal, por lo que los humedales representan puntos importantes para la biodiversidad y para la mitigación de los efectos del cambio climático, en donde los humedales urbanos son más frágiles dado el constante contacto con las personas.

Durante esta semana se publicó en el Diario Oficial la resolución que declara como humedal urbano el Salar del Carmen en la comuna de Antofagasta, una importante noticia para la protección de la naturaleza de nuestra región.

Este y otros paisajes nortinos y “verdes” tienen un valor adicional dada la crisis socio ambiental que experimentan nuestros territorios desde hace décadas debido al extractivismo, el que además ha postergado la recuperación de estas y otras áreas insertas en las llamadas zonas de sacrificio.

Sin embargo, los humedales urbanos recientemente han tomado gran importancia y visibilidad gracias a los avances legislativos, el trabajo del Ministerio del Medio Ambiente y de distintas organizaciones de la sociedad civil que han emprendido esfuerzos para rehabilitar y conservar los humedales de nuestra comuna.

Uno de ellos es la Aguada de La Chimba, declarado Humedal Urbano y Santuario de la Naturaleza y otros que se encuentran en proceso de declaratoria. Lamentablemente, la protección efectiva de estos ecosistemas y espacios naturales recae solo en las municipalidades respectivas y hasta ahora se mantienen por su resiliencia y gracias al trabajo que han realizado las organizaciones ecologistas.

Durante el fin de semana pasado en Antofagasta realizamos con la comunidad un operativo de mantención en el Humedal Vertientes de La Chimba Norte como parte de las acciones que se enmarcan en nuestro proyecto de rehabilitación y conservación. Estos operativos, lamentablemente, deben ser recurrentes debido a los altos volúmenes de basura que se acumulan en el lugar semana tras semana.

Más triste aún es que esta realidad no es exclusiva de este humedal, el que no cuenta con ningún tipo de protección, sino también de otros de nuestra comuna y de otras regiones vecinas los que ya han sido declarados humedales urbanos, además de playas y zonas costeras, quebradas, cerros, entre otros.

Así como existen impactos industriales en nuestro territorio también hay responsabilidades comunitarias e individuales que debemos asumir, las que de ser corregidas podrían traer beneficios múltiples a estos espacios naturales que representan el hogar de flora y fauna que coexiste con nosotros en la ciudad y que son importantes para la biodiversidad y para disminuir también los efectos del cambio climático.

Urge crear conciencia en las personas y sensibilizarlas frente al gran problema que estamos generando: la pérdida del hábitat de la biodiversidad presente en estas áreas pone en riesgo su existencia, ecosistemas que a la vez son un tesoro para los y las habitantes de este Desierto de Atacama y de nuestro país que se encuentra en proceso de desertificación.

1 Comentario

  1. La humanidad ha exterminado el hábitat natural de muchas especies hace millones de años y aún no somos concientes de ese error, sumado a la incapacidad de cuidar el espacio “propio” que habitamos.
    Participé en el operativo de mantención en el Humedal Vertientes de La Chimba Norte que menciona Franko y rescato el noble esfuerzo que realiza la agrupación de Raíces Endémicas por generar conciencia medioambiental y recuperar esta área verde natural de Antofagasta, de las pocas que van quedando en el sector norte de la ciudad. Sin embargo, me fijé en que la cooperación o “aporte” del municipio solamente fue trasladar una tolva para que nosotros depositaramos la basura recolectada, tolva que además quedó a más de 600 metros del lugar dónde nos reunimos.
    Considero que esta acción o mantención debería ser recurrente como parte de la planificación mensual de la Municipalidad y su Departamento de Medio Ambiente, Aseo y Ornato, “con apoyo de la comunidad” y colaboración de agrupaciones como Raíces Endémicas, quizás organizar un comité ambiental dónde estas agrupaciones puedan participar activamente dando a conocer puntos críticos de la ciudad para su rescate. Así la perla puede volver a brillar no solamente construyendo nuevos espacios de entretenimiento, si no también desde el rescate de sus bellezas naturales.

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