A muchos representantes electos de la ciudadanía les gusta llamarse a sí mismos “autoridad”. Sin embargo, dicha “autoridad” solo se usa para saltarse una barrera o tratar de aparecer en las sillas de delante para un desfile o en la foto entregando mercadería. Pero cuando se trata de ejercer esa autoridad para resolver un problema concreto, dicha autoridad se diluye en justificaciones como “yo no puedo hacer eso porque no está en mis facultades” o “enviaré un oficio para hacer ver su problema”.

La autoridad se gana o se pierde sobre la base de las acciones ejecutadas. La palabra autoridad, en su origen deriva del verbo latino augere, auctum que significa ‘aumentar’ o ‘promover’. Una autoridad solo es tal si la gente que la elige la ve como alguien que es capaz de promover o aumentar su calidad de vida. La gente sigue y respeta a quien efectivamente lidera y logra el bien común. De esta forma, quien tiene autoridad no solo tiene la capacidad de dar órdenes, sino que también es quien tiene la potestad de hacer que dicha orden se cumpla. Tener autoridad supone, por un lado, mandar, y, por el otro, ser obedecido.

En el último tiempo el gobierno ha perdido autoridad y ha sido por dos razones: por un lado no reconoce los graves errores que comete al tomar decisiones que contradicen su discurso (“retorno seguro”, “nueva normalidad”, cuarentenas parciales, o en nuestra región levantar cuarentenas o no decretarlas en otras comunas cuando los datos demuestran aumento sostenido de casos nuevos), lo que lo convierte en un gobierno soberbio. Por otro lado pierde autoridad, cuando plantea que la causa de esta catástrofe son los mismos ciudadanos que no hacen caso de las indicaciones y pretender así culparlos de este aumento de los contagios. “De nada sirve decretar cuarentena si no la respetan”, dicen estas “autoridades” de gobierno, sin advertir que es su responsabilidad hacer que se respeten dichas medidas. Lamentablemente tenemos un gobierno que merma su propia autoridad.

Según nuestra constitución es deber del gobierno administrar el estado y su autoridad “se extiende a todo cuanto tiene por objeto la conservación del orden público en el interior y la seguridad externa de la República, de acuerdo con la Constitución y las leyes”. Es cierto que hay responsabilidad en cada uno de los ciudadanos en respetar las leyes, pero eso no justifica que el gobierno eluda su responsabilidad de hacer que dichas leyes se cumplan.

La autoridad se gana o se pierde y en esta pandemia el gobierno solo recuperará la confianza de la ciudadanía si lo vemos actuar con fuerza promoviendo el bienestar de la ciudadanía y actuando con fuerza para que ello se cumpla. Para ello necesitamos un gobierno que dé certezas, asegurando primero que se toman la cantidad suficiente de exámenes y ellos no demoran más de un día en ser entregados. En segundo lugar, que se aseguren aumentos progresivos de camas críticas junto a contratación de personal competente que pueda vigilarlas. En tercer lugar, que ante el aumento generalizado de casos se decrete una cuarentena real que limite la movilidad de personas a lo estrictamente necesario y no permitir mas de 40.000 permisos para acciones sin urgencia. Y por último que sea un gobierno que dé a todos los ciudadanos, en especial a los más vulnerables, un ingreso básico de emergencia o ayuda pertinente para que puedan ejercer dicha cuarentena sin arriesgar la falta de alimentación.

Con medidas claras que den certezas, podemos mejorar y así centrarnos en lo que requiere nuestra región. Necesitamos un nuevo gobierno regional que se ponga por completo al servicio de nuestra región, oponiéndose con firmeza al centralismo y procurando el bienestar de quienes habitamos estas tierras. Esto solo será posible cuando podamos elegir por nosotros mismos a la máxima autoridad regional.

*Ricardo Diaz Cortés es Consejero Regional (Core) y miembro de «Somos Región»

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