Por Esteban Velásquez
Diputado por la región de Antofagasta

El 18 de octubre de 2019 comenzó un importante proceso en Chile que muchos denominamos el «despertar». Desde entonces las chilenas y chilenos hemos tomado conciencia de quienes somos: Nos reconocemos, reconocemos a nuestros vecinos, salimos al encuentro de los demás en las calles, en las marchas, en los cabildos; creemos que es posible un Chile más justo, con menos injusticia social, con más justicia territorial, con menos segregación, con menos pobreza y con una vida digna desde el nacimiento hasta la vejez. Un Chile donde la vida social no se haga en los consultorios a las 6 de la mañana, en el mejor sistema de salud del mundo.

Sí, Chile despertó. Los chilenos y las chilenas despertamos gracias a la valentía de algunos que nos han dicho que hay cosas que normalizamos que no están bien, como los perdonazos a las grandes empresas, las clases de ética para los políticos corruptos, las colusiones de grandes empresas contra el bolsillo de las familias chilenas, el robo del cobre y del litio, el abandono de los territorios del norte, y así una serie de otras situaciones que en el día a día vamos asumiendo como normal.

Luego, unos cuantos partidos políticos construyeron un acuerdo sin la participación de la ciudadanía que estaba en la calle. Un acuerdo con participación social habría sido mucho más digno. Sin embargo, a los grandes temas nos sumamos sin ningún complejo. Se abrió la posibilidad de una nueva Constitución, de dejar atrás los resabios de la dictadura que forjó tan dura algunas mentes y corazones.

A más de 4 meses de esto que también llamamos «estallido social» las únicas soluciones que ha intentado el gobierno han sido por la vía de leyes que castigan la protesta, aplicando a algunos casos la ley de seguridad interior del Estado, que la historia llama «ley maldita». Seguimos tal como estaban las cosas antes del 18 de octubre. Por ello, no debemos bajar los brazos y debemos exigir lo que es justo. Basta ya de abusos y basta ya de la burla del gobierno del presidente Sebastián Piñera. Bien sabemos en el norte lo que se siente ser olvidados entre contaminación, pobreza y enfermedad. Bien sabe el norte de burlas y abusos.

Sigamos con la esperanza de que el 26 de abril Chile tendrá la opción de reescribir su futuro, de refundar nuestra patria aprobando una nueva Constitución y una Convención Constitucional que la redacte para que ser aprobada o rechazada una vez terminada. Este norte andino y minero no se rendirá, la espera ha sido larga. ¡Un solo Norte!

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